Así se estimula la delincuencia por la policía sueca

22 Oct

Policía sueca haciendo propaganda frente a un niño de origen extranjero. De poco vale si luego no aparece cuando más se le necesita. Foto: Carlos M. Estefanía

El jueves 16 de Octubre de 2014, en torno a las 20:00 horas recibí una desagradable sorpresa en el vestuario del salón de deportes y natación de Skärholmens (Skärholmens sim- och idrottshall), en las afueras de Estocolmo. Todo lo que una hora atrás había dejado en la taquilla número 5, despareció: mochila, ropa, zapatos y hasta el candado con el que había cerrado el pequeño escaparate. No sé, qué me da más pena, si las cosas que perdí o el nivel de miseria de los ladrones en una Suecia, que en general nadie se lleva ropa usada.
Aunque el chico que estaba en la recepción, un tal Hoddan (o algo así), me dijo que no tenía sentido llamar a la policía, ya que sabía que esta no vendría, le pedí a él y al muchacha que le acompañaba en el mostrador que lo hiciera, y de paso que me ayudaran a cancelar la tarjeta de mi banco, cosa que impidió, gracias a Dios, que los cacos, por si fuera poco, también me vaciaran la cuenta.
Por lo visto el muchacho tenían razón, al ponerme al habla con el gendarme de guardia, éste se limitó a preguntarme si había visto al ladrón, cuando le dije que no, se limitó a pasarme a una colega que con cierto apuro me tomó declaración. Nada de venir al lugar de los hechos, entrevistarme en detalles, interrogar al personal y a la clientela allí presente, olfatear con perros, revisar el vídeo de entrada -dicen que por pudor no hay cámaras en el vestidor, pero si carteles anunciando que pueden entrar empleados del sexo opuesto y padres que entran con sus hijitas allí, dónde hay tanta gente en cueros-, constatar usando las tarjetas electrónicas que se suponen hay que marcar para entrar, quienes habían estado entre las 19 y 20 horas en el lugar y de ellos quienes tendrían antecedentes penales que les hicieran sospechosos; digo esto por no hablar del seguimiento electrónico que pudieran haberle dado a mis teléfonos ( tenía dos en la mochila), al chip de la tarjeta de identidad o la tableta que estaban en la bolsa, era lo menos que podría haber hecho la policía, sin necesidad de salir de su cómoda oficina y por supuesto si tuvieran la más mínima intensión de cumplir con su deber.
He dejado pasar unos días y me he comunicado ayer con la directora del lugar, una tal Lena Hiram, para saber si la policía había hecho acto de presencia. La respuesta fue no. Entonces le pedí a la señora que tomara cartas en el asunto, que cree condiciones para ayudar a las víctimas de un delito que por lo visto se da en esa sala repetidamente, que investigara primero que todo a sus empleados, pues son ellos los que saben perfectamente cuento tiempo tarda alguien entrenando, los que tienen instrumentos para romper candados y por lo visto (aunque no se lo mencioné) los que saben del desinterés que tienen los uniformados en hacer su trabajo, también le he pedido que revisara ella misma el vídeo de la entrada, durante el intervalo de tiempo en que pudo acontecer el hecho y me ha respondido que no tiene derecho a hacerlo, que sólo la policía esta autorizada, en otras palabras que ni investigan ni dejan investigar.
Estoy seguro que con una acción inmediata y efectiva los ladrones no habrían llegado demasiado lejos con lo robado y sobretodo hubieran recibido una buena lección. Pero aquellos tuvieron más que buena suerte, la colaboración indirecta de un cuerpo que al no hacer su trabajo -¿Se imagina qué sucedería si otros empleados públicos, maestros o médicos hicieran cosas parecidas?- envía una mala señal a la delincuencia, las cual debe saber lo mismo que el empleado que me dijo que la policía no vendría, en otras palabras que puede actuar con la mayor impunidad por lo menos en barrios como este, donde la población es mayoritariamente de origen extranjero, así los pequeños delincuentes de hoy serán los grandes de mañana, el delito irá escalando hasta llegar al incendio de barrios, entonces se armará el debate buscando unos culpables que están, en primer, lugar entre esos policías que aquel jueves se negaron a hacer su trabajo, que actuaron como si el suyo fuera servicio privado donde el dueño escoge la clientela; por su economía, o por su procedencia étnica. Y si alguien tiene dudas, que siga los pasos de mi denuncia; “anmälan 0201-K355098-14″; una prueba más del modo en que la delincuencia puede contar con la anuencia de la policía sueca.

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