Premiar a Malala como parte de la cruzada

10 Oct

Malala Yousafzai ha recibido (compartido) el Premio Nobel de la paz en 2014, su mérito; laborar desde hace años en la misión de occidentalizar a las mujeres musulmanas de Pakistán y Afganistán, es decir, destruir la ecología de una cultura, que en esas lejanas tierras hace de la mujer un ser reproductivo, con el fin de convertirla en un ser productivo (en el mejor de los casos) e infértil. Para ello, como era de ,contó con el apoyo de la muy británica agencia de propaganda conocida como BBC, para la que trabajaba con el pseudónimo de Gul Makai.

Que no nos llamemos a engaño, lo de la escolarización de las chicas es sólo un pretexto, que tiene por detrás a los mismos poderes empeñados en convertir en fábrica de tarados a los sistemas escolares norteamericanos y europeos y que castigan duramente al padre que para sacar mejor provecho, intente liberar a su hija o hijo del sistema y educarlo en casa.

Cual si fuera un Ché Guevara enviado a una muerte segura por su partido, la internacional feminista, sin importar lo indefenso de esa niña, la indujo a provocar a los suyos, a que jugara con candela y se quemó: fue el 9 de octubre de 2012 cuando casi pierda la vida a manos, según cuenta Wikipedia del Movimiento Talibán de Pakistán.
Sin duda, la pobre muchacha, cuya imagen se ve donde quiera, en la portada de revistas y libros merecería una recompensa por tanto sufrimiento, sin embargo, el traje de este premio le queda demasiado largo, como le quedó a Obama, quien a tantos a defraudado; y si aquel no ha podido apagar el hervidero oriental y por tanto contribuido a la paz, menos ha podido hacer Malala, con respecto a esa otra guerra no declarada que existe entre el hombre y la mujer, por el contrario, su misión ha sido la de exacerbarla en su patria, allí donde la familia aún se rige por unos valores muy parecidos a los que imperaban en los orígenes del mundo judeo cristiano, es decir donde ser madre es cosa sagrada.
Con este premio se pasa por alto a quienes luchan sin violencia contra algo mas grave que la poligamia, las dictaduras criminales, a veces disfrazadas de democracias, que al arrancar millones de vida se han ganado el beneplácito de esa misma oligarquía maltusiana que le arregló el premio a Malala.

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