A propósito de la revolución de los paraguas; Rescatando un viejo artículo

3 Oct

Noviembre de 1960. Ernesto Guevara. alias “El Che”, le estrecha la mano Mao Zedong. Foto publicada por cri.cn como ilustración del artículo: ” Teatro Che Guevara en Beijing, China.

 

Che, resemantizar el símbolo*
Por Carlos M. Estefanía

En su edición del sábado 2 de octubre de 1999, el periódico “Metro” (distribuido gratuitamente en el Metro de Estocolmo) publicó, en su sección de noticias internacionales, la foto de una demostración contra el sistema unipartidista chino. En ella se observa un joven manifestantes arengando. Lleva una camiseta con el nombre y la imagen de Ernesto “Che” Guevara.

También a principios de octubre de ese año, se pudo ver en algunas paredes de Estocolmo, un afiche impreso por la llamada Coordinadora 8 de Octubre. En él se observa una famosa foto tomada por Roberto Korda al Che. La expresión del rostro es dura, no tanto por la ideología (que también lo era) como por el ataque de asma que sufría Guevara en ese momento. En el cartel se leía un letrero en sueco que dice:

Che vive!
Demostrar contra el imperialismo!
Contra el neoliberalismo!
Contra el bloqueo de USA contra Cuba!
Contra la invasión de USA en (a) América Latina!
9 de octubre 1999, 14:00
Marcha desde la Plaza de Sergel hasta la embajada de USA.

Ante la utilización múltiple y universal del icono de Guevara, un hecho resulta paradójico; el desconocimiento, entre aquellos que aún le aclaman, del verdadero rol histórico del Che. A fin de santificar esta figura de cara al “gran publico”, se ha cercenado cuidadosamente aspectos fundamentales de su evolución política. Por el afán de crear un símbolo aceptable por las multitudes, que signifique al innovador marxista, al guerrillero estoico, al romántico rebelde, se silencian los dogmas por los que Guevara rigió su conducta “revolucionaria”: caudillismo, militarismo, machismo, y maquiavelismo ante el sacrificio de la vida humana.

Sería interesante especular cual sería la reacción de Guevara si resucitara a las 13 y 10 minutos del 9 de Octubre del 2002, momento exacto del aniversario de su muerte en 1967. Si el Che viajara nuevamente a su admirada China y a su “querida” Cuba, se encontraría a la primera regida por las leyes del mercado y el dinero, ese cuya incipiente emergencia dentro del bloque comunista anatemizó en su “El hombre y el socialismo en Cuba” como “arma mellada del capitalismo”. Ese mismo capitalismo que ,en concubinato con el estado cubano, explota hoy los obreros. No sabemos cual sería la reacción de ese anticlerical que fue el Che, si se encontrara en La Habana, una Plaza de la Revolución convertida en centro de misas multitudinarias, donde católicos (con Papa incluido y todo) y protestantes compiten para ver quien hace la mayor. Por ultimo, nos gustaría saber que diría Guevara de los Jefes de Estado y de Gobierno de los 21 países iberoamericanos reunidos en la IX Cumbre realizada en la ciudad de La Habana, Cuba, el 16 de noviembre de 1999. Allí asistió incluso un rey, como si no bastara, para “guevariano” espanto, una asamblea de políticos elegidos por vía electoral, esa que ante los ojos del joven Ernesto solo toman los que se someten al imperialismo.

Quien sabe si Guevara podría adaptarse a los nuevos tiempos, como los pocos compañeros de luchas que le sobrevivieron. Quien sabe si por el contrario, fiel aún a sus viejos ideales, empuñaría nuevamente el fusil, no solo contra el imperialismo, sino también contra los que, llamándose aún revolucionarios y socialistas, se asocian al “Capital” y traicionan las ideas por las que este “ángel” comunista (exterminador), quito vidas y entregó la suya.

“Como se stalinizó el joven Ernesto Guevara”.

Entre los temas menos abordados por la “filoguebarología” se encuentra el fundamentalismo prosoviético que marca la primera etapa de su vida política. Tampoco se habla de la verdadera causa de su desencanto con la URSS: el desvanecimiento paulatino de la imagen estilizada (estalinizada) que de ella tenía. Igualmente se soslaya la fobia de Guevara contra toda solución pacifica de los problemas sociales e internacionales. Desde el principio Guevara apostó ciegamente por las fuerzas ocultas tras el telón de acero. En plena guerra fría, durante el exilio en Guatemala, de Rómulo Betancourt, Guevara le preguntó de que parte estaría en caso de Guerra entre la URSS y los Estados Unidos. El futuro presidente de Venezuela este le contestó que de los EUA, naturalmente. Guevara le calificó de ” traidor”. Durante esa misma etapa, años 53-54, Guevara sostuvo numerosas discusiones con Hilda Gadea (una peruana aprista que sería su primera esposa). Entre los temas de debate se encontraba la Revolución que por entonces tenía lugar en Bolivia. Guevara atacaba el liderazgo Víctor Paz Estenssoro, como algo corrupto, que se rendiría a los EUA. La receta para solucionar de la dependencia mercantil que tenía Bolivia de Estados Unidos era simple, ante los ojos del Che: bastaba con que el estaño boliviano, en lugar de ser vendido a los norteamericanos fuera absorbido por la URSS. Fue esta la que se aplicó, pocos años después, con el azúcar cubano. Ya sabemos las consecuencias del medicamento, el remedio que recomendó el “doctor” resultó peor que la enfermedad. Cuba vive un “periodo especial” de guerra en plena paz. El odio de Guevara contra Estenssoro pervivió durante años. Se evidenció incluso después del triunfo de la revolución cubana. El gobierno centro izquierdista del Movimiento Nacionalista Revolucionario, de Paz Estenssoro, fue uno de los pocos que mantuvo relaciones con la Habana a principios de los 60. Sin embargo, ello no impidió que Guevara instigara a Mario Monje, secretario del Partido Comunista Boliviano, para que iniciara la lucha armada. Guevara quería que los comunistas de Bolivia le hicieran la guerra a un gobierno que les reconocía sus derechos políticos y con el cual mantenían relaciones de Amistad (4, 491)

Guevara, desde la juventud y hasta la muerte, sostuvo que el único camino para los pueblos latinoamericanos era el de la “violencia”. Decía que sin “bufosos” (armas) no se hacía nada. Detestaba las soluciones que ofrecían para el continente los Partidos de la izquierda democrática latinoamericana; APRA, Acción Democrática, MNR de Bolivia etc, precisamente de aquellos que tomaban en cuenta y repudiaban la nefasta experiencia de la revolución bolchevique en Rusia.

En cierta ocasión, en Guatemala Guevara discutió acaloradamente las tesis liberales de su compatriota y exiliado antiperonista Ricardo Rojo (posteriormente embajador en Escandinavia del Gobierno Radical de Arturo Frondizi). De retorno a la casa se disculpó ante su esposa por su exaltación y acusó a Rojo de que terminaría como agente del imperialismo (1-Pag 10). No sólo le parecían mal las elecciones a Guevara, sino incluso la libertad de prensa, y criticó al gobierno procomunista de Jacobo Arbenz en Guatemala por permitirla (4, pag. 131).

Guevara fue un escéptico en política hasta que descubrió el marxismo en su versión estalinista. Ahí nacería su enfermizo amor por la URSS. Se supone que la conversión definitiva de Guevara la ideología marxista-leninista tuvo lugar en Guatemala, entre 1953-54, durante el régimen de Jacobo Arbenz. Resulta interesante constatar que fue en este periodo que Guevara conoce al primer seguidor de Fidel Castro y que este resulte ser uno de los pocos asaltantes al cuartel Moncada, con ideología comunista; Antonio “Ñico” López. Por cierto hoy la escuela de formación política del Partido Comunista de Cuba lleva su nombre. Posteriormente “Ñico” presentará Guevara a Raúl Castro (otro de los pocos comunistas originales dentro del movimiento 26 de Julio) y este será en encargado gestionar la inclusión de Guevara entre los expedicionarios del Granma. Extraña excepción si tenemos en cuenta la oposición de Fidel Castro a la presencia de extranjeros en su movimiento; para que no se transformara este en un “mosaico de nacionalidades”.

También gracias Raúl Castro, conoce el Che al por entonces residente de la KGB en México, Nikolai Leonov. En diciembre de 1955 el Che Guevara comienzará a tomar clases de Ruso en el Instituto de Relaciones Culturales Mexicano Soviético. (3 pag. 125), institución financiada por la KGB. Leonov se encargó personalmente de fortalecer la fe en la URSS de Guevara, recomendándole una amplia gama de libros que el “Che” recogería personalmente a la Embajada Soviética. En 1959 Leonov, escolta a Mikoyan como interprete y guarda espalda en su visita a México, en 1959. Cuando el ministro viaja a Cuba, Leonov es el encargado de seleccionar los regalo del funcionario soviético para Guevara. Ya no serán libros sino “bufosos”, dos pistolas, las que entregará como presente, el propio agente de la KGB a su joven-viejo amigo de México. (1pag223). Años antes, tal amistad había costado ciertas complicaciones. En 1956 al grupo de conspiradores de Fidel Castro en México se les seguió un proceso por conspiración internacional comunista, para asesinar a Batista. Castro y Guevara, entre otros, resultan encarcelados. Al “Che” le ocuparon la tarjeta de Leonov, uno de los indicios que permiten a las autoridades mexicanas acusar a Guevara de ser el vínculo principal la organización con el comunismo internacional (4, pag. 127). Durante los interrogatorios el Che no ocultó su ideología marxista-leninista (entiéndase prosoviética), que Castro marcaba públicamente distancia con el comunismo.

En la opinión de Hilda Gadea, la primera esposa de Guevara, sin su esposo, Fidel Castro nunca se hubiera hecho comunista (1pag 218). Nosotros especificaríamos que nunca habría incorporado, con la habilidad que le caracteriza la retórica y la estrategia comunista. La diferencia esencial entre Castro y Guevara radica en que el primero sabe someter los discursos ideológicos a sus intereses políticos, mientras que el segundo fue un esclavo de su pasión ideológica. Por lo que declara Carlos Franqui, ex comunista, y posterior fundador del Radio Rebelde, parte de esta asimilación por parte de Fidel Castro, parece haber tenido lugar durante la prisión mexicana. Allí Che y Fidel dormían al lado y estudiaban juntos el libro “Los fundamentos del Leninismo” de Stalin. En cierta ocasión fueron visitados por Franqui. Los tres discutieron. El Che defendía a Stalin, Franqui lo atacaba, Fidel proclamó, en evidente legitimación del dictador, que una revolución necesita un jefe único, y que más valía un jefe malo que veinte buenos. (2,pag 153).

Franqui le preguntó al Che si había leído el informe de Khruschev al XX, este le contestó que aquello era propaganda imperialista. Cuando en octubre del 56 el ejercito soviético aplasta la Revolución Húngara, Guevara defendió ante uno de sus compañeros la invasión (3, 120). La mentalidad estalinista de Guevara también se manifestaría en su frialdad ante las innumerables ejecuciones de “desertores” y enemigos en las que estuvo implicado. Nicolás Quintana, arquitecto y colaborador de Guevara tras el triunfo revolucionario, protestó ante él por el fusilamiento de un miembro de la juventud católica que sólo había repartido panfletos contra el comunismo. Guevara contestó que las “revoluciones eran feas” y que parte de ese proceso “era la injusticia al servicio de la futura justicia” (4pag 409).

Guevara conoce por fin la URSS cuando aterriza en Moscú el 22 de octubre de 1960. Allí fue con la misión de ratificar la cooperación soviética con el Gobierno de Fidel Castro. La estancia duró dos semanas. Los soviéticos le organizaron el clásico tour propagandístico (similar a los que se dan en la Cuba de hoy a los amigos de Castro): Casa Museo Lenin, Metro de Moscú, Mausoleo de la Plaza Roja, desfile por aniversario de la revolución, fábricas, un sovjos, Teatro Bolshoi, Casa de La Amistad con los Pueblos (encuentro con el cosmonauta Yuri Gagarin), Universidad, Circo, Instituto Smolny, el acorazado Aurora, el Palacio de Invierno, etc etc. etc. Una agenda saturada como esta le impidió al Che conocer al soviético de a pié, y sobre todo el anquilosamiento industrial del país. De ello solo tomaría conciencia posteriromente, en su condición de ministro de industrias, cuando tuvo que vérselas con la absoleta e ineficiente maquinaria que exportaban los soviéticos a la isla.

Durante su estancia en la URSS, el Che, a penas tomó conciencia del proceso de desestalinización que allí tenía lugar, y que origina las acusaciones de “revisionismo” contra los soviéticos por parte de China. En medio de tal polémica, tal era su respeto que aun sentía Guevara por Stalin, que termino riñendo con el embajador Cubano Faure Chomón, (procedente del Directorio Estudiantil), cuando este se opuso a que el Che depositara una ofrenda floral en la tumba del comunista georgiano (3. 231). Con Stalin o sin él, Che vivió enamorado de la URSS hasta que se consuma su desengaño. Fue se entre 1964 y 1965 (4 pag. 496-197). Comprendió entonces que el antiguo paraíso, a cuyos pies quiso colocar todo nuestro continente, comenzando por Cuba, se movía por otros intereses que los del “internacionalismo” (tal como el lo comprendía), y que no le apoyaría en su afán de multiplicar a Viet Nam por todo el mundo.

“Un caballo de Troya dentro de Revolución Cubana”.

Durante la guerra civil entre batistianos y opositores, el Che, se caracterizó por su sectarismo frente a los movimientos que combatían a Batista, sobre la base de un programa democrático. En sus notas íntimas, por ejemplo, acusaba al Directorio Estudiantil, de “terrorista” (4, pag. 229). Al mismo tiempo Guevara facilitó la infiltración de cuadros comunistas en el Ejército Rebelde. Así, durante la campaña en Santa Clara, convierte en su asistente a un probado cuadro estalinista, Armando Acosta, delegado del Partido Socialista Popular (Comunista) en la provincia de las Villas. (3 pag. 166). Más tarde, cuando ocupa el “insignificante” cargo de Comandante de la Fortaleza de la Cabaña, el Che seguirá cimentando en secreto los vínculos con el Partido Socialista Popular. Allí inauguró la llamada “Academia Militar Cultural”; en realidad un centro de adoctrinamiento comunista, para el semianalfabeto y desideologizado ejercito rebelde. La academia estaba supervisada por los comisarios del PSP. Entre los encargado de impartir el adoctrinamiento estarían el mismo Guevara y Armando Acosta (4, pag. 368-369).

En enero de 1959 el PCUS decide enviar a Cuba un agente de la KGB, Alexander Alexeiev, especializado en Asuntos Iberoamericanos. La misión era la de confirmar si las alabanzas a la revolución de los comunistas cubanos tenían fundamento real (4 pag. 371). Tras una larga espera de visado, Alexeiev llega a la Habana, el primero de octubre. El agente fue presentado a Guevara por Violeta Casals, otra comunista que había colaborado con él durante la guerra, en este caso como locutora de Radio Rebelde. La reunión tuvo lugar el 13 de octubre de 1959 a las dos de la madrugada en el despacho del Guevara. El Che y el enviado secreto hablaron de la necesidad de apoyo de la URSS y el bloque comunista para establecer el “socialismo” en Cuba. Guevara concertó un encuentro posterior con Fidel, consciente de que Alexeiev era algo más que un “periodista de TASS” (cobertura con la que había entrado en Cuba, el agente soviético). La reunión de Alexeiev con Castro tuvo lugar el 16 de octubre. Allí, a la espalda del pueblo cubano y su revolución, comenzó a girar la rueda que llevaría a Cuba a la órbita soviética (4pag 396). El papel de Guevara como cuña soviética es indiscutible.

Flirteo de Guevara con el Maoísmo; “hasta que la muerte nos separe”.

El primer libro que leyó Guevara sobre China se lo dio su primera esposa Hilda Gadea, durante su estancia en Guatemala, se trata de la obra de Mao Tse Tung “Nueva China”. Guevara quedó fascinado con aquella revolución y le prometio a su esposa que viajarían al país (cosa que nunca cumplió). Por aquellos tiempos estuvo a punto de participar en un congreso de jóvenes comunistas en Pequín. Según Gadea, Guevara llamaba a su primera hija, Hildita Beatriz : “mi pequeño Mao” no solo por los ojos oblicuos de la niña, sino también por la admiración que él sentía hacia Mao Tse Tung. (1-pag 156). Por fin el Che tuvo la oportunidad de viajar a China. Lo hizo a continuación tras su estadía en la URSS en 1960, y tras una corta estancia en Korea (acompañado de Leonov como traductor??). Guevara en China permaneció dos semanas. Conoció a Chou-en lai y fue presentado a Mao. El Che regresó de Pequín persuadido de la pureza de la variedad oriental del marxismo Leninismo. Había sido, para colmo de glorias homenajeado por en la Gran Sala del Pueblo. En su discurso en aquel lugar, Guevara estableció semejanzas entre la revolución cubana y la china, expresando que el comunismo chino había despejado un nuevo camino para América Latina. (3, pag. 233). El Che hizo lo imposible por conciliar a la URSS y China durante la disputas entre los dos países. Guevara creyó que la lucha guerrillera en América Latina, sería este punto de confluencia, para conciliar los intereses de las dos superpotencias comunistas. Se equivocó. Las aventuras auspiciadas por él solo le buscaron la enemistad de los Partidos Comunista, especialmente el de Argentina, y las suspicacia de los Soviéticos, interesados en subvertir sólo los regímenes que prohibieran a sus partidos satélites.

La determinación del Che de colaborar con el maoísmo, le acompañó hasta el final de sus días. En 1964, en pleno cisma Chino-soviético, Guevara expresó su profunda satisfacción cuando los Chinos explotaron su primera bomba nuclear, y se pronunció negativamente por el hecho de que los soviéticos se hubieran negado a transferir los secretos atómicos a China (3 pag. 354). Sobre el Che siempre se fue tejiendo la aureola de ser el único prochino dentro del gobierno de Fidel Castro. Tras tomar Cuba, con cierto atraso, partido por la URSS, en su conflicto con China, Mao declaró ante una comisión apaciguadora de comunistas latinoamericanos, (dentro de la que se encontraba el viejo estalinista cubano Carlos Rafael Rodríguez), que la revolución Cubana era una manifestación de nacionalismo pequeñobugués. A fin de subsanar sus diferencias con los Chinos, una comisión fue enviada por Castro en Marzo de 1965. Eligiose al heterodoxo Guevara para presidirla. Los Chinos trataron hospitalariamente al Che, pero no se lograron grandes resultados. La conversaciones se estancaron cuando los delegados cubanos se negaron a aceptar la consideración China de que estaban confundidos por los “revisionistas soviéticos”. Este viaje, el discurso del Che del 25 de febrero de 1965 en la Conferencia Afroasiática de Argel, condenado los términos del comercio entre los países socialistas y los subdesarrollados, así como sus criticas a las recomendaciones soviéticas para reorganizar la economía cubana, le ganaron definitivamente al Che la animadversión de los soviéticos. En oposición al rechazo soviético a la aventura boliviana del Che, los chinos tuvieron el gesto de invitar a su país uno de sus lugartenientes de Guevara; Ciro Bustos. Los maoístas ofrecieron en esta ocasión apoyo militar y financiamiento para los guerrilleros a cambio de que Busto denunciara públicamente a Castro como Aliado del Imperialismo. Bustos se negó. A pesar de tal muestra de fidelidad al regimen cubano, Bustos terminaría repudiado por La Habana, acusado de delatar mediante retratos (era Pintor) a Guevara y sus compañeros. Hoy vive en Suecia. (4 pag645) . En la ultima guerrilla de su vida, el apoyo que no recibió de los comunistas prosoviéticos, lo recibió Guevara de prochinos. Buena parte de su tropa boliviana estuvo conformada por maoístas seguidores del sindicalista Moisés Guevara. (436-437).

Sin el consentimiento soviético para crearle a los norteamericanos este nuevo frente en Sur América al Che se le negó el respaldo del PC boliviano, acordado con Mario Monje. Por lo que sugiere Dariel Alarcón, uno de los sobrevivientes de la guerrilla, parece que no sólo los comunistas de Bolivia, sino también los de la Habana recibieron presiones soviéticas. Ellas puede explicar la misteriosa retirada de Bolivia, en uno de los momentos que más lo necesitaba la guerrilla, de Renán Montero, el contacto urbano de Guevara con Cuba (5, pag. 160). En resumen, el marxista-leninismo prosoviéticos se desentendió de la guerrilla guevarista, aun cuando en ella se arrastraba hacia la muerte una hermosa y fervorosa comunista. Se trata de Tamara Bunke, antigua informante de la Stasi (4.pag 484), organización de represión y espionaje alemana, cuya “juvenil” agresividad, le gano la delegación del campo de las revoluciones sudamericanas por parte de la KGB.

Bibliografía.
1-Hilda Gadea. W.H. Allen, London 1973. Ernesto, a memoir of Che Guevara.
2-Carlos Franqui, Diario de la Revolución Cubana. Tuset T. Barcelona 1976.
3-Jorge G. Castañeda. Compañero: Vida Y Muerte del Che Guevara. Vintage Books. New York 1997.
4-Jon Lee anderson. Che Guevara. Una vida revolucionaria. EMECE Editories, Barcelona 1997.
5-Dariél Alarcón. “Benmigno” Vie et mort de la revolutión cubanine. Fayard, France, 1996.
6-Robert E. Quirk. Fidel Castro, W.W. Norton & Company, New York-London 1993.

*Publicado el 30-09-2002 00:00:01 en la entonces fraterna Misceláneas de Cuba.Nótese que falta el nombre del autor

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