Ella: del amor con con vida limitada

16 Jul

Podría pensarse en la extensión como el único problema de la película Her (Ella en español), drama romántico de 126 minutos escrito y dirigido en 2013 por Spike Jonze. Tuve que verla en dos partes como si se tratara de los capítulos de una serie, un formato para el cual no estaría nada mal, siempre y cuando estuviera dirigida a un público capaz de entender la concepto, fue la manera en que me alertó, cuando nos veía a mi mujer y a mí preguntarnos por calidad del filme frente al aparato automático de Red box que, sustituyendo al empleado de toda la vida te presta la película en cualquier supermercado de Miami, se trataba a todas luces uno de esos tantos latinoamericanos que inmigran a los Estados Unidos, con la cultura suficiente para reconocer una buena película (y esta lo es) entre la mucha bazofia que inunda el mercado, incluido los servicios digitales de cine por demanda.

La película se desarrolla en un futuro inmediato, nos cuenta la historia Theodore Twombly, (interpretado por Joaquin Phoenix “irreconocible”), un escritor sensible y de buen humor aunque nostálgico por un amor recién fracasado, cuya soledad intenta olvidarse con juegos de video o paseando con amigos por las bellas localidades de Los Ángeles, modernizado con tomas hechas en el metro de Shanghái

El problema de verdad comienza cuando Theodore se enamora de “Samantha”, ese es el nombre que ha elegido para interactuar con su comprador la voz femenina (Scarlett Johansson), que produce OS1; el sistema operativo que acaba de comprar, y que le ha sido anunciado como el primer sistema operativo de inteligencia artificial del mundo. Se trata prácticamente de una conciencia diseñada para satisfacer todas las necesidades de ese hombre solitario que estamos viendo en pantalla ya cada vez abunda más en la realidad. Ahora se trata de aquellas necesidades emocionales que hasta el monto sólo otro ser humano podía satisfacer, sin embargo OS1tambien lo consigue. Lo curioso es el modo en que las amistades se toman el hecho cuando Theodore, dando muestra de la apertura mental existente en esa zona oeste de EE.UU.

De ese modo se actualiza de un modo bastante creíble dado el desarrollo de la tecnología moderna, un viejo abordado en más de una ocasión por la cinematografía y la literatura, el de las relaciones sentimentales y un robot, solo que en este caso, no se trata de la dimensión sexual, sino espiritual de este necesidad humana.

Lo que vemos en la película no puede extrañarnos en tiempos en los que la electrónica puede sustituir lo mismo al “prestamista” (por lo que te cobra si te atrasas en la devolución) de libros o filmes, que a un profesor que un jugador de ajedrez. Aunque reconozco que de lo que se trata en ella es del modelamiento de una fase de nuestra existencia haría poner el grito en el cielo lo mismo a humanistas que a religiosos.

Sin embargo nada de lo que veo en “Ella” puede parecernos inverosímil desde el momento en que somos capaces de interpretar en términos cibernéticos lo mismo la psicología humana que la cultura de una comunidad y es precisamente las variables culturales lo primero que se manifiesta en la historia desde el momento en Theodore, descubre la promiscuidad de Samantha. Algo que veíamos llegar cuando la “novia” digital le presenta Alan Watts (Brian Cox) a Theodore otra figura artificial basada, en el pensamiento del filósofo muerto del mismo nombre, que la tiene fascinada, lo que como buen protestante el personaje reacciona consintiendo, los encuentros de Samantha con su nuevo amigo, en cual solo será uno más entre cientos de contactos. Es lo que marca la diferencia con el programa cada vez más desarticulado de los latinos, siempre en guardia, no importa si son hombres o mujeres contra la menor amenaza de infidelidad.

Llegados a este punto nuestro personaje vivirá en el mundo virtual lo que ya había vivido en el real y que el guionista nos describe colocando en su recuerdos una suerte de crecimiento en los integrantes de una parejo lo que termina en rompimiento, un modelo que de alguna manera recuerda aquella visión marxista de las fuerzas antagónicas que dan al traste con el modo de producción. Se trata de una dialéctica que puede ser objetiva, pero también inducida desde el exterior como manera de crear esas parejas desarmables que requiere el propio sistema y cuyo paradigma se nos presenta por partida doble en la película.

Puestos a ser relistas podemos aceptar que un mismo programa esté dando servicios a infinitud de clientes a un mismo tiempo, sin embargo de ahí no se desprende que tenga que informar de ello a cada uno de los implicados y mucho menos cortar el contacto como hace Sanmantha, al estilo del amante que para alejarse definitivamente pide un tiempo.

Es verdad que cada vez se hace más evidente la existencia de una vida limitada en las relaciones amorosas de los tiempos que vivimos, ello obedece a los programas sociales que rigen la actual pareja humana, pero ello no es un “problema del sistema”, sino mas bien resultado de la intensión, algo que no debería ocurrir con los programadores de OS1, salvo que deseen venderle a Theodore un nuevo programa de amor, que es lo que es lo que en la realidad pasa cada vez que dos enamorados se separan por obra y gracias de ingenieros sociales que nunca vemos, es decir esos que desde la sombra programan la caducidad predeterminada de aquello que nos ata a la persona amada.

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