Anónima: recuerdos de una violación en masa

13 Jul

Alemana en el Berlín liberado por los soviéticos, Cuadro de tomas realizadas en Mayo del 1945
Alemana anónima en el Berlín de mayo del 1945

 

Algo más que bicicletas arrebataron los soviéticos a las berlinesas

El nombre de la película en alemán es “Anonyma – Eine Frau in Berlin”, lo que en español traduciríamos como “Anónima – Una mujer en Berlín” y ha resultado en la solución gráfica un viejo problema, el de satisfacer la curiosidad en mi sembrada, durante aquellos tempranos años de preparatoria para realizar mis estudios en Rusia. Fue entonces que una profesora de ruso, una joven, alemana (la única extrajera no rusa que allí trabajaba), nos contó de las violaciones en masa de las que habían sido víctimas sus compatriotas durante la toma de Berlín por parte del ejército rojo.

Un tema que hasta el momento había sido tema prohibido y lo seguiría siendo, no solo en el prolífico cine soviético dedicado a la segunda guerra mundial –del que los cubanos éramos los mayores consumidores en occidente-sino incluso en la abundante literatura de ficción o académica que sobre el mismo acontecimiento disponíamos en la isla.

Y tengo la sensación de que la cosa no era mucho mejor en Occidente, con raras excepciones, como la publicación de libro en que se basa esta película y no es de extrañar, recordemos que norteamericanos, ingleses y rusos fueron aliados, no solo en la tarea de derrotar el nazismo, sino en la todavía más duradera, la de humillar y desintegrar a la única nación en el mundo que osó combatir con las armas en la mano y a una sola vez a los dos grandes capitalismos, el de los bancos y el estado (disfrazado de comunismo). Un combate cuyo mérito se desvanece cuando se le asocia con el genocidio practicado, según nos cuentan unos vencedores que rara vez hablan de los suyos, contra multitudes de inocentes, personas enfermas o deformes, hebreos, gitanos, homosexuales, etc., al menos eso es lo que se nos. ha contado en miles de películas, libros, cursos y museos y hasta reconstrucciones de aquellas cámaras de gas supuestamente destruidas por los nazis antes de que sus enemigos ocuparan los campos de concentración una cruel imagen histórica sobre la que está prohibido dudar bajo pena de ser acusados de revisionistas, como ocurre con el historiador británico David Irving.

Para nadie es un secreto la facilidad con que cuenta el cine a la manipulación de la historia, la ideologización, de su inmensa capacidad para escamotearnos la realidad, en este contexto es de destacar la capacidad que tiene el cine Alemán contemporáneo de navegar a contra corriente, una capacidad que de cierta forma le ha sido impuesta desde afuera. Los alemanes parece haberse cansado de ser presentados como los malos, muy malos, de la segunda guerra mundial, el ejemplo más reciente que he visto ha sido en la película Stalingrad, no confundir la con el Stalingrado, de 1989, dirigida por Yuri Ozerov y mucho menos con la del mismo nombre pero alemana que en 1993, le fue permitido realizar a Joseph Vilsmaier.


Me estoy refiriendo a la película que dirigió en el 2013 Fyodor Bondarchuk y una película que por un lado parece muy avanzada, siendo la primera la primera producción cinematográfica rusa que ha sido rodada con tecnología IMAX 3D además de ser la primera película no-americana que emplea utilizar el formato IMAX.3 4 innovadora en lo visual, atrevida, diría que demasiado al presentarnos un solado rojo imbuido de profundo y ortodoxo cristianismo (ideología oficial del nuevo estado ruso) pero por otro lado resulta tradicional anclada en los mismos esquemas que, desde los tiempos de la ruptura del pacto soviético alemán comienzan a dibujarse los invasores hitlerianos por la propaganda oficial. Al tiempo que nos pintan al soldado ruso como un dechado de virtudes en las que no falta ni siquiera la de la solidaridad con sus los hebreos, tanto más dudosa cuando la suya fue la patria donde nació el progrom.

La respuesta de los realizadores germanos al estado de cosas en la esfera audiovisual ha sido la ir abandonando poco a poco el cine focalizado en los crímenes nazis. No es que se haya puesto punto final a la autoinculpación en particular lo que al antisemitismo se refiere, ahí tenemos películas como El Judío Suss: Acenso y Caída, película alemana de 2010 dirigida por Oskar Roehler, donde se nos cuenta la historia del actor Ferdinand Marian (interpretado por Tobías Moretti) y su participación en la realización Jud Süß., película antisemita alemana realizada en 1940 antisemita propaganda nazi. Por cierto en la obra también se aborda el asunto de las alemanas prostituidas por los ocupantes.


 

Sin embargo lo más interesante de este filme, y lo que al parecer la crítica prefiere pasar por alto es la encarnación que se hace Moritz Bleibtreu de Paul Joseph Goebbels (Rheydt, Renania del Norte-Westfalia, Alemania; 29 de octubre de 1897 – Berlín, Alemania; 1 de mayo de 1945), el que se nos manifiesta con un carisma que no se descubre en las imágenes documentales recogidas para la posteridad en su época como Ministro de propaganda. Hablamos de el puesto desde el que encomendaría la realización de una de la películas  de fantacías mejores de la época, a nivel internacional; Las aventuras del barón Münchhausen (Münchhausen).

Con esta producción se trataba, deamas de apuntalar el nazismo en el imaginario infantil, de celebrar 25 aniversario de la productora Universum Film AG (UFA) el el estudio cinematográfico más importante que tuvo Alemania desde 1917 hasta 1945. Goebbels tuvo la flexibilidad de aceptar la participación como guionista un autor prohibido Erich Kästner, colocando de paso, a disrposición del director los recursos mas avanzados con los que contaba en ese momento la industria cienematográfica alemana, el venerado actor Hans Albers, ,las técnicas de color ( fue la cuarta película rodada en colores por la productora) carísimos decorados y miles de figurantes, y unos efectos especiales que todavía hacen historia: de lo que se trataba era de competir con las producciones norteamericanas tecnicolor al estilo del El mago de Oz jefe entre ellos. Las aventuras del barón Münchhausen se extrenó en marzo l un mes después del discurso en Sportpalast donde Goebbels respondía a la derrota del 6. Armee, el ejército en alemán que habiendo participado en la Primera y la Segunda Guerra terminó hecho añicos en las puertas Stalingrado.

Es a este genio de la propaganda (no importa sus fines) al que se le da vida en en “El Judío Suss” explotando para ello hasta la saciedad las mejores talento del austriaco Bleibtreu, el mismo actor que se desperdicia cuando le toca interpretar un rol opuesto, en la película My Best Enemy, rodada en 2011 por su compatriota Wolfgang Murnberger.

La película nos cuenta más de lo que aparenta en su propio cine de propaganda, lo que ocurre en Viena, cuando el joven y rico judío Víctor Kaufmann (Moritz Bleibtreu), es traicionado por su mejor amigo quien se ha convertido al nazismo, una historia que podría ser real sino estuviese cargada de momentos de inverosimilitud copiados del peor cine hollywoodense.

El caso es que frente a la manera convencional de abordar en el cine papel durante la primera guerra mundial los alemanes han decidido hacer honor a la verdad repartiendo, disculpe la expresión, “mierda” entre todos los involucrados en aquella hecatombe, en especial en lo que se refiere a los crímenes de guerra contra la población civil, también se observa, como vemos en el caso Jud Süß de un acercamiento más equilibrado, menos caricaturesco y maniqueo a la hora caracterizar  lo que fue la jerarquía nazi o la actuación de sus subordinados, sobretodo si se les compara con las representaciones de sus enemigos que hacen los rusos, los anglosajones, y franceses; este aspecto hay que destacar películas alemanas como “El hundimiento”, donde observamos en toda su tragedia humana al Hitler de los últimos días, o la serie dedicada a Albert Speer, el Primer arquitecto del Tercer Reich (1934-1939) donde se nos dibuja la desconocida para nosotros calidez con el Führe se relacionaba con sus colaboradores más cercanos.

 

Pero no todo gira alrededor del dictador, para comprender el fenómeno del nazismo y la relación de sus militantes con la maldad, nada mejor que Hannah Arendt, película en la que, como ya he comentado en otro momento, los alemanes apelan al testimonio de la filósofa hebrea del mismo nombre para banalizar la maldad que se les atribuye desde la derrota de mayo de 1945, un mal que se habría banalizado aún más si conociéramos mejor los crímenes cometidos por el otro bando, no sólo durante la guerra sino también tras la victoria, es de lo que nos da cuenta Una mujer en Berlín.

Este drama histórico realizado en el 2008, nos cuenta, como nunca se había hecho esta el momento lo que tuvieron que sufrir y hacer por sobrevivir las familias alemanas, en particular sus mujeres durante la invasión de Berlín por las tropas soviéticas en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, es decir aquella parte de la historia que nos escamotearon en películas que de alguna manera abordar sobre esa misma etapa como la norteamericana “A Foreing Affair”, de Billy Wilder o “El matrimonio de María Braun”, de 1978 realizada en la antigua RFA por Rainer Werner Fassbinder.


Se calcula que para 1948 y desde la caída de Berlín unas 100.000 mujeres, muchas de ellas ancianas, fueron violadas por la soldadesca soviética, la practica pudo haber comenzado con la entrada del ejército rojo en Alemania, pues existe una película donde se ve al Goebels, en Ministro de Propaganda Nazi denunciando esta práctica como forma de arreciar las fortaleza de sus compatriotas frente al enemigo, no es de extrañar pues el modo en que se suicidó quitando la vida también a su mujer y a sus hijos.

Sin embargo las películas mencionada, a pesar de abordar ese mismo períodos atenúan la humillación de los vencidas centrándose en la prostitución más o menos voluntaria al que se tuvieron que entregar las alemanas con los soldados norteamericanos, en la primera romantizando la relación con el ocupante, en el segundo presentando su cara más descarnada de esta entrega. Pero en cualquier caso se nos sugiera algo de lo que pasaron los alemanes tras ser “liberados” por los aliado, algo de lo que ni por asomo se nos cuenta es aquella celebre magnificación de la ocupación estalinista de la capital alemana que es la película soviética conocida como La batalla de Berlín o “Liberación” (Освобождение)de 1969-71, hecha por los directores Yuri Ozerov y Julius Kun. Visto está que tanto ayer como hoy la violencia sexual se ha utilizado como arma de guerra, y no sólo en África.

“Una mujer en Berlín” es de cierta manera un ajuste de cuenta con las películas mencionadas en particular con la última, a la que da una estocada histórica combinando alguna las escenas más denigrantes de la ocupación con el sonido de los indiscutiblemente bellos himnos soviéticos que el cinéfilo asocia con la gesta de la Gran Guerra Patria, algunos de los cuales podemos escuchar en la película norteamericana, pero con un objetivo diametralmente opuesto, el legitimar a nivel emocional la alianza establecida por las democracias anglosajonas con el régimen soviético.

El problema es que con Anónima, nos encontramos con un realizador que habiendo nacido a muy en los años inmediatos a los hechos que se narran, parece conocer muy bien la historia que nos cuenta, me refiero a Max Färberböck (Baviera, Alemania 22 de septiembre de 1950), un creador que da muestra en esta obro el mucho oficio que le otorga una carrera, iniciada como Ingmar Bergman en el ámbito del teatro, en este caso el argentino e italiano, y completada con estudios en la Universidad de Televisión y Cine de Múnich, un hombre que despuntar con su largometraje Aimée y Jaguar consiguió la nominación en los Premios Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa. Así como al Oso de oro en la edición 49º del Festival Internacional de Cine de Berlín.

Pero más que el director lo que debería interesarnos es la vida de la persona de carne y hueso en la que se basa “Una mujer en Berlín”, se trata de Marta Hillers (1911-2001) interpretada en la película, de manera más que convincente por la actriz Nina Hoss. Hillers, había trabajado como periodista durante la era nazi, lo cual la convierte sin duda alguna y como a cualquier otro colega suyo que trabaje en un régimen totalitario en una suerte de propagandista, lo que no podía sospechar que aquella experiencia le serviría un día para poner su escritura al servicio de la verdad, cuando narrara y los horrores que le tocó vivir desde el 20 abril hasta 22 junio 1945, durante y después la famosa batalla de Berlín, esa dela que parecerían habernos contado todo en su Берлин (Berlin) del mismo 1945 los realizadores soviéticos Yuli Raizman y Yelizaveta Svilova.

Hillers parece haber tenido un talento especial para las lenguas extranjeras, estudió en la Sorbona, viajara por Europa, incluida la Unión Soviética, donde aprenderá un idioma, el ruso que como vemos en la película en más de una ocasión le servirá, lo mismo para salvar la vida que para denunciar al alto mando soviético, sin que le hiciese mucho caso, lo que estaban haciendo sus soldados contra la población civil.

La obra y la película describen lo acontecido con un con un grupo de mujeres descubiertas por los soviéticos cuando estaban escondidas en un sótano en la parte este de Berlín. Autora recuerda la catastrófica noche del 27 de abril de 1945, fue arrastrada hacia un pasillo y violada colectivamente por los soldados. En los días que siguientes buscar¡a al oficial soviético de más alto rango en el barrio y se entregará a él como vía de protección, lo mismo que harán muchas compatriotas suyas, como forma de atenuar la violencia a la que estaban siendo sometidas, además de conseguir un poco de comida y otros lujos para sus familias, incluidos hijos y maridos.

La verdadera autoría de ese relato autobiográfico que es el que da sustento a la película, sólo fue dada a conocer por el en el Süddeutsche Zeitung, en el 2003, es decir dos años después de la muerte muerte de la escritora, el autor de la revelación fue el editor literario alemán Jens Bisky, el hecho molestó mucho al poeta y ensayista alemán Hans Magnus Enzensburger responsable de la reedición alemana de Una mujer en Berlín, insistiendo en que la autora murió deseando permanecer en el anonimato. El libro fue publicado por primera vez, en inglés, de forma anónima, en Estados Unidos en 1954 (un año después de la muerte de Stalin) más tarde, en 1955 la obra es reeditada en el Reino Unido por Secker and Warburg. Para ese entonces Hillers, que ya había abandonado, el periodismo se había casado (en 1950) y se había trasladado a Ginebra.

En 1959 la escritora publica sus memorias en su lengua natal, el alemán, con la editorial suiza, Kossodo. La obra, cuya autora aún no es conocida por los lectores, es duramente atacada por la critica que la acusa de inmoral, de mancillar el honor alemanas y ser una burda propaganda anticomunista, todo lo cual dificulta sus ventas, que es una de las maneras en de censurar en las sociedades abiertas.

En resumen que en ese momento los alemanes no estaban preparados o autorizados para enfrentarse descarnadamente (como lo están haciendo ahora) en el espejo del arte a lo que habían vivenciado en carne propia tras la ocupación de su patria por las fuerzas aliadas, las cuales fueron cómplices en la manera de castigar por partida doble a un pueblo que sin tener culpa de los crímenes cometidos en su nombre había tenido en principio la osadía de respaldar a un partido que predicó y hasta cierto punto practicó un socialismo nacional. Se trata de aquel partido llamada por sus enemigos y de manera despectiva “Nazi”, que jamás hubiera llegado al poder sin la ayuda de bancos y compañías extranjeras, y mucho menos del caos y las necesidades provocadas en Alemania por los que la derrotaron durante la primera guerra Mundial, sometiendo a condiciones de vida onerosa, la republica del Weimar, nacida precisamente de la revolución democrática que LES facilitó la victoria, un partido que heredó los institutos y las ideas raciales también financiadas desde el exterior y que para el beneplácito de los maltusianos del mundo, comenzó aniquilando alemanes antes que judíos, con el cuento de la eugenesia y cuya rebelión contra sus auténticos creadores externos – estoy convencido de que el nazismo pese a toda su demagogia fue en sus orígenes ser una construcción contra el pueblo alemán que una emanación de su espíritu – parece haberse iniciado entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1934, cuando tiene lugar la sanguinaria purga dentro del propio Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán que eliminó figuras determinantes para su ascenso al poder como la del Ernst Röhm, el jefe homosexual de la Sturmabteilung (SA).

El caso es que a Hillers le estuvo vedado volver a publicar su libro y menos con su nombre, estando viva, eso sí de la misma manera en que circulaban los samizdat en la URSS, así circuló la aquella biografía en Alemania, en forma de fotocopias. Y no será hasta un año después de la muerte de la escritora, fallecida a los noventa años, que Eine Frau in Berlin volverá ver la luz ahora en Alemania formando parte de la serie Die Andere Bibliothek, también se publicará una nueva traducción al Inglés, por la editorial Virago Press. Los tiempos han cambiado, ya no existe la Unión Soviética, los viejos comunistas no se llaman por su nombre y el feminismo campea por su respeto como la misma fuerza que antaño tuvieron las ideas marxistas en los medios intelectuales, en este contexto donde los hombres se dividen entre bestias violentas (los soldados soviéticos) y maridos consentidores los ciudadanos alemanes, los testimonios de la alemana encaja como anillos al dedo por lo que sin la menor barrera y muchas fuerzas detrás “Una mujer” convierte en éxito de venta, así de oportunistamente funciona el mercado de la literatura, y por tanto de su continuaciones en el terreno de las artes como puede ser el teatro o el cine.

Por supuesto siempre se pude seguir debatiendo hasta qué punto lo que se nos cuenta en una obra se encuentra permeado por una ideología y por tanto afectado en su fidelidad a la realidad, en el caso de esta película alemana por muy bien que nos caiga hay se pueden descubrir momentos de subjetividad que nos demuestran que siempre existen tabúes incluso para las mentes más abiertas en impenitentes, por ejemplo lo vemos en el tratamiento de la figura del solado mongol tan diferente a aquellos de sus antepasados al que el cine ruso siempre ha machacado, como puede todavía puede verse en La Horda, (Орда) película de 2012, supuestamente hist¡orica, realizada por Andrei Proshkin y escrita por Yury Arabov.

Pero el mongol de “Una mujer en Berl¡in” a penas se parece a los de Proshkin, con su aire mas de lama que de nómada musulmán, en el filme alemán luce mas bien como un figura pasiva, poco agresiva exclusivamente cultural y obediente en el custodio de la mujer de su jefe, de ser así sería el soldado excepcional dentro una tropa que fue conformada por millones de asiáticos arrancados de la estepa y convertidos en carne de cañón como elemento de la victoria y luego como participe en el castigo del derrotado, para lograr su doble humillación el de ver a sus mujeres sometidas sexualmente por aquellos a los que el propio vencedor consideraba inferior, algo similar a lo ocurrido en España cuando los nacionales, pese a todo su catolicismo dejaban que los “moros” (se cree que unos 80.000 marroquíes fueron reclutados en los tres años de guerra por los nacionales) que les acompañaban en las cruzada contra los ” sin Dios” violaran mujeres anarquistas, socialistas, comunistas o republicanas durante la guerra civil.

Por supuesto no sólo violaban esos soldados procedentes de la colonia norafricana y que vemos en tan denigrante acción en la película Libertarias, rodada por Vicente Aranda en 1996, también lo hacían el resto de los participantes en ambos lados de la contienda; Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, marqués de Queipo de Llano, uno de los cabecillas principales del alzamiento contra el gobierno del Frente Popular, destacado por en uso de la radiodifusión instrumento de la guerra psicológica, usó la amenaza de agresión sexual contra las mujeres del bando opuesto al decir en uno de sus discursos radiales: “Legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y a la vez a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estos comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones”, milicianos por cierto que tampoco podían tirar la primera piedra en el asunto de las violaciones, en especial las de monjas.

 

Volviendo a Anonyma, que en compensación por su buen mongol nos regala una justificada infracción del código feminista contra el que no se atreverá  una serie producida por UFA en 2013, titulada en inglés Generation War y en Alemán: Unsere Mütter, unsere Väter, literalmente “nuestras madres, nuestros padres”.

Esta realización de Philipp Kadelbachque a pesar de compartir la misma tesitura realista del nuevo cine alemán, intenta transmitirnos el mito de la solidaridad femenina por encima de cualquier circunstancia, lo hace mediante la intervención de la enfermera soviética para impedir a un compañero de armas violar a una alemana, puede que esto haya ocurrido alguna vez y por supuesto sería digno de alabanza por el mensaje más que feminista, humanista que transmite, pero dudo que haya sido la norma, conociendo la naturaleza humana se me antoja que las relaciones entre las alemanas y las soviéticas más que de solidaridad debieron ser de competencia, de pronto aquellas enfermeras perdían el monopolio de la oferta sexual que habían conservado en una ejercito mayoritariamente masculino frente a la competencia a veces desleal que le ofrecían las alemanas, dándose la paradoja de que las soviéticas, en su rol de amantes de la oficialidad fuesen destronadas por las ”derrotadas”.

Así pues, estamos en presencia de una obra cinematográfica que no solamente resulta irreverente frente a aquella vieja mitología soviética que, hoy, desde el oriente de Europa, Putin de intenta restaurar, no sólo en el interior de su país, sino también en el exterior, usando medios como Rusia Hoy, sino también resulta subversiva, aunque a simple vista no lo parezca con respecto a la ideología oficial imperante en la parte occidental del viejo continente, basta con esto entre otros méritos, dramaturgia, escenografía, sonido, etc., para aplaudir y recomendar esta película.

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