Todos somos espartanos

23 Jun

 Restos de la antigua Esparta. Foto tomada por Miltos Gikas

 

Siendo niño descubrí el tema de Esparta, gracia a los cuadernos de historia antigua que me regaló mi madre, quedé fascinado por aquella, entre otras partes de la historia clásica.

He leído textos y comentarios sobre aquella sociedad que no sólo me han permitido conocerla mejor, sino reconocer en este mundo, aparentemente sibarita, que nos ha tocado vivir, cuando de espartano se nos ha ido imponiendo. El último estudio sobre el tema que cayó en mis manos fue el delicioso libro de Paúl Cartledge “Esparta, una historia Inmortal”, obra original de 2002, editada en Suecia en el 2012 por la editorial Santérus.

Ensimismado en sus páginas no he podido menos que reconocer aquella utopía feminista –aunque Cartledge se niega a darle ese calificativo- el presente que se nos impone, para terror de un Aristóteles que vio la indisciplina de aquellas mujeres, dispuestas a satisfacerse entre ellas durante las ausencia de sus maridos, y que no necesitaban ni de votos ni de foros para hacerse escuchar por quienes en teoría gobernaban la ciudad, la causa del hundimiento de la civilización espartana. No resulta nada difícil asociar la ruda vida de aquellos guerreros, casi comunistas, con las de los actuales cubanos, convertidos de alguna manera en amos de unos venezolanos que hasta el momento gozan de una vida más rejada con la que llevarían los mesenios aún después de ser conquistados por Esparta.

Y uno se pregunta: ¿De dónde es, sino de la experiencia espartana, que salieron esos órganos de vigilancia y represión con los que los estados occidentales controlan a sus ciudadanos?, ¿Cuánto de espartano no tiene esa promiscuidad entre parejas que, como cosa novedosa, nos han vendido por décadas las industrias culturales? Por último, se quiere algo más espartano, incluso en su lado puritano (puritano contra lo heterosexual) que los dogmas que esparcen a diestra y siniestras las sacerdotisas y sacerdotes de la teoría de género, una vez que han trasformado en templo de su culta, escuelas, universidades y hasta los departamentos de cirugía y psiquiatría de los hospitales.

Por muy democráticas que se nos pinten las sociedades modernas, muchos más se refleja en estas, con sus estructura social inamovible, la antigua Esparta de la Atenas clásica, demasiado conservadora y patriarcal para quienes, respaldados por el moderno “estado nacional” y el capital mundial que nos dictan normas que se debe o no criticar, sobre todo en lo que se refiere a las relaciones matrimoniales o filiales.

En resumen quien legislan con nuestro voto parece inspirarse en Clístenes (570 – 507 a.n.e.) el hombre que echó por tierra las leyes draconianas, introduciendo lo democrático en antigua y enfrentado a la contrarrevolución aristocrática apoyada por Cleómenes I, Rey de Esparta, más bien parecerían tener por modelo aquel Licurgo del cual no se sabe si fue una figura histórica real o inventada, pero al que se atribuye la reforma que marcaron las virtudes de la sociedad espartana, con el igualitarismo, el militarismo la austeridad, y la práctica abolición del individuo. No es de extrañar la apelación a lo irracional para imponer unos extremismos que no se sostienen frente a la razón que coloque al hombre y no quienes le someten como centro de todas las cosas.

Un documental interesante

No fue hasta hace poco que pude ver, con sumo interés, el documental norteamericano de 2002, Raise and Fal of de Spartans, serie en cuatro capítulos que aborda de manera amena y didáctica, aunque un tanto “impresionada” del nacimiento de la “civilización” espartana, en el territorio de Lacedemonia, en el sur del Peloponeso, es precisamente allí donde Homero, ubica en su Ilíada, el reino de Menelao, hermano de Agamenón y marido de Helena.

Aquí se nos narra el modo en que Esparta, la ciudad más importante de la zona, tras guerrear con sus vecinos, de Mesenia los que convirtió en ilota, una suerte de esclavos comunales de la minoría que conformaban los espartanos. Para mantener esta situación de dominación los espartanos tuvieron que adaptarse a la condición de amos colectivos transformando desde la educación hasta el arte guerrear y asumiendo un modo de austero, cuyo verdadero sentido era crear máquinas de matar, capaces de sobrevivir en las peores condiciones, siempre al servicio de una sociedad militar donde la vida del ciudadano “libre” no valía para otra cosa que no fuera la tarea de explotar a otro pueblo.

Siguiendo la compleja dialéctica del amo y el esclavo, el espartano estaba sometido, valga la redundancia a su misión de someter; para cumplirla tuvieron que deshacerse de aquellas actividades en las que alguna vez fueron hábiles, que les humanizaban, como podrían ser las artes, la poesía o el teatro; formas de creación que no por gusto tanto denostó, uno de sus grandes admiradores en la antigüedad, Platón. El discípulo de Sócrates, por muy ateniense que fuera, admiraba en sobremanera a la vieja contrincante de su ciudad estado, con su régimen oligárquico, y orientado a la guerra, donde la actividad política estaba reservada a una clase especial de ciudadanos, los llamados “iguales” (homoioi).

Era entre ellos donde cada año se elegían los cinco éforos que serían los responsables de la administración cotidiana de la ciudad, siempre bajo la supervisión de un “Consejo de Ancianos”, es decir hombres mayores de sesenta años y sobrevivientes a las duras condiciones de vida y de guerra que seguían estos hombres “libres”. Este consejo se denominaba gerousia y lo conformaban 28 miembros elegido de por vida por la asamblea de los ciudadanos.

Un dato peculiar dentro de la vida política espartana es el de la coexistencia de dos reyes hereditarios, quienes procedían de familias diferentes, que se controlaban mutuamente y ejercían funciones religiosas, y administrativas, pero que en Caso de Guerra, uno de ellos participaba como Comandante en jefe de los Ejércitos tras ser seleccionado por la gerousia. Se trata de tradición de la que bien pudieran tomar nota los españoles ahora que están renovando su corona y solucionar de una vez el viejo conflicto entre la rama Carlista y no Carlista de los borbones.

Como se desprende del documental y también de libro de Paul Cartledge, los mejores términos que podríamos usar para describir la Rusia estalinista, son los mismo que nos servirían para hablar de la sociedad espartana; frugalidad y disciplina, sólo que la austeridad de aquellos laconios alcanzaba la arquitectura, algo que no se equipara con aquellos suntuosos edificios y esculturas de estilo clásico, mandados a construir por José Stalin como símbolo del poder del nuevo estado soviético, los espartanos si bien eran profundamente religiosos, diríamos incluso supersticiosos, dejaron de levantar aquellos hermosos templos que al principio adornaban su ciudad.

Ni siquiera la oratoria escapó a esta suerte de revolución cultural, de ahí la palabra “lacónico”, para definir al hombre de pocas palabras, proviene de Laconia, nombre del territorio griego dominado en sus indicios por Esparta. La costumbre de hablar poco se mantuvo entre los espartanos incluso en su etapa decadente, se cuenta que cuando Filipo II tras ocupar Tebas, envía un mensaje a los espartanos diciendo: “Se os avisa para que os sometáis sin mayor dilación, pues enviaré a mi ejército a vuestras tierras y destruiré vuestras granjas, mataré a vuestra gente, y arrasaré vuestra ciudad”, Agis, el Rey de la ciudad se limitó a responder con un escueto “Sí”. Y es que pesar de que la cultura oral, era mucho más importantes que la escrita, los espartanos estaban acostumbrados desde pequeños a sintetizar, como hay que hacer cuando se tienen que dar órdenes militares. Y no puedo pasar por alto que hasta en este aspecto nos parecemos a aquellos griegos, vivimos tiempo donde la moda por no decir la vía para el éxito ha dejado de estar en manos de los parlanchines para pasar a la de los introvertidos, como nos lo demuestra Susan Cain en su libro The Power of Introverts in a Wordl that Can´t stop Talking.

Otra forma en la que nos parecemos a los espartanos es en la facilidad con que nos deshacemos de los niños “defectuosos”, nosotros que tenemos la tecnología necesaria para verlos venir desde etapas muy temprana lo hacemos mediante el aborto, ellos tenían que esperar a que naciera la criatura y se esta no se avenía a sus normas eugenésicas, terminaba expuesta a la crueldad de la naturaleza. Con eso se buscaba crear una raza superior de mujeres paridoras y hombres que habrían de demostrar sus ventajas físicas en la guerra permanente, ya contra los ilotas, ya contra otras ciudades estados, ya contra los invasores persas.

Después de esta selección “natural” venia el elemento de la educación. A partir de los 7 años los niños abandonaban la familia para ser educados en el programa conocido como Agoge, iniciando una formación que duraba hasta la edad de los 30 años, que era cuando se les consideraba condicionados física y mentalmente para todas las funciones que deberían ejecutar al servicio del estado, desde las guerreras a las procreativas.

Como parte de la preparación de futuro guerrero estaba su participación en la prueba conocida como Krypteia o cryptia, lo que en griego significa “escondido” o “secreto”. Este entrenamiento era legitimado con la guerra que cada año, de manera rutinaria y formal se declaraba contra los ilotas, por parte de los éforos una vez que eran elegidos. Era la manera de justificar el asesinato de aquella población ya de por si sometida, que practicarían los jóvenes espartanos sin que ello se les considerara criminales. En esta actividad participaban los chicos más capacitados, a los que sólo se les proveía de un puñal y se les enviaba descalzos y sin abrigo al campo o las montañas vecinas, donde tendrían que sobrevivir, durante un año, sin ser visto por nadie, matando los ilotas y robando la comida que necesitaban. La capacidad para hurtar sin ser visto era algo que se entrenaba en los niños durante su educación, acompañada con los métodos pedagógicos del hambre y el castigo físico.

La Krypteia, no sólo era una oportunidad para demostrar la capacidad de sobrevivencia del futuro guerrero y para la guerra en condiciones muy semejantes a las reales, sino también para sembrar el terror generalizado entre los ilotas, eliminar aquellos que se destacaran por su inteligencia, creatividad, liderazgo o tendencias levantiscas de un posible levantamiento, incluía incursiones ocasionales contra los ilotas en el que se permitía a los futuros ciudadanos matar a los esclavos, con el fin de prepararlos para la guerra.

Mientras que los niños eran entrenados militarmente, las niñas que luego serían mujeres famosas por su belleza, eran educadas en casa, conformadas no para hacer tareas domésticas, que eran en lo general actividad de las esclavas, sino para función principal de parir aquellos hijos saludables que iniciarían en la educación espartana. Del desapego de estas mujeres a sus críos nos habla la frase que se les atribuye cuando estos marchaban a la guerra: “vuelve con el escudo o sobre el escudo”, es decir que preferían verlos regresar muertos antes que vivos y sin honor.

De su disposición a la infidelidad, podríamos sospechar que siendo como era objeto de culto entre las mujeres espartanas, aquella Helena, hija de Zeus y Némesis, según la mitología que como ya vimos, que no era de Troya, sino de Laconia capaz de olvidar a su esposo en los brazos de Paris.

Pero los hombres no se quedaban atrás en el consentimiento y podían proponerse a sus mujeres que se acostaran con jóvenes mejor dotados para perfeccionar la raza. Ahí tenemos el caso del bravo Rey Leónidas, consciente de que perecería en la guerra, recomendó que se casara con un hombre bueno y alumbrara hijos” es decir nuevos guerreros hoplitas.

Pero así como se da este tipo de relación más que fría entre los dos sexos, los esposos era obligado a estar con sus mujeres solo en la noche para luego volver a sus recintos militares, parece que era promovida y aceptada las relaciones íntimas entre los mismos, algo muy similar a lo que estamos viendo en la sociedad moderna con la exaltación y legalización del matrimonio homosexual. El objetivo contemporáneo es sin dudas el de reducir la natalidad, el de los espartanos, era otra el de lograr una cohesión de la falange que luego se manifestaría en su superioridad guerrera, en uno y otro caso queda sin embargo, demostrada como la homosexualidad también puede estar al servicio del estado, un tipo de relación que era inducida a expensa de homosexualización forzada por el estado, es la presunta iniciación erótica de los niños por el “paidonomos” encargado de su educación. No es de extrañar que acostumbrados como estarían los muchachos a tener sexo entre sí, que el día de la noche nupcial se le “facilitaba” la cosa cortando el pelo a la muchacha y haciéndola parecer un varón, como se nos cuenta en el documental.

Pero no solo se lograba la cohesión de los guerreros mediante la vía homosexual, también se apelaba a para ello a la equiparación de bienes, equipamientos caseros, vestimentas, alimentos y hasta con el reduccionismo del habla que ha dado origen a la expresión de “lacónico” para referirse al hombre de pocas palabras. Algo que nos recuerda el empobrecimiento del lenguaje del hombre moderno, la nación o el modelo económico-social en que viva.

Decadencia

Al final, fue en el pecado de la opresión donde los espartanos encontraron su castigo. El poder espartano comienza a declinar a partir del año 371 antes de Cristo. Paul Cartledge nos cuenta en su libro la campaña librada contra ese imperio por el militar y filósofo Epaminondas, con respaldo de la democracia tebana y la rebelión de los mesenios. Fue él, quien fundo la capital Mesene como forma de humillar a los espartanos, convirtiéndose en el griego que más esclavos liberó, acabando con una institución cuestionada en todo el Peloponeso en tanto los esclavos de los espartanos, a diferencia de los que solían haber en otras ciudades, también eran griegos.

Con la derrota de Esparta, Tebas logró la hegemonía dentro de la política griega, pero no por mucho tiempo, pocas décadas después la ciudad fue conquistada y destruida por Filipo II de Macedonia, en compañía de su hijo, el futuro Alejandro Magno. Tras la muerte de éste en el Babilonia del año 331, la ciudad evitará unirse a los atenienses en su rebelión contra los macedonios. Esparta vivirá un cierto renacimiento sobretodo como exportadora de mercenarios, pero ya no será como antes, en el año 146 cuando los Romanos derrotan la Federación Aquea, a la cual pertenecía Esparta esta pasará a formar, parte del protectorado romano sobre Grecia, en el año 32 a.n.e. Esparta toma partido en favor de Octavio en la guerra civil que este sostenía contra Marco Antonio, una vez vencedor y convertido en el emperador Augusto, Octavio será recibido como huésped de honor en Esparta por el “hegemonía de los lacedemonios, benefactor de las ciudades griegas, y ciudadano romano, Julio Eurycles, cuyo padre, Lacares, había sido ejecutado bajo cargos de piratería por orden Marco Antonio.

Sin lugar a dudas, aquellos espartanos de la época de Leónidas I, trasformados en autómatas para la guerra sirvieron para dar a los Persas una imagen tenebrosa de los griegos y ello junto a las derrotas que infligieron a las invasoras, o las victoria pírricas que estos tuvieron sobre ellos, como la batalla del año 480 a.n.e en el estrecho de las Termopilas de (y que el cine ha idealizado en películas como los 300) terminó por desmoralizar y detener a los Persa.

A manera de conclusión

No desearía terminar este comentario sin reinterpretar lo que paso en esas Termópilas, que en un acto de nacionalismo barato el documental equipara con lo acontecido en el fuerte de Álamo, para muchos la muerte de aquellos espartanos a manos de las fuerzas persas ha sido visto como un ejemplo del poder que ejerce el patriotismo de un puñado de hombres frente a un ejército que les supera en creces.

Para mí, no es más, que el resultado que se alcanza cuando en nombre de una causa, no del todo noble, se pierde el sentido de lo que vale una vida humana, como ocurría con los asaltos frontales infantería a descubierto conocidas como olas humanas, que solía utilizar el ejército soviético, durante la segunda guerra mundial y que luego repetiría el Ejército Popular de Liberación de China durante la Guerra de Corea, los vietnamitas durante la Guerra de Indochina y el Basij iraníes (herederos de aquellos persas ) durante la guerra entre Irán e Irak. La única diferencia de aquellos con respecto a los Espartanos radica en la efectividad del soldado antiguo frente a su enemigo, cuando la habilidad del guerrero, su fuerza y capacidad de coordinar el combate con su compañero era o que contaba, lo cual volvía más caras sus vidas, nada que ver con un presente donde el coraje ha sido sustituido por la fría y cobarde habilidad para manejar por control remoto el dron que te mata a distancia.
No creo que debamos habla de honor, cuando en realidad de lo que se trata es del sometimiento del guerrero por una especia de ingeniería social, que no solo inspiró al Platón de la antigüedad o a quienes en el siglo pasado colocaron los cimientos del fascismo o el del comunismo que con todas sus metamorfosis ha llegado a nuestros días. Esparta; con su control de la natalidad, su empobrecimiento cultural, su desarticulación del viejo núcleo familiar, con su segregación y reorientación de la sexualidad , con su ninguneo del individuo en función de un supuesto “bienestar” general, con una educación que no enseña a cuestionar y que sólo sirve para crear las piezas necesarias que necesita el poder, parece ser el recetario donde se encuentra la fórmula para conformar al hombre del siglo XXI, el habitante de una especie de laconia global, que se ve a sí mismo como un Leónidas al frente de sus valientes en las Termópilas, cuando en realidad más que hoplita es un ilota sometido hasta en su imaginación por la tecnología digital.

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