¿Por qué se acabo el “espacio” controversial de Espacio Laical?

14 Jun

 

Portada de la primera edición en su versión impresa de Espacio Laical: Año I . No.1 ; Enero- Marzo 2005. Nació como publicación trimestral editada por el Consejo Archidiocesano de Laicos de La Habana y bajo la dirección de José Ramón Pérez Expósito, con la asesoría eclesial de Fernando de la Vega, redacción: Casa Laical, Teniente Rey e/ Bernaza y Villegas.

Cambios en Espacio Laical

La Noticia la dio la publicación digital Café Fuerte, con el artículo: “Destituidos los editores de la revista Espacio Laical” publicado el 11 de junio, 2014 por Ivette Leyva Martínez:

Los editores de la revista católica Espacio Laical, órgano de debate sociológico de la arquidiócesis de La Habana, fueron destituidos de sus cargos. Roberto Veiga y Lenier González Mederos anunciaron la decisión en una breve nota que circuló por correo electrónico.

La respuesta de Espacio no se hizo esperar, Gustavo Andújar, el nuevo Director,  publicó en la misma revista la Nota de Prensa de Espacio Laical esclareciendo la ruptura donde  afirma:

Roberto y Lenier no fueron “liberados de sus cargos”, en el sentido en que la expresión se emplea en Cuba, sino que renunciaron a ellos, en el sentido en que esa expresión se emplea en todas partes. Nadie los obligó a renunciar. Nadie les exigió, pidió, o siquiera les sugirió que renunciaran. Simplemente hicieron efectiva una renuncia que habían anunciado en más de una oportunidad, incluso con un horizonte temporal muy definido. En alguna ocasión anterior dijeron categóricamente que renunciaban, y se les disuadió de hacerlo. Esta vez se les aceptó la renuncia.

A su vez Roberto Veiga y Lenier González Mederos explicaban las causas del cambio en la dirección de la revista, en otra nota circulada por las redes diciendo que:

“El motivo principal que nos llevó a solicitar nuestra dimisión como editores ha estado relacionado con la polémica que genera, en determinados sectores de la comunidad eclesial, el perfil socio-político de la publicación. Esta problemática ha sido causa de tensiones que se han proyectado sobre la figura del Cardenal-Arzobispo y sobre nuestras personas. En tal sentido, creímos oportuno ­­­­–y así lo seguimos pensando– que no era moralmente adecuado seguir conduciendo una publicación que provocaba divisiones dentro de la propia comunidad eclesial, donde se encuentran las posiciones de quienes piensan que la Iglesia no debe inmiscuirse “en política” y los que creen que no debe abrir sus espacios a todos los actores de la sociedad civil cubana. En tal sentido, y en concordancia con lo anteriormente expuesto, llegamos a comprender la imposibilidad de mantener el cauce editorial de la revista Espacio Laical tal y como ha sido hasta nuestros días.”

El análisis de Chaguaceda

Armando Chaguaceda, colaborador de Espacio Laical, en un artículo publicado en Havanatime; “Los cambios en Espacio Laical: algunas reflexiones” analiza las causas del hecho; para ello aborda el tratamiento dado por Fernando Ravsverg al asunto; el corresponsal de la BBC en Cuba cuando había opinado que:

Posiblemente la salida de los editores de Espacio Laical y el fin del reinado del Cardenal Jaime Ortega se correspondan con cambios políticos dentro de la Iglesia Católica, un regreso a posiciones más beligerantes respecto del gobierno cubano”.

Chaguaceda hace otro tanto con el periodista oficialistas Manuel Alberto Ramy quien identifica:“La salida de Veiga y González, con la mentalidad que ha logrado prevalecer en la cúpula de la Iglesia católica de la isla”.

Estos dos juicios le parecen a Chaguaceda, cuando menos, limitados y si bien está de acuerdo con Ravsverg y Ramy en cuando a  la existencia de sectores en el catolicismo cubano interesados en excluir dentro de páginas Laical ciertas  agendas, y cita además de las que el llama progresistas ( la de la diversidad sexual  y  la de derechos de género), aquellas que piden la democratización del socialismo cubano.  El colaborador de Havanatime problematiza sin embargo, estas posturas como causas fundamentales de la salida de Veiga y Gonzales. Chaguaceda no cree en la hipótesis de la “contrarreforma conservadora de cara a la próxima sustitución de Jaime Ortega”, y recuerda que no ha habido rechazo declarado al acercamiento pactada entre Gobierno e Iglesia y mucho menos se avisora en el horizonte el  cambio de tono hacia la beligerantela en la figura de un Popiełuszko tropical.

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Otro elemento que también señala es la compatibilidad entre el proyecto de la Iglesia y el paquete de reformas gubernamentales, basamento de una alianza que precisa que la Iglesia que: no intente, prudentemente, cruzar la raya que le separa de los reductos intransferibles del poder -económico, político y militar- y que el Estado.

Asi mismo, el autor pasa revista de los acontecimientos que han torpedeado el esfuerzo incluyente desplegado por el equipo de Espacio Laical en años recientes, para caer en que no ha sido desde la iglesia, sino desde páginas y opinadores oficiales de donde han venido los ataques conta los laicos católicos que dirigían Espacio Laical implicandolos en supuestos proyectos de desestabilización interna.

Hasta cierto punto estoy de acuerdo con el científico social cubano, en lo que discrepo en su esperanza de que la revista no se convierta en un magazín descafeinado, que retrocedería en lo ganado durante estos años fecundos, y discrepo más cuando afirma que la alternativa negativa en el futuro de la publicación iría a contrapelo de “la política de apertura, debate y renovado compromiso social de la Iglesia que impulsa el jesuita Francisco, para disgusto de los poderes mundanos y eclesiales de este mundo, incluida la propia curia romana”.

Por supuesto, que si existe una contrarreforma dentro de la iglesia católica, la cual no tiene  por que enfrentarla a un régimen como el cubano en cuanto avanzan unidos en el mismo sentido de destrucción de valores tan importantes como los de la defensa de la vida humana, antes y depues de nacer.

Aquí es donde Armando Chaguaceda, pierde la chaveta, quizás mareado pro la retórica jesuítica, en el peor sentido de la palabra del Papa Francisco. En su afán de contradecir a Ravsberg, ha tirado el niño con el agua sucia de la bañera. No es, que Fernando Ravsberg, sea un periodista objetivo del que haya que tomar por cierto, o por lo menos honesto todo lo que escribe sobre Cuba; no, Ravsberg, es ante todo un subordinado de esa agencia de propaganda británica que ha sido toda su vida la BBC, pero no todo es estiércol dentro de lo que barrunta, pero su enfoque no es del todo inútil sólo que hay invertirlo y sumar a ello las observaciones ciertas de Armando Chaguaceda, para encontrar la verdad de lo que ha pasado.

La defesnestración – llamemos las cosas por su nombre aunque los implicados por cuestión de disciplina no puedan hacerlo- de Lenier González Mederos y Roberto Veiga, responde a dos factores fundamentales, de un lado el llamado de antención hecho en más de una ocación desde el oficialismo a una revista que ha traspasado los limites del modelo neomaoísta que se nos viene en Cuba, economía de mercado y política unipartidista, una crítica que ha encontrado oído en una iglesia “francisquista” que poco a poco ha ido cediendo a las imposiciones del Nuevo Orden Mundial, al que no no le faltan recursos para corromperla usando agentes como el multimillonario Tim Gill, quien financia al «Catholics Unites» de Denver, un grupo de católicos demócratas heterodoxos de EE.UU que ataca abiertamente la doctrina tradicional de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad. Y todavía se armó el revuelo cuando el mismo Papa, en audiencia privada con la directiva de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR) admitió la existencia de corrupción y de un “lobby gay” en el Vaticano, despertando el asombro de quienes olvidan que también la Iglesia pertenece al Reino de Este Mundo, un mundo cuyas élites, parapetadas tras los burócratas, los avales, los “especialistas” y sobretodo los fondos de la ONU ha hecho de Cuba un laboratorio de ingeniería social intocable.

Es en esa isla donde se han experimentado y se experimentan las recetas que luego se aplican en otras partes del mundo para reducir la población humana, recetas implícitas en esa mismas agendas que Chaguaceda califica de “progresistas”; así que no son ellas las herejías de Espacio laical, sino sus coquetería con la practica de una disidencia que no se autorizaría dentro de la propia iglesia, una iglesias que juega al pluralismo, allí donde la pluralidad está debidamente administrada, como ocurre en las sociedades “democráticas” o levemente autoritarias, pero que no tiene ambages en ponerse la capota totalitaria en un régimen de este tipo siempre y cuando éste no se declare su enemigo, lo cual no es el caso de Cuba, por el contrario el Raúlismo está siguiendo frente a los cristianos las normas de Constantino, y no es de extrañar que de aquí a un tiempo se llegue las de Teodosio con virtiendo el cristianismo no se convertiría en religión oficial de un Imperio invisible que ya se extiende por Venezuela, Bolivia, Argentina, Nicaragua y Ecuador, en tal sentido, la iglesia solo tendría las de perder respaldo a una oposición incipiente que desde su percepción está financiada por una sociedad donde concurren en la hegemonía los valores protestantes, masones y judíos como ocurre con la sociedad norteamericana.

Es por todo esto, que la iglesia católica cubana, ahora bajo la rienda del Papa Francisco avanza en el concordato contra el Raulismo, el paso mas importante lo dio abandonando a su suerte a Oswaldo Payá, peligroso ejemplo para la humanidad de disidencia universal, de la capacidad de movilizar miles de firmas para cambiar una sociedad, sin que medie el capital.

Estas cosas no se pueden promover en una iglesia que sin bien un día resultó modelo para la estructuración de los partidos marxista-leninistas hoy pide de sus feligreses la disciplina, cerrazón y entrega propias de un militante comunista, Primero los comunistas hacen de su partido una iglesia y ahora la iglesia hace de sus feligreses militantes a lo comunista, ahí tenemos el caso de la organización HazteOir que enseña a hacer militancia cristiana con las técnicas excomunistas del libro de Douglas Hyde.

Donde no habrá espacio (nunca mejor dicho hablando del Laical) será para las ideas realmente disonantes, que no son precisamente aquellas que hablan en defensa de la homosexualidad o la ruptura de la pareja tradicional, sino las cuestionan directamente a un gobierno que sin necesidad de democratizarse se vale lo mismo del catolicismo, la brujería o del islamismo, como ayer hizo del marxismo para usarlos de opios contra el pueblo.

Allá los ingenuos, que olvidando la historia de una secta cristiana dispuesta a paganizarse a cambio del monopolio religioso entregado por un César, se creyeron el cuento del compromiso social de esta, una iglesia que si un día se inventó aquello de los “curas obreros” o tolera el cuento de la “teología de la liberación”, solo lo hace como estrategia taimada, y no como conciencia de sus bases, para competir en su propio terreno, con quienes les estaban robando almas, sus émulos comunistas, los mismos que una vez seguros en el poder, dipuestos a compartir la dominación de los los siervos, no tienen nada que temer de los herederos de San Pedro.

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