Los peligros de la psiquiatría y la anti psiquiatría

10 May

Demostración Anti-Psiquiatría en el Chinatown, Washington, DC, Estados Unidos. Foto tomada el Tomada el 8 de octubre, 2007, por Jettero Heller

El 26 de abril de 2014, tuve la oportunidad de escuchar en Radio Nacional de España al psiquiatra Jesús J. De la Gándara, Jefe del Servicio de Psiquiatría y Profesor de la Escuela Universitaria de Enfermería de Burgos. De la Gándara, además de doctor y miembro de numerosas Sociedades Científicas de Psiquiatría y Medicina, es Vocal de Honor de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas y por supuesto autor de numerosos textos sobre psiquiatría y otros temas por lo que ha recibido diversos premios científicos y literarios. Evidentemente tribunas no le faltan.

El motivo de la presencia del médico era participar en la tertulia dedicada al Estado de Animo por el programa No es un día Cualquiera, la charla era conducida por la periodista Pepa Fernández y en ella participaban sus colegas Andrés Aberasturi y Nuria Ribó.

El psiquiatra se explayó hablando de ese invento llamado “trastorno bipolar” pudo darse gusto recomendado los fármaco para cambiar unos estados de ánimo, a los que de otro modo, para cambiarlos hace falta una formación que dura toda la vida y a veces no resuelve nada. Por su parte Aberasturi aprobaba lo que decía De la Gándara a la vez que alardeaba de la manera en que recomendar desde los micrófonos a la visita del psiquiatra, como quien va a un traumatólogo. Si bien Fernández y Ribó resultaron un poquito reticentes en realidad no hubo una resistencia al uso de química para solucionar los problemas del espíritu.

Creo que el “escuchante” promedio, como llaman al oyente en ese programa se habría quedado con la idea de que no hay nada mejor que medicamentarse a la hora de cambiar los estados de ánimos, es lo que pasa cuando se recomienda soluciones por partes de especialistas que se cuida muy mucho de contarnos cuales son los efectos secundarios del medicamento, algo de lo que nadie habló en la tertulia.

En relación a las consecuencias indeseadas un fármaco recomendado por un psiquiatra tengo una experiencia que me gustaría compartir con el lector.

Hace unos día escuchaba con atención la manera gratuita en se le hacía propaganda desde Radio Nacional de España, a la medicamentarían mental.

Siendo muy joven tuve problemas para dormir, no necesitaba auto psicoanalizarme para entender que aquel estado se debía a problemas de orden “disciplinarios” que por aquel entonces estuvieron punto de dar al traste con mi graduación universitaria, cuando apenas quedaban meses para terminar la carrera. Alguien, no recuerdo ahora quién, me recomendó que visitara a un psiquiatra, uno de los pocos que aún ejercía de manera privada en Cuba, estamos hablando de la segunda mitad de los años ochenta. Así fue que saque turno en la consulta de aquel amable viejito, quedaba por la calle Zapata, cerca del Cementerio Colón de La Habana.

Debo haberle visitado una o dos veces, me recetó una pastillita cuyo nombre he olvidado, no así el estado de “sabrosura” permanente en que me mantenía, algo que supongo logren los mojes budistas tas sus muchas meditaciones, e imagino sería lo más parecido a aquella ataraxia por la que abogaban los filósofos griegos. Era algo como para quedarse enganchado de por vida, y así habría sido, de no ser porque en aquel tiempo levantaba pesas como deporte complementario. Resulta que apenas tomé el medicamente noté que comenzaba a perder fuerza. Te modo tal que me vi en la disyuntiva de sentirme bien y ser débil físicamente, o seguir lidiando con el insomnio sin perder en fortaleza. Opté por lo segundo y creo que pese a mi inexperiencia fue lo mejor.

Que aquella fue una buena elección me lo confirmó hace años, ya viviendo en Suecia, un librito que compre por estos lares cuyo nombre sueco traducido al español se titularía “Calidad de Vida: conquistar el sentido de la vida”. El autor es el médico Søren Ventegodt, nacido en 1961, un año antes que este servidor, Søren Ventegodt , nacido en 1961, en Copenhague, Dinamarca, actualmente Vent Godt quién desde 1990 lidera el Centro de Investigación independiente para la Calidad de Vida. Este escritor, filósofo y terapeuta no deja de ser un personaje controversial, más que por el uso de métodos alternativos, por las condena de 30 días de prisión preventiva condicional sufrida en 2012 tras ser acusado de manipular sexualmente a sus clientes, al utilizar acupresión vaginal como método de cura, sentencia se basó en un dictamen dado por tres psiquiatras del Consejo Médico Forense, quienes consideraron por unanimidad que el tipo de fisioterapia empleado no era un tratamiento médico y por lo tanto debía ser visto como un asalto sexual cuando era realizada por un galeno.

Al margen de que sea verdad o no lo del asalto sexual de Ventegodt, hay que decir en su favor que imparte cursos internacionales calidad de vida, la conciencia y la medicina holística, siendo autor de unos 15 libros, dedicados entre otros temas a la sexología ha escrito más de 250 artículos científicos algunos contra la psiquiatría oficial, y la potestad que tiene el Consejo de Medicina Forense tiene el poder de definir si un tratamiento está funcionando o no.

Se trata del típico cuestionador de la medicina oficial y eso se manifiesta claramente en el libro suyo que cayó en mis manos. La obra es sencilla y a su vez interesante es especial la parte relativa al problema de las enfermedades psiquiátricas, y su cuestionamiento del paradigma según el cual los problemas mentarles obedecen solo a causas genéticas o desequilibrios químicos en el cerebro o pueden. Para el doctor el uso de medicamentos y otras intervenciones físicas en el enfermo, no pasan de ser tratamientos sobre los síntomas, más que sobre las causas y rara vez conducen a un mejoramiento de la calidad de vida. De aquella obra me quedé con una imagen de la que nunca me he olivado; es la referida al acto de anestesiar al cerebro con determinadas sustancias químicas que le liberarían de la hiperactividad necesaria para producir alucinaciones. Esto es una cosa, pero muy distinta es saber explicar los procesos y figuras que se crean en el cerebro: Si se puede apagar un aparato televisivo de un martillazo, pero esto no nos dice mucho de la estructura interna y funciones del televisor*.

Con esta metáfora usada en 1995 por Ventegodt se nos presentaba en estado de la cuestión y del conocimiento de las causas mentales*. Más de 10 años después, en 2006, la cosa no había cambiado a juzgar por lo que se cuenta en el documental realizado en ese año “Psiquiatría: Una Industria de la Muerte”, del que hablaré más abajo.

No se trata de comprar alegremente todo lo que nos vende el movimiento de la antipsiquiatría, por muy ciertos que seaqn los males que nos descubre, y en el que evidentemente se inscribe el propio Søren Ventegodt , un movimiento con demasiada fuerza, al punto de lograr que se hagan películas con su ideología, como aquella ” Alguien Voló sobre el Nido del Cuco”, cuyo protagonista fue interpretado de manera inolvidable por el actorazo de Jack Nicholson. Para que estas cosas pasen hace falta algo más que talento y deseos de creación artística; el dinero de algún poderoso interesado en promover su agenda a través de la costosa industria cinematográfica.

En el conflicto de la siquiatría y la anti psiquiatría no se puede ver de forma maniquea, pues cada bando tiene sus cadáveres (nunca mejor dicho en el escaparate). Lo importante es compilar las críticas que mutuamente se hacen y sacar de ellas la mayor utilidad.

Ha sido en busca de esta información que llegué a la página de La Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos cuyas iniciales en inglés serían CCHR, organismo que se presenta a sí mismo protector de los individuos de las prácticas abusivas o coercitivas en el campo de la salud mental. El problema de la CCHR es que fue co- fundada en 1969 por la Iglesia de la Cienciología y Profesor Emérito de Psiquiatría Dr. Thomas Szasz.
Por lo que sé la Cienciología si bien aplica con cierto éxito, en cuento a la liberación de las drogas, la terapia de la dianética al final, deja al individuo en una relación de sometimiento espiritual propio de cualquier secta.

Más confianza me inspira el Thomas Szasz (Budapest, Hungría, 15 de abril de 1920 – 8 de septiembre de 2012) antiguo profesor emérito de psiquiatría en la Universidad de Siracusa en Nueva York y doctos honoris causa en Ciencias de la Conducta por la Universidad Francisco Marroquín. Thomas Istvan Szasz se ha hecho famoso por su obra de 1961 “El mito de la enfermedad mental y La fabricación de la locura: un estudio comparativo de la inquisición con el movimiento de salud mental” , en los que planteó sus principales ideas, entre cuyos fundamentos se encuentra el visión de una sociedad contemporánea sometida al Estado Terapéutico y el poder corruptor de la industria farmacéutica. En esto puedo coincidir con Szasz, no tanto en su obsesión contra la hospitalización involuntaria, la cual no siempre es inmoral, o por lo menos no menos de lo que está siendo el cierre de hospitales y el lanzamiento de locos a las calles con los cuales, la policía no se anda con chiquitas cuando hacen algún disparate.

Thomas Szasz, parece en varios momentos del documental Psiquiatría: Una Industria de la Muerte, lanzado en 2006, la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos. La película es de 108 minutos tiene un formato que recuerda más un material propagandístico en este caso de paranoia antisiquiatrica que un documental científico. Sin embargo no se le puede negar el interés que despierta, por la crudeza de sus imágenes, por el valor de los datos que nos aporta sobre: sobre la historia de la psiquiatría, su vinculación con la el racismo y la eugenesia, su uso en la creación de enfermedades sin fundamento científico, la represión de las disidencias, en la formación de terroristas de grupos o de estado y por supuesto la corrupción que generan las drogas legales.

Lamentablemente, del mismo modo en que los realizadores se centra en la limitaciones actuales de la ciencia para descubrir las causas reales de la locura y curarla, pasa por alto las causas sociales evidente de esta, la creación de un sistema escolar y productivo enajenante y el acceso directo de los jóvenes y los no tan jóvenes a unas drogas ilegales o a veces legales cuyos efectos mentales no hay medicina que pueda neutralizar, por último la destrucción de un tejido social fundamental para la sobrevivencia del enfermo como es la familia. Contra los culpables de tanto mal, el documental no dice una palabra y esta es su falta, se trata pues ensuciar la imagen de la competencia, como hacían las potencias coloniales cuando difundían la leyenda negra contra España, no de denunciar las causas del mal y por supuesto la necesidad de acabar con un estado de cosas enloquecedor – del que no solo viven los psiquiatras y las farmacéuticas, sino también cientólogos, médicos alternativos, exorcistas y curanderos- que lejos de ser sorprendido por la enfermedad mental o sentirse impotente para atajarla, hace todo lo posible porque ella florezca, para beneficio de unos y desgracia de otros.

 

*Livskvalitet: Att eröva livets menning, Bokförlagt Forunm, Stockholm 1996, pag 129

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