Del rock y la “libertad”, comentando una entrada de Eduardo del Llano

2 Abr

Estatua de John Lennon en La Habana, foto:wikipedia org

El realizador Eduardo del Llano ha publicado una curiosa nota en su blog titulada LOLA, LORETTA, 47; en ella nos cuenta como se fue deslizando el tema homosexual en la música rock desde los tiempos de aquel pegajoso Jailhouse rock, de Leiber y Stoller, interpretado por Elvis Presley en 1957.

En su nota, el realizador exalta a sus estrellas musicales de toda la vida por ir contra las reglas, abogar por la libertad en todos los ámbitos, burlar la censura y escandalizar la moral burguesa, etc, etc, etc., etc, etc.

Es la típica admiración que sienten muchos de su generación, a quienes durante década el régimen dificultó el acceso a un producto, que en su condición de fruta prohibida, se volvió mucho más apetecible de lo que sería,si sólo lo medimos por sus valores intrínsicamente culturales.

Como sustituto, se difundió canciones en países hispanohablantes, cuyos textos a  menudo compartían la misma ideología que se transmitían las anglosajonas, sobre todo en lo que respecta a la banalización del amor y el fomento de la promiscuidad sentimental como el mejor modelo de relación humana, y eso que muchas venían de la España “franquista”, poniendo en evidencia que del mismo modo en que los generales del caudillo habían sido comprados para que no se aliaran con Alemania durante la segunda Guerra Mundial, sus gerentes de la cultura lo fueron, para aplicar primero de una manera sutil y al final de manera casi destapada la misma receta del brebaje que a través de las industrias culturales se le estaba dando al resto de la juventud europea que vivía en democracia. De ahí,que no resulte incongruente la escena de la serie Amar para siempre en la que una azafata, dispuesta a regalar por nada la antaño sacrosanta virginidad reciba el Consuelo de una amiga, sobre los tiempos de libertad sexual que se avecina para entonces, y que ya podía verse en películas.

Una “libertad” perfectamente diseñada en sus grados de progresión, de las relaciones sexuales prematrimoniales al fomento promiscuidad heterosexual para llegar a la glorificación de la relación homosexual, pasaporte seguro para todo el que quiera triunfar lo mismo en un festival de cine, que de literatura o teatro. Como en tiempos del realismo soviético lo que marca el triunfo es la ideología, por encima de cualquier innovación en lo estético.

Lo que no entiende Del Llano, es, que por la cabecita de quienes hacían letras para aquellos roqueros no pasaba otra cosa, además del dinero que se les pagaba, que seguir una agenda de ingeniería social muy concreta.

A falta de mejor candidato me inclino por el Centro que le podría haber estado dictando desde entonces aquella estrategia de reprogramación mental; el instituto Davistock; institución “científica” establecida oficialmente en Inglaterra en 1947, fue éste el verdadero demiurgo de esa “contra cultura juvenil” que tanto encandila al coguionista de “Hacerse el sueco”. Se trata de todo un saber  encaminado a fomentar la desmoralización, desarticulando toda moral, no sólo la burguesa, drogadicción, homosexualización de las nuevas generaciones, mediante esa homo normatividad de la que nadie se atreve a hablar, hoy consolidada como dogma entre quienes se consideran “intelectuales”, que poco a poco se impone lo mismo en las instituciones civiles que en las militares de las sociedades llamadas “desarrolladas” y que poco a poco se abre camino en Cuba, ya sea a través de los medios, incluida la industria cinematográfica, ya en el activismo dentro de lo político, lo terapéutico o educativo que realiza el CENESEX. Ya lo he afirmado en otras ocasiones; se trata de una de las mejores formas de debilitar nuestra capacidad reproductiva (aunque no es la única), como lo demanda la ideología del capitalismo maltusiano.

El objetivo central del Davistock, según nos dice   dice Byron T. Weeks, es el de “romper la fuerza psicológica del individuo, y dejarlo incapacitado para oponerse a los dictadores del Orden Mundial” y agrega “Cualquier técnica que ayude a romper la unidad familiar, y los principios inculcados por la familia acera de la religión, el honor, el patriotismo y el comportamiento sexual, es utilizada por los científicos de Tavistock como arma de control de masas.”

Y si algo ha servido para implementar esos fines, ha sido el estilo de vida alienante de los roqueros al que los socialismos reales combatieron en principio, con la misma fuerza que se combaten entre si las religiones, para terminar cediendo al comprender el magnifico opio que aquello podía significar para su juventud, de ahí, que el 2000, aún estando Fidel Castro en plena actividad física y mental, le levantaron en plena capital cubana un monumento a John Lennon.

Fidel Castro señalando la estatua de John Lennon en La Habana. Foto publicada en beatles.ncf.ca


Al develar la obra el Comandante se desentendió de la censura a la que había sido sometida la música de Los Beatles, diciendo que tenía mucho trabajo y que por eso nunca los escuchó mucho, alabó el pensamiento del artista y lamentó mucho no haberle conocido. Así de poco subversiva sería su figura para el jefe de un estado abiertamente represivo como lo era y es el cubano.

A pesar de lo que digo, debo agradecer a Eduardo del Llano por un artículo, sin dudas interesante y en el que aún, sin proponérselo, ayuda a descubrir  la continuidad del proyecto y el servicio prestado al poder por el rock que tanto ama el escritor. Así a manera de compensación le he dejado en su página un programa de Espacio en Blanco de Radio Nacional de España.

Esta realizado con la participación de controvertido ex miembro del KGB Daniel Stulin, quien por muy agente de influencia ruso que siga siendo, deja escapar unas cuantas ideas muy buenas para revalorizar lo que se oculta detrás esas cancinones con textos tan “ingenuos” como los que nos cuentan lo mismo la historias del buga “número 47”, de un mariguano llamado “Jojo” que la de un par de locas como “Lola” y “Loretta”.


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