Bolivarianismo: un proyecto al servicio del imperialismo (III)

25 Dic

Foto: Bernardo Londoy

De todos los países implicados en el Congreso Anfictionico, es México, que mantiene le posición mas alerta frente a la amenaza británica. El documento 62; titulado Instrucciones de la Cancillería Mexicana a los enviados extraordinarios cerca de las Repúblicas que antes fueron colonias Españolas; firmado en México el 3 de Junio de 1831 por Lucas Alaman, se denuncia el rol jugado por Inglaterra para frenar los procesos integracionistas de las nuevas “naciones” hispanoamericana. Resulta que en la medida que Inglaterra iba reconociendo las repúblicas recién independizadas enviada a ellas comisionados plenipotenciarios para conformar tratados comérciales que al tiempo que beneficiaban solo a los británicos comprometía a las repúblicas a no conceder privilegios a sus hermanas, se menciona concretamente el caso de Colombia. Más o menos ha sido este, el esquema de los tratados celebrados con otras potencias europeas lo que provoca que:

” la suerte de la América es hoy peor que en el tiempo colonial, pues el comercio que entonces se hacía nos era mucho más propio que el actual que ejercen factores extranjeros, los cuales luego que se enriquecen mudan país y nos dejan privados de los capitales que se han formado con nuestros tesoros.” Documentos sobre el Congreso Anfictiónico de Panamá, página 264

Para entender el papel real que jugaron los británicos en este congreso bolivarianos resulta clave el documento número 25, Instrucciones del Gobierno de Gran Bretaña a su enviado al Congreso de Panamá, fechado en Londres el 18 de Marzo de 1826 y firmado por George Canning, está dirigido a a Edward James Dawkins Esquire. Y pone en evidencia el voluntad británica por evitar el nacimiento en el Nuevo Mundo de una confederación que liderada por Estados Unidos afectase los intereses del viejo mundo:

“Las Repúblicas americanas, por otro lado, no han tenido ningún otro motivo para pedir la designación de un comisionado inglés para que asista a su Congreso, que la justa comprensión de los beneficios que han derivado y continúan derivando de sus relaciones amistosas con Gran Bretaña y un deseo muy natural de incrementar la importancia de esa asamblea en la estimación del Viejo Mundo.

Usted no perderá oportunidad de transmitir a esta oficina toda información que usted pueda recoger respecto de las miras y la política de los Gobiernos americanos, sus sentimientos recíprocos, y el grado de influencia que estén inclinados a conceder a Estados Unidos de Norteamérica.

Usted comprenderá que su Majestad no se opone a una Liga entre los Estados hasta hace poco colonias de España, limitada a los objetos emergentes de sus relaciones con España.

Pero cualquier proyecto para poner a Estados Unidos de Norteamérica al frente de una confederación americana contraria a Europa, causaría un efecto muy desagradable a este Gobierno. Sería interpretado como ingratitud después del servicio que ha sido dado a estos Estados y los peligros que se han evitado gracias al auspicio, la amistad y las declaraciones públicas de Gran Bretaña, y muy probablemente en un tiempo no muy lejano pondría en peligro la paz, tanto en América como en Europa.

[Este Gobierno] no tiene intenciones de que sus declaraciones en este asunto tengan carácter de representaciones oficiales, pero es importante que no oculte los sentimientos de su Gobierno a todo aquel con el cual tenga usted ocasión de hablar al respecto.

También comunicará usted (sin darle carácter de representación oficial) el deseo de su Gobierno de que los principios del derecho de mares por adoptarse por los nuevos Estados sean los que Gran Bretaña ha defendido de siempre como los verdaderos principios del derecho de gentes, principios que resultan de los usos establecidos desde tiempo y consagrados en el Viejo Mundo: de acuerdo con los cuales, Gran Bretaña ha actuado de manera uniforme y el ejercicio de los cuales por otros, y por nadie más que los mismos nuevos Estados de América, ha respetado con igual uniformidad, y cuidará que se comprenda debidamente que nuestra determinación de obrar de acuerdo con estos principios no variará sea cual fuere la resolución o combinación de los Estados del Nuevo Mundo, de la misma forma como no varió por presión de las confederaciones europeas.

Si así lo exigen los intereses de Su Majestad, iniciará usted correspondencia con los agentes diplomáticos y consultares de éste en el continente americano.

Si a su llegada a Panamá usted encuentra que la reunión del Congreso ha sido suspendida, o aun postergada por un plazo indeterminado o prolongado, queda en libertad de regresar inmediatamente a Inglaterra”b

“Si por “los Estados americanos” en el primer párrafo se entiende únicamente los Estados que anteriormente eran colonias de España, y si las funciones atribuidas al Congreso en el segundo párrafo han de desempeñarse solamente entre esos Estados, no hay inclinación de parte del Gobierno británico a impugnar la propiedad de esos compromisos mutuos y comunes.

Pero debe usted tratar, en cuanto sea posible, de llegar a un entendimiento preciso sobre este punto, y hacer saber que la adhesión a dichos compromisos mutuos de cualquier Estado que no participe de las características españolas, sería contemplada por este Gobierno con gran recelo por su aproximación a aquella clase de Liga de las Américas en oposición a Europa, que como ya sabe usted Su Majestad no podría reconocer o aprobar.” Documentos sobre el Congreso Anfictiónico de Panamá, página, pag 142-143

Resulta ahora que los ingleses se comportan como los salvaguardas de la unión de unos estados que hallan su identidad en su relación común con la Madre Patria, cuya influencia aún en guerra, temen menos que la de los Estados Unidos, en aquellas colonias que ayudó a independizar de España, un magnífico desquite por el papel jugado por las tropas Españolas durante la revolución de las trece colonias a partir del El Tratado de Aranjuez del 12 de abril de 1779, por el cual España intervenía en la Guerra de la Independencia de los Estados de Unidos del lado de los “patriotas”. Esto también pudiera explicar el gesto de los norteamericanos de no apoyar el arrebato de Cuba a una Metrópolis que fue su aliada.

En resumen, todo lo que ha hecho Inglaterra en este congreso ha sido intervenir para sembrar la disensión y la división entre los pueblos del Nuevo Mundo, usando desde el chantaje por los servicios prestados hasta las diferencias culturales con instrumento. Podría decirse que la verdadera madre del antinorteamericanismo en América Latina es Inglaterra o aquellos que la sirven dentro de los propios Estados Unidos, por ejemplo en los círculos académicos donde pulula tanto antiimperialista de medio pelo, de esos que nunca se atreve a colocar en la llaga, el dedo.

Que Bolívar, a pasar de su buena fe o precisamente por ello, sirvió a estos funestos proyectos, no nos queda duda tras leer estos documentos. Y que sus herederos lo siguen haciendo tampoco lo dudamos, mas cuando leemos las notas sobre el extinto Hugo Chávez, escritas por ese experto en las triquiñuelas con las que el imperio británico domina el mundo, que es Lindon LaRouche.

En su nota El legado de Chávez, publicada en 13 de marzo de 2013, LaRouche denuncia el papel de la  embajada británica en Caracas, en la llegada de Chávez al poder y recuerda su destacada gira en el Reino Unido inmediatamente antes de que asumir el cargo. La operación británica, desde un comienzo, consistía según LaRouche en utilizar a Chávez, el aparente heredero de Fidel Castro (otro cuyos vínculos con los británicos también convienen investigar) como punta de lanza para desatar el jacobinismo y el romanticismo radical por el continente,en ese sentido, Chávez seguía los pasos de Simón Bolívar, quien según el político norteamericano fue una pieza del jefe de la inteligencia británica, Jeremy Bentham, hasta que rompió con él al final de su vida.

En su nota, aún más explicita; “Realmente, ¿qué es Hugo Chávez?”,
LaRouche demuestra que el teniente coronel Hugo Chávez no es el nacionalista tercermundista que pretende ser. Mas bien es un proyecto político de Londres y de Wall Street; trayendo a colación la información ofrecida por el diario venezolano El Nacional 12 de marzo de 1994, donde se constataba que apenas salido de prisión, fue visto Chávez en un lujoso restaurante de Caracas entrevistándose con consejero político de la embajada británica, Paul Webster Hare. A fines de marzo de 1994, Chávez denunciaría, en una rueda de prensa que sostuvo en Buenos Aires, Argentina, que el entonces Presidente de Venezuela, Rafael Caldera, le había “saboteado” una visita a Londres, organizada por el embajador británico en Caracas, John Flynn.

En mayo de 1998, Chávez por fin habría conseguido llegar a Londres, donde su “amigo John Wilkinson”, sucesor de Flynn en la embajada británica en Venezuela, lo presentó con funcionarios del gobierno de Tony Blair, miembros del parlamento, un grupo de la Universidad de Oxford, y, por supuesto, el presidente de la British Petroleum. El 28 de septiembre de 1998, meses antes de las elecciones presidenciales, Chávez afirmaría al diario venezolano El Universal, en la que se adhería a de la Tercera Vía promovida por Blair. Un mes después, el embajador británico Wilkinson salía en respaldo de Chávez afirmando ante un grupo de empresarios británicos y venezolanos reunidos en Londres, que su popularidad y legitimidad eran condiciones indispensables para las duras medidas que tendrá que adoptar “el próximo Presidente”. En los meses siguientes a su elección, los órganos informativos y los círculos de gobierno británicos elogiaron a Chávez por las “excelentes oportunidades” que ofrecía su gobierno a las compañías británicas. Mientras que en conferencia en Caracas, organizada por The Economist, de Londres, el propio Chávez se refería al imperio británico como un modelo de “democracia”.

LaRouche también nos cuenta de la posición asumida por la Cancillería británica durante el golpe de Estado (caza bobos, agregaría yo) que alejó a Chávez del poder (salvándolo de un linchamiento popular en el Palacio de Miraflores) los días de 11 al 13 de abril de 2002, en esos días el jefe de asuntos latinoamericanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Gran Bretaña, Denis MacShane, exigió el regreso inmediato al gobierno democrático amenazando con que “cualquier retraso en este proceso será inaceptable para la comunidad internacional”.

Si a estos elementos incorporamos la connotada retórica antinorteamericana del difunto Hugo Chávez y los que le sucedieron, podemos llegar a la conclusión de que el régimen Bolivariano no es mas que la continuación del operativo puesto en práctica durante el Congreso Anfictiónico de Pana, un ejercicio de divisionismo que solo sirve al auténtico imperialismo, ese que se escuda tras los Estados Unidos, el británico.

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