Locura y cannabis; lo que dice la ciencia

24 Nov

Activista manifestándose junto a varios cientos de personas en París. Sábado, 12 de mayo 2012 para pedir la despenalización del cannabis. Foto: Rémi Noyon.

Ya hemos visto en este blog como los peligros del empleo del cannabis son permanentemente frivolizados por las industrias culturales; el caso más reciente lo tuvimos  en La Haya, que no sólo es la capital de Holanda, sino también de la legalización de la mariguana, fue durante la entrega de los European Music Awards 2013 de MTV, un programa en que millones de jóvenes, estupidizados por la caja boba, fueron expuestos al  espectáculo de una antigua estrella infantil, Miley Cyrus, fumando lo que todos han interpretado como un porro.

No es nada raro, es pan nuestro de cada día, que consumen los chicos abandonados a esas dos pervertidas niñeras que pueden ser la TV y su competidora el Internet. En el caso de los espacios televisivos o cinematográficos la trivialización del peligro no ocurre sólo en productos mediáticos dedicados a adultos, sino incluso en lo que se suponen se dirigen a niños, como ocurre con la serie conocida en el mundo hispánico como Padre de Familia, que aquí en Suecia, el canal 6 pasa en las horas de la tarde en que vuelven los niños de la escuela.

Al mismo tiempo cada vez resulta más difícil encontrar obras que popularicen información sobre el riesgo al que se enfrentan los consumidores del cáñamos de la india en diferentes formas. Luego nos preguntamos de dónde salen esas “mayorías” que votan por la liberalización de la” María”, lo mismo en Uruguay que en los Estados Unidos, que incluso en Cuba, como ocurrió no hace mucho con un concierto del joven salsero Roberto Carcassés. Por supuesto, un régimen tan implacable en el tratamiento de las disidencias como es el cubano, pasó por alto esta afrenta a su autoridad mezclada con otras demandas de carácter popular.

Y eso hace que hasta intelectuales relativamente bien informadas como es el caso del realizador cubanos Eduardo del Llano, caigan en el error de recomendar desde su blog el uso mariguana como quien recomienda un buen postre. Algo por lo que hemos polemizado en su propia página y debate donde se inmiscuyó más de un mariguanero indignado.

No ha sido la única vez que me he topado con estos personajes en las redes, hace unos días, pretendía uno, que retirara un comentario mío en facebook, donde me preguntaba quiénes estarían detrás del diabólico espectáculo perpetrado por Miley Cyrus. Como no es cuestión de auto, censurarme el dolido admirador, no se si de la Miley o de la marihuana, optó por eliminarse el mismo de la lista de amigos.

Así funcionan muchos de estos libertarios de la drogas, el día que la legalicen, el segundo paso será imponer la condición de “políticamente incorrecto”, es decir su dictadura, a todo el que la critique, al estilo de lo que sucede con el matrimonio con el mismo sexo. Vivir para ver.

Ocurre que más allá de las fronteras nacionales o ideológicas que opera un mismo sistema, regulando la información, que ha pensado por el ciudadano, que como un perrito de experimentación se ha limitado a ladrar siguiendo las instrucciones del amo.

Preocupado por el asunto, me he tomado el trabajo de buscar en las bibliotecas de Estocolmo información sobre la relación entre el cannabis y la salud mental de los jóvenes, verificando que la bibliografía sobre el tema, en comparación con otros, hay que encontrarla con una lupa.

Si hablamos de los suburbios, la cosa es peor, es como buscar una aguja en un pajar de estantes repletos de bibliografía dedicada a los llamados crímenes de honor, o apología al feminismo. Estoy seguro que si estos mismos recursos que se dedican a sembrar el pánico contra el patriarcado se dedicara a alertar sobre el efecto de las drogas, incluido el alcohol entre ellas, habría que cerrar por falta de clientela una buena parte de las cárceles y centros psiquiátricos de Suecia, o de cualquier otra parte del mundo donde se apliquen a la tarea.

Así, cuando de los efectos de las drogas se trata, lo más probable que encuentres en los estantes literatura escasa y poco actualizada, o incluso del siglo pasado, como me ocurrió con el curioso librito, no todo del inútil que tengo a mano “La droga sin tapujos” una obrita colectiva, publicada por la editorial Sal Terrae, allá por el año 1986, cuando yo era un jovencito y mis padres mucho menos viejos de lo que hoy lo soy yo. Sin embargo ya desde entonces estaban claras algunas verdades sobre las que hoy apenas se habla en los medios, por ejemplo la paradoja que encuentro en la página 73 del trabajo mencionado, señalando que el uso de la droga en nombre de la libertad lleva la juventud que la consume a un estado de alienación social, y dependencia que le obliga a buscar permanentemente dinero en esa sociedad de consumo que se pretende combatir.

Pero de lo que no se hablaba entonces y casi no se hace ahora, no solo en los libros de las biblioteca, sino incluso en las redes digitales, es de la relación directa que existe entre el consumo del cannabis y el otros tipos de alienaciones, me refiero a desórdenes mentales, más o menos permanentes y recurrentes, como pueden ser las esquizofrenias paranoias. Es por ello que me ha alegrado en sobremanera, encontrar gracias a Ivoox, un programa radial en el que se pone los puntos sobre las ies, en el asunto de la correlación de esta droga y los brotes psicóticos , me refiero al programa dedicado al cannabis de “Hoy comienza el cambio” transmitido el 19 de noviembre de 2013 por Radio Mislata, en una emisora municipal de Valencia, en España.

Lo mejor no ha sido precisamente las intervenciones de su directora, Sara Meca, psicóloga especializada en conductas adictivas, quien habla la mayor tiempo del programa, sino las intervenciones con aportes contundentes y claros realizadas por Amparo Z. Pardo, periodista y colaboradora de G.Sinadicciones.

Meca nos distrae comentado los recursos de los que dota su equipo a los drogadictos, recursos que a mi entender, poco conseguirán sino van acompañado de una buena crítica filosófica, ya no solo de la propia vida, sino de la sociedad en general, al estilo de que propone Lou Marinoff, en su libro Más Platón y menos Prozac, además de una acción social tanto en el plano legal como en el informativo.

En el último punto hay que reconocer que la psicóloga hace una concesión cuando reconoce con Amparo la falta de información que existe en los medios sobre los efectos de la marihuana.

Sara Meca se ha mostrado comedida cuando no ambigua en sus palabras sobre temas fundamentales tales como el debate sobre la liberación de la droga o los efectos permanentes de esta en la psiquis del consumidor. No sé, si lo hace por evitar el pánico, por darle esperanza a sus pacientes o en seguimiento de una agenda política que mientras por un lado dice combatir las adicciones y por otro lado la deja estar como forma de debilitar a las nuevas generaciones, haciéndole con el cannabis el mismo daño que ya le inflige con el tabaco y las bebidas alcohólicas.


Como siempre los psicólogos cuidan su pan evitando meterse con el sistema, cosa que de vez en cuando hacen los periodistas al estilo de Pardo. Es ella quien a pesar de las interrupciones permanentes de Meca hablando de terapias que no venían al caso nos ha informado de un estudio realizado en el Reino Unidos, según el cual, el 14/100 de los casos de psicosis en el Reino Unido, habían consumido cannabis; el 40 /100 de la juventud inglesa consume el psicotrópico. Por esta razón los investigadores han denunciando que ese 14 por ciento de los casos se habrían evitado si a la gente se les hubiera alertado a tiempo.
En lo que se refiere a España la periodista cita la investigación, aún más demoledor, realizada por el doctor Miguel Ruiz-Veguilla, quien detectó que el 60 porciento de los pacientes de psicosis estudiados, habían fumado marihuana.

No creo que la diferencia de porcientos se deba a que los españoles tengan un cerebro más proclive a la enfermedad que el de los ingleses, sospecho que las causas de la diferencia radica en siendo Inglaterra, después de Holanda (nación con la que está hermanada desde la llamada “Revolución Gloriosa”, de 1688, que derrocó al monarca católico Jacobo II)
y su actual neocolonia Estados Unidos (cuyas veleidades independentistas de principio de los sesentas podría haberle costado la vida a Kennedy) el país más avanzado en el proceso de mariguanización, lo más probable es que existan mecanismos de censura que lleven a la reducción de las cifras de estos enfermos provocados por el cannabis, como forma de apagar la alarma social.

Buscándola pista del doctor Ruiz-Veguilla, he dado con un artículo del diario de Sevilla que deberían leer todos los defensores de la liberalización de la mariguana, se titula “El consumo de cannabis en menores duplica el riesgo de esquizofrenia” y profundiza en el estudio mencionado en la radio y que desvelaba la vinculación entre el inicio en el consumo de la susodicha droga y la aparición de brotes psicóticos. El artículo fue escrito por Noelia Márquez, fue actualizado en la versión digital del periódico el 12.10.2013 a las 05:03. Aquí se nos presenta al Veguilla, psiquiatra en el Hospital Virgen del Rocío y miembro adscrito al Grupo de Neurodesarrollo y Psicosis del Instituto de Biomedicina de Sevilla y se nos explica que según sus estudios, el consumo de cannabis entre menores de 18 años acelera la aparición de brotes psicóticos y duplica el riesgo de sufrir esquizofrenia, a si la persona tiene predisposición a padecer esta enfermedad mental, lo cual es una caja de sorpresa, por ello mejor no experimentar, creo yo.

Como se había comentado en el programa radial, Ruiz-Veguilla constató que en aquellos pacientes que empezaron a consumir cannabis a los 17 años, la esquizofrenia apareció en sus vidas a los 20; los que se iniciaron en el hachís de 18 a los 20 años, sufrieron el primer brote a los 23 años; si el consumo comenzó a los 21, los episodios lo hacían a los 26; y aquéllos que nunca habían consumido cannabis, la enfermedad aparecía a los 30 años. La relación consumo neurosis es más que clara. Ella se explica por el hecho de que los adolescentes que consumen cannabis desarrollan hipersensibilidad a la dopamina asociada con la droga, en una etapa de la vida cuando el cerebro no está del todo desarrollado, ello no sólo aumenta el riesgo a sufrir brotes psicóticos sino también de que disminuya  la capacidad cognitiva.

No se trata de que todos los que consuman cannabis sufrirán inevitablemente las psicosis de las que hablamos. Lo que hace la droga es acrecentar el riesgo a padecer unas enfermedades crónica, depende tanto de factores genéticos como ambientales, entre los que la droga puede ser uno, como también lo es estrés o determinadas vivencias sufridas por el enfermo.

Según el artículo se estima que la predisposición genética representa el 60% del riesgo a sufrir esquizofrenia, mientras que el 40% restante lo representan los factores ambientales entre los que se incluye el mismo consumo de alucinógenos.

De acuerdo al doctor español, cuanto antes aparece la esquizofrenia, peor es el pronóstico para el enfermo, así, si se manifiesta a los 20 años, la psicosis afectará al enfermo en todos los sentidos: en su vida académica, en su desarrollo laboral, social y familiar. En caso de una persona que tiene su primer brote a los 35 años, por lo menos queda el consuelo de que el enfermo ya se ha desarrollado en todos aquellos ámbitos.

Justificar la liberalización de la marihuana con el hecho de que algunos consumidores nunca enfermarán por ella, equivale, para mí, a facilitar la distribución de pistolas para que los jóvenes jueguen a la ruleta rusa. Como se ve, al igual que las armas, el porro lo carga el diablo y el cannabis se convierte en una lotería, que lejos de ser promovida debería ser perseguida por todos los medios posibles.

El doctor Ruiz-Veguilla constata lo que vengo denunciando, la conexión entre la permisividad social respecto a esta droga, y el hecho indiscutible de que el cannabis (como ocurre por cierto con otras drogas) pueda  mitigar los efectos secundarios de la quimioterapia o para el tratamiento de enfermedades como la esclerosis múltiple.

Pero en el fondo eso no dice nada nuevo, es la lógica de todo veneno o medicina, la cantidad es lo que determina su condición, o quizás la situaciones terminales como ocurre a los pacientes a los que se suministra morfinas, y si hay personas que poco atiende a la circunstancias o a las medidas justas, esto suelen ser los adictos a las drogas, incluidas entre ellas el cannabis.

No se trata de satanizar la “planta” sino de prohibir su uso mas allá de lo que prescriban los facultativos con fines estrictamente terapéuticos, como se hace con tantos medicamentos que se prescriben por recetas y por cuya liberación nadie con dos dedos de frente demanda, precisamente para proteger al enfermos de una sobre medicación que mata tanto o más que la falta de atención médica.

El tema del control del cannabis, algo que si no hubieran poderosos intereses en contra, nadie discutiría, más cuando han quedado constatado los riesgos que presupone el consumo del cannabis entre los menores de 18 años, un peligro que se duplica con el mal hábito de mezclar esas drogas con bebida alcohólicas, lo cual cada día es más popular entre las nuevas generaciones de los países desarrollados.

Estudios que demuestran la vinculación entre el consumo del cannabis y la locura son fruto de una colaboración entre el IBIS, el Hospital Virgen del Rocío, la Universidad de Granada y la Universidad de Oxford, fueron publicados en la revista Journal of Psychiatry. He revisado el portal de la publicación científica donde he encontrando más de un artículo sobre el tema que nos ocupa, en ellos se abordan aspectos tales como los efectos del cannabis en el curso de la esquizofrenia en pacientes masculinos, correlatos neuropsicológicos del consumo de la droga en la esquizofrenia, el papel del psicotrópico en la neurocognición o las relaciones que puede haber entre maltrato infantil, el uso de cannabis y los síntomas psicóticos adulto. También exponen entre las conclusiones de otros estudios aquella que se infieren de abordar la correlación entre los antecedentes familiares de esquizofrenia y los casos de esa enfermedad con y sin uso previo de cannabis.

En resumen tenemos aquí  un tesoro que deberían explotar los activistas, periodistas responsables y en general todos los que estén dispuestos a combatir el fantasma que recorre el mundo haciendo del cannabis el opio del pueblo.

Son artículos por los que hay que pagar para poder leerlos, lo cual contribuye un poco a la elitización de una información que quedará en manos de un reducido grupo de académicos cuando en realidad debe llegar a todos los que sufren los efectos del consumo no recetado de esta planta, con independencia de cual sea el poder económico del que disponen.

En este aspecto bien pudieran el Gabinete Psicológico G.SINadicciones, contribuir aún más a la democratización de la ciencia, empleando sus recursos en reseñar y popularizar los estudios publicados en la prestigiosa revista. Para ello deberían usar como tribuna su programa “HOY COMIENZA EL CAMBIO” que emiten directo todos los Martes de 18:00 a 19:00 hrs en la 88.8 F.M. También convendría utilizar en la tarea su portal digital lo que resultaría mucho mas pertinente, que dedicarle espacio a asuntos tan poco urgentes como es el asunto de los celos, algo que tiene más que ver con los prejuicios de la ideología de género que con la lucha contra la drogadicción.

Para más información  sobre la relación entre Mariguana y salud mental, recomiendo visitar, antes que desaparezca, la página del Instituto Nacional sobre el Abuso de la Droga, en Estados Unidos.

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Una respuesta to “Locura y cannabis; lo que dice la ciencia”

  1. Carla 4 noviembre 2016 a 5:01 AM #

    Ppffff, yo en general admiro muchas cosas de cuba. pero esto revela una falta de conocimiento en el tema, y una moralina que no comprendo para un pueblo que tiene tan altos indices de alcoholismo y tabaquismo, de los que parece hacer vista gorda. el verdadero flagelo de la juventud cubana es la falta de oportunidades de desarrollarse profesionalmente en sus propias carreras, la falta de expectativas de poder acceder a un a mejor vida, que los termina arrastrando a labores tan ingratas como la prostitucion. que es reprimida pero no solucionada.

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