Hannah Arendt y los “Eichmannes” de nuestro tiempo

2 Nov

Foto tomada en Berlín por Adam Greenfield

Al descubrir en youtube, el programa Filosofía aquí y ahora, me pareció algo positivo, una buena manera de popularizar en saber filósofico dentro del gran público. Desgraciadamente pronto, me di cuenta que su conductor, José Pablo Feinmann, le puso en evidencia la dobleza de sus parámetro a la hora de analizar la moral política de dos figuras igual de controvertidas, Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre.

En el programa Heidegger: Ser y tiempo, si bien se clasifica a Heidegger como el filósofo más importante  del siglo XX (algo de lo que no estoy muy seguro), la respuesta que da Feinmann a la pregunta.  ¿cómo es posible que haya sido miembro del partido nazi?  La respuesta me parece un poco mas simplona.

Se trata de una simpleza que se destaca en la edición de Filosofía aquí y ahora. Dedicado a Sartre, donde Feinmann justifica lo injustificable, de que el filósofo Francés no se enterara de la clase de régimen que imperaba en la Alemania a la que se fue a formar. Esto por no hablar de la calificación de ejemplar que da el conductor a las relaciones de promiscuidad aceptada, que mantenía el filósofo francés con Simone de Beauvoir ; el ejemplo de “compromiso” que representa, no la dudosa participación de Sartre en la resistencia, que Feinmann da por sentada, sino en la colaboración del mediático profesor con jóvenes Maoístas que usaban los derechos civiles franceses para distribuir propaganda en favor de las ideas del mismo tirano de raigambre estalinista, que en esos momentos mataba literalmente de hambre a su pueblo, mientras liquidaba de la manera más cruel, no ya a la contrarrevolución, sino la menor disidencia dentro del partido. Parece que Sartre es de esos “filósofos comprometidos” que tiene derecho a no enterarse de nada.

No me extraña que estos errores se transmitan de manera  “clara y didáctica”, a través de un canal estatal, programa que conduce un ex miembro de la juventud peronista como lo es José Pablo Feinmann, fundador en 1973 del Centro de Estudios del Pensamiento Latinoamericano, en el Departamento de Filosofía de la UBA (Universidad de Buenos Aires) y conductor de este programa, emitido por el canal Encuentro, del Ministerio de Educación de Argentina. Y es que los peronistas siempre tuvieron claro la necesidad del coqueteo con la filosofía, no para convertirla en instrumento libertador del pensamiento ciudadano, sino para seducirla y convertirla en un instrumento al servicio del poder, que es lo que termina por ocurrir con los filósofos de Estado.

La mayor prueba de esto, la tengo en los tres tomos con las Actas del Primer Congreso Nacional de Filosofía, organizado en Mendoza Argentina, entre el 30 de marzo y 9 de Abril de 1949, en pleno régimen peronista, organizado con motivo del primer aniversario de la creación del Instituto de Filosofía en la Universidad

Se trata de unos libros que he rescatado la semana pasada del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Estocolmo, donde parece que es mas importante el estudio de como se comporta en el continente la postmoderna ideología de género que reevaluar la asimilación del pensamiento filosófico occidental por hispanoamericanos, allí, cual si no se tratara de fuentes importantes, estaban expuestos para que se los llevara quien quisiera. Se trata de tres joyas, que valen tanto por las ponencias enviadas al evento por pensadores de la talla de un Nicolás Abbagnano, Gallvano Della Volpe, José Vasconcelos, Hans George Gadamer, Karrl Jasper, Julián Marías, Bertran Rassel entre otras figuras destacadas del pensamiento filosófico de la postguerra, como, por la ponencia pronunciada en la Sesión de Clausura por el “excelentismo Señor Presidente de la Nación Juan D. Perón”; un discurso al que en lo teórico no hay mucho que objetar, como si lo habría de su puesta en práctica en un contexto de culto a la personalidad que termina tirando por la borda las buena intenciones (si es que las tenía en verdad) del declamador, alguien de cuyos seguidores diría Borges; “Los peronistas no son ni buenos, ni malos; son incorregibles”. Este parece ser el caso de José Pablo Feinmann.

Sin embargo tal es la dialéctica de las cosas que el criticado programa me ha servido para reavivar el interés por una figura del pensamiento filosófico a la que hasta el momento había prestado poca atención, me refiero a la filosofa alemana de origen hebreo Hannah Arendt, cuya justificación de Heidegger Feinmann rebate en el programa.

He leído varios textos de la pensadora y para asimilarla de manera un poco mas relajada he visto la película que lleva su nombre; Hannah Arendt, realizada en 2012, bajo la dirección de Margarethe von Trotta, quien escribió también el guión en compañía de Pam. La pensadora es interpretada por Barbara Sukowa , quien destaca más que por su talento, por lo poco que observo en el resto del elenco, en particular en los actores encargados de representar una intelectualidad norteamericana indignada por el modo en que la Arendt reportó e interpretó El proceso de Eichmann.

Sin embargo, el aspecto actoral no le resta importancia a una película que no sólo rescata la figura de una de las pensadoras más importante del siglo pasado, sino también que ayuda a colocar sobre el tapete la diferencia abismal que existe entre hacer “periodismo” y hacer “filosofía” de un mismo hecho, el periodismo se queda en el espectáculo y contará una historia que por más que nos ponga los pelos de punta obedece a un guión preescrito, como si se trata de una película, sobre lo que debe ser la realidad, el filosofo, verdadero, al contrario cuestionará los códigos establecido restregándole al mundo que las cosas nos son como se ven a simple vista, se trata de una hazaña que se puede pagar muy caro, ya lo vimos con Sócrates y lo veremos en la película con las amenazas que recibe Arendt no solo por parte del público lector norteamericano, sino de sus antiguos compañeros sionistas.

No soy tan inocente como para no darme cuenta de que el objetivo de esta historia no se reduce a resaltar una figura Hebrea, se trata de un recurso muy astuto por parte de los alemanes de cuestionar el tratamiento que se les ha dado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndoles en los malvados de la película, cuando en realidad las atrocidades de aquella época se repartían a partes iguales entre las potencias aliadas y las del eje, solo que las segundas, al ser derrotadas vieron expuestos unos trapos que no serían mucho mas sucios que los que se habrían ventilado, si por ejemplo, Inglaterra, la URSS o los propios Estados Unidos hubiesen sido los vencidos.

La intencionalidad alemana se trasluce hasta en la expresión de un conflicto generacional que suele utilizarse para explicar el surgimiento de los grupos terroristas de izquierda que asolaron La República Federal Alemana en la pasada década de los setentas, me refiero al complejo de los hijos por la colaboración de los padres con el nazismo. En el filme se expone el conflicto de los jóvenes judíos que acusan a las Viejas generaciones de cobardía, colaboración o simplemente prostitución como vía de sobrevivencia al holocausto. Por cierto en el filme se nos cuenta de la entrega sexual de Arendt a Heidegger en una típica relación que nace de la admiración de la alumna por el profesor. Quizás sea aquí y no en el proceso de Jerusalén donde se encuentran las raíces que tiene la compresión de la filosofa por los hombres que terminan colaborando con el mal.

Biografía de una pensadora

Johanna Arendt nació en las cercanías de Hannover el 14 de octubre de 1906, en el seno de una familia hebrea secularizada proveniente de Königsberg, actual Kaliningrado, entonces parte del Imperio Alemán; será en esta ciudad donde crecerá Kant y no es de extrañar que le dedicara a algunos trabajos a uno de los hijos mas ilustres de ese lugar, Enmanuel Kant.

En 1924, matriculó en la universidad de Marburgo (Hesse) donde fue alumna de Martin Heidegger (en la película nos la presentan como su favorita) y de Nicolai Hartmann.

Heidegger tenía 35 años, y 17 mas que Arendt cuando comenzaron una relación amorosa que tuvo que mantenerse en secreto  para no afectar la condición de padre de familia del profesor.

En1926 la joven parece no soportar la situación y se traslada a la universidad Albert Ludwig de Friburgo, donde es alumna de Edmund Husserl. Luego estudió Filosofía en la universidad de Heidelberg (Baden-Wurtemberg), doctorándose en 1928 con una tesis sobre El concepto del amor en san Agustín, tutorada por Karl Jaspers quien será su amigo al morir en 1976. La tesis doctoral, será publicada como libro en 1929 en Berlín.

En Heidelberg la joven entra en contacto con Kurt Blumenfeld, portavoz del movimiento sionista alemán, quien le hace tomar conciencia de la situación de los judíos.

En el año 1929, se casa en Berlín con el filósofo Günther Stern (más tarde Günther Anders). En marzo de 1933 el marido emigró a París, ella se mantiene en Berlín colaborando con una organización  sionista, y ayudando a refugiados judíos.

En julio de 1933 es detenida durante ocho días por la Gestapo. En 1933 aboga por el enfrentamiento de la intelectualidad  con el régimen nazi sin encontrar eco entre intelectuales, incluidos judíos, quienes optaban por la convivencia con el Nuevo Régimen. El caso más doloroso es el de la afiliación de Heidegger en el nacional socialismo por lo que deja de comunicarse con él hasta 1950.

Ese mismo año emigra a París donde sigue colaborando con los sionistas que organizaban la emigración de jóvenes judíos a Palestina. Poco a poco se va separando de Günther Anders, cuyas afinidades eran mas cercanas al comunismo que al sionismo, al final el matrimonio se disuelve en 1937. Un año antes había conocido a un disidente comunista, Heinrich Blücher con el que se casa en 1940. Ese mismo año es internada en un campo de reconcentración francés, del que escapa aprovechando la confusión generada por la toma París por el ejercito alemán. Se traslada a Lisboa, llegando con su marido y su madre a Nueva York, Estados Unidos.

Durante sus primeros años de exilio trabaja en organizaciones y publicaciones judías, exponiendo las experiencias y conocimientos sobre lo que significa ser un sin papeles, en  1943 We Refugees, publicó en la revista judía Menohra. Un trabajo de suma actualidad, pone sobre el tapete los cambios históricos que afectan los conceptos de ” refugiado” y ” solicitante de asilo ” .  En sus tiempos , argumentó , el significado de “refugiado ” eso que en los tiempos modernos son internados en campos de concentración por parte de sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos.

Fue gracias al trabajo y colaboración de la filósofa con estas organizaciones judías que pudo mantenerse la familia Arendt hasta el año 1951, año en que Blücher consigue trabajo como profesor de filosofía en una universidad

Entre los años 1949 y 1950 Arendt visita nuevamente Alemania, donde reencuentra con sus antiguos profesores Karl Jaspers y Martin Heidegger. A partir de 1952, visita regularmente Europa e Israel.

Apenas terminada la II Guerra Mundial, Arendt había comenzado a escribir un estudio sobre el nacionalsocialismo al que incorporara el tema del estalinismo. El trabajo es publicado en 1951 con el título The Origins of Totalitarianism (Los orígenes del totalitarismo. Ese mismo año termina la condición de apátrida para Hannah Arendt al recibir la nacionalidad  norteamericana. El libro le abre las puertas en 1953 para una cátedra temporal en el Brooklyn College de Nueva York.

Su segunda gran obra será, The Human Condition, La condición humana, publicada en 1958; está dedicada al nacimiento del individuo y su tarea de configurar el mundo, en conexión con las demás personas.

En la primavera de 1959 logra impartir clases  en la universidad de Princeton, convirtiéndose en la primera mujer en enseñar en tan prestigiosa institución.

Karl Adolf Eichmann (Solingen, 19 de marzo de 1906 %96 Ramla, 31 de mayo de 1962) fue secuestrado, en Argentina en 1960. De abril a junio de 1961, tiene lugar el acontecimiento central de la película comentada arriba. Arendt, trata de la asistencia de la filósofa en condición de reportera de la revista The New Yorker, al proceso contra Adolf Eichmann en Jerusalén. Allí escribe los artículos que mas tarde aparecerán como libro en 1963, bajo el título de Eichmann en Jerusalén: Un informe sobre la banalidad del mal, de este hablaremos mas abajo.

Durante el juicio que se le siguió en Jerusalén, Arendt no sólo se centró en el papel jugado por el funcionario nazi, del traslado de los hebreos a los campos de muerte, sino también en la cooperación recibida para la tarea, de parte de los consejos judíos encargados de elaborar las listas de transporte al campo de concentración de Theresienstadt que fueron realizadas por el consejo judío. Así por ejemplo el antiguo rabino de Berlín Leo Baeck, había considerado que era mejor para los judíos no saber su destino, ya que la espera de la muerte sólo habría sido más dura. Difundir esta información le valió a Arendt la circulación de una carta de la Anti-Defamation League, llamando a todos los rabinos de Nueva York para que predicaran contra la filósofa el día de Año Nuevo (Rosh ha Shana, 4 de octubre)

Arendt fue catedrática en la universidad de Chicago De 1963 a 1967, y de 1967 a 1975 en la Graduate Faculty de la New School for Social Research en Nueva York.

A pesar de esta precariedad laboral no le faltaron distinciones y doctorados honoris causa a la pensadora, como del premio Sonning

Falleció tempranamente, a la edad de 69 años el 4 de diciembre de 1975, Nueva York, Estados Unidos, oficialmente se dice que debido a un infarto agudo de miocardio, mas quien nos quita la idea que no ocurriera este ataque como consecuencia de algún tipo de cicuta convenientemente administrada a una persona incómoda, descubridora de verdades profundas y acusada de arrogante por no seguir a la masa.

Hoy en día no faltan las instituciones que intentan salvar la memoria de esta gran pensadora. Por ejemplo, en 1993 se creó el Instituto Hannah Arendt para el estudio del totalitarismo%BB (Hannah-Arendt-Institut für Totalitarismusforschung e.V., HAIT) en Dresde. Por otra parte tenemos funcionando desde 1999 el Centro Hannah Arendt de la Universidad Carl von Ossietzky de Oldenburgo. Aquí se encuentran originales copias de la mayoría de los documentos legados por Hannah Arendt. Ademá son editados los cuadernos Hannah Arendt Studien, en forma de colección de libros. A esto hay que añadir las jornadas y otros eventos sobre las obras de Hannah Arendt, que tienen lugar en diversas academias del mundo.

El Caso Eichmann y nuestro tiempo

En su ensayo sobre el juicio que en 1961 se llevó a cabo contra Adolf Eichmann, Hannah Arendt desentraña la personalidad del teniente coronel de las SS, además de analizar el contexto social y político en los nazis intentaron aplicar la Solución Final. Aquí se recuerda que los rusos, en 1939, habían atacado Finlandia y dividido Polonia, o los asesinatos de Katín, realizados por los soviéticos con absoluta impunidad, así como el hecho de que los crímenes de guerra, estaban previstos por las normas del Derecho Internacional por lo que no hacía falta una nueva ley con fuerza retroactiva, y la principal dificultad surgida en Nuremberg y una de las que se atribuía al juicio de Jerusalén.

Lo nuevo era la existencia de una política de sistemático asesinato que continuaría en tiempo de paz. Este tipo de delito no estaba previsto por las normas internacionales ni tampoco por las leyes internas israelíes. Para ella la monstruosidad de los hechos ocurridos queda minimizada ante un tribunal que únicamente representa a un Estado. Arendt acepta que el Estado de Israel tenía competencia de jurisdicción sobre todo delito cometido contra el pueblo judío pero argumenta en favor de un tribunal internacional que se  encargará de un delito cuya repetición se convierte en una posibilidad mucho más probable que su primera aparición.

En este aspecto, la pensadora más grande del pasado siglo nos alerta sobre las consecuencias, entonces previsibles, del nuevo orden maltusiano que estamos viviendo. lo hace en la parte del libro donde señala que gracias a la tentación genocida que puede crear el incremento de la población mundial, así como los nuevos medios técnicos como la automación, que convertirán a amplios sectores de la población en elementos superfluos, desde el punto de vista vista laboral. Frente a esta amenaza, Arendt, considera el gaseamiento de Hitler como un juguete para niños.

Al resumir, lo que en su consideración es el fracaso del tribunal de Jerusalén, la filósofa señala la omisión de tres problemas: el problema de la parcialidad propia de un tribunal formado por los vencedores, el de una justa definición de delito contra la humanidad, y el de establecer claramente el perfil del nuevo tipo de delincuente que comete este tipo de delito.


Para ella en Jerusalén los intereses de la justicia quedaron todavía más perjudicados de lo que lo fueron en Nuremberg, ya que el tribunal no admitió testigos de la defensa. Sin embargo la pensadora reconoce que los  del tribunal de Jerusalén fueron más justos que los del tribunal de Nuremberg, Así mismo señala entre los grandes problemas planteados en el proceso de Eichmann, la premisa, de que para la comisión de un delito es imprescindible que concurra el ánimo de causar el daño. Otro problema en su opinión, radicaba en la función cumplida por los dirigentes judíos. En resumen terminan aceptando la afirmación hecha por el acusado y su defensor, de que Eichmann había sido llevado ante el tribunal porque se necesitaba un chivo expiatorio, y este chivo expiatorio que lo sería, no solo la República Federal del antisemitismo sino también del género humano y su pecado original.

Arendt creía que el proceso debía celebrarse con la finalidad de administrar justicia, y nada más. Pero al mismo tiempo lo tenía la menor duda de que la personalidad del acusado y la naturaleza de sus actos, así como el proceso en sí mismo, plantearon problemas de carácter general que superan aquellos otros considerados en Jerusalén. Por último con el término de la banalidad del mal, señaló la evidencia de que de que Eichmann no era un Yago ni era un Macbeth, ni tenía intención alguna de convertirse en un  villano, mas allá de su extraordinaria diligencia en orden a su progreso personal.  Eichmann no era un criminal, no supo jamás lo que se hacía y fue gracias a esta falta de imaginación que pudo explicar abiertamente al encargado de su interrogatorio en Jerusalén, la mediocridad de su carrera profesional


No es que el teniente coronel de las SS fuera  un estúpido, su mal como el de tantos funcionarios de los estados actuales radicaba en la simple irreflexión y fue esto lo que le predispuso a convertirse, según los medios, en el mayor criminal de su tiempo.

De este modo una de las lecciones del proceso, conforme  la autra, es que el alejamiento de la realidad por parte de las “ruedas” de la maquinaria pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes a la naturaleza humana.

En cuanto al concepto de genocidio, con el que se tipificaba un delito anteriormente desconocido, aun cuando es aplicable al caso de Eichmann, la pensadora preferiría substituirlo por el de mantanzas administrativas, expresión que nació a raíz del imperialismo británico, y que los cubanos podríamos reconocer en las reconcentraciones ordenadas por la metrópolis durante la última guerra de independencia.

Harend ve en este concepto la ventaja de deshacerse del prejuicio, según el cual actos tan monstruosos solamente pueden cometerse contra una nación extranjera o una raza distinta, muchos de los cubanos que morían reconcentrados no se diferenciaban etnicamente de aquellos que les custodiaban en las ciudades de la Cuba de fines del siglo XIX. Arendt nos pone el caso de las matanzas colectivas iniciadas por los hitlerianos en forma de muerte piadosa a los enfermos incurables, un programa que se planeaba continuar en forma de exterminio de los alemanes “genéticamente lesionados”. Algo muy parecido a los que vemos hoy en día con los fetos no deseados.

Lo que Hannah pone en evidencia es que estas matanzas puede dirigirse contra cualquier grupo, a partir de factores circunstanciales. Por ello augura que en un futuro no muy distante, aparezca la tentación de exterminar a aquellos cuyo cociente de inteligencia esté por debajo de cierto nivel. Es en este punto donde para mi trasciende esta obra de Hanna Arendt, que al igual que las de arte, podemos leer en su versión abierta, llevándonos a cuestionar el papel que  juegan los Adolf Eichmann de nuestro tiempo, y no hablo sólo de militares, que los hay y de sobra, sino de aquello otros a los que pocos se atreven a descubrir, aquellos que de bata o cuello blanco se aplican, con la misma meticulosidad usada por el condenado de Jerusalén en sus tiempos de servicio al tercer Reich, a la aniquilación de millones de seres humanos antes de que estos vean la luz o al contrario cuando aún les quedan algunas salidas del sol por ver, ya sabe usted que suele leerme de que “mantazas administrativas” hablando sino le pongo el ejemplo de la que se está fraguando en Béligca donde a propuesta de los socialistas y otros grupos políticos ya se debate la legalización de la eutanasia para menores que padezcan enfermedades “incurables”. Dígama a quien le recuerdan. Lo que sí está claro, es que antes de combatir o juzgar a estos clones del pasado tenemos que comprenderlos, y en este sentido el pensamiento Hannah Arendt nos señala camino.

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