Si el amor no es cuestión de sexo, la violencia tampoco

26 Sep

Pintura del artista sueco John Erlandsson

A cada rato descubro con la lupa alguna notita en la prensa sobre caso de violencia en la pareja homosexual, generalmente acompañado de la queja de la victima por el poco trato que reciben de partes de instituciones dedicadas al tema de las peleas domésticas, evidentemente y por mas que les domine una ideología de genero, o tal vez por ello mismo, estas instancias reaccionan de un modo que bien podríamos llamar homofóbico, centrando la atención solo en las apaleadas (nunca en los apaleados) cuando esta ha sudo victima del sexo opuesto, no del suyo propio.

Buscando documentación científica sobre el asunto, apenas he descubierto algún que otro opúsculo dedicado que se pierde en medio de la infinita bibliografía, mas pseudocientífica que científica que nos explica el funcionamiento de esa llamada variación sexual, una opción que tiene, desde el punto de vista evolutivo menos justificación que el de la famosa madre que hace poco se casó con su hijo.

Y siendo tan escasa la información sobre la violencia dentro de esa nueva hermandad santa que conforman los muchachones-muchachotas LGTB, hay que agradecer el pequeño espacio que le dedica al tema, el llamado Banco de Conocimiento dirigido por el Centro Nacional de la Mujer (NCK) adjunto a la Universidad de Uppsala.

No es que la tenga todas con el NCK, pero debo reconocer que en su acumulación de recursos en el asunto de violencia contra la mujer, y de la violencia en las relaciones entre personas del mismo sexo, pueden encontrarse cosas curiosas.

Según el banco existen similitudes si se compara la violencia en las relaciones de lesbianas, gays, bisexuales y trans con la violencia que se produce en las relaciones heterosexuales. Algo que en realidad no me extraña mucho la verdad. Así mismo reconocen que abuso en las relaciones entre personas del mismo sexo representa una especial vulnerabilidad para los afectados, de esto culpa a la norma heterosexual que domina la comunidad en que viven las personas LGBT, tal vez esto pueda ser así en sociedades distintas a al sueca, pero en el país nórdico se me antoja que el problema radica en la vocación del poder establecido de santificar este tipo de relación como una receta mas de control natal.

Sin bien el banco reconoce la falta de datos sobre la proporción de la violencia dentro de población que vive en las relaciones de personas del mismo sexo nos da un dato muy interesante; según un estudio realizado en Suecia entre pareja homosexuales el 24,9 por ciento de los encuestados experimentó alguna forma de abuso psicológico , sexual y / o físico en una relación actual o pasada esta proporción sería similar a los resultados obtenidos en los estudios de vulnerabilidad de las mujeres frente a la violencia en las relaciones heterosexuales.

De la vocación antimasculinista de este tipo de investigación sobre la violencia en las relaciones entre personas del mismo sexo nos habla el hecho de que ella se ha centrado en las relaciones lesbianas lo que supones grandes lagunas en el conocimiento sobre la vulnerabilidad de los hombres gay, bisexuales y transexuales ante la agresión de sus parejas.

Esta falta de información es la prueba tanto del interés con el que se administran los recursos científico como de lo tendenciosas que son las estadísticas sobre la violencia de las parejas heterosexuales.

Dos personas conviviendo tarde o temprano tienen conflictos, y entre ellas, según la educación o el temperamento, habrá quien se vaya a las manos.  Pero si analizando el fenómenos sólo te centras en los casos que se dan dentro del matrimonio tradiciona,l pierdes de vista que la violencia está en la naturaleza humana y nada o poco tienen que ver con lo que plantea mitología feminista; tanto en lo que respeta a la equiparación del hombre con la bestia, como en su victimización de la mujer, esto por no hablar de la sacralización del matrimonio homosexual, que sin venir al caso, hoy parece concomitar con la agenda del feminismo contemporáneo, como ayer lo fue la despenalización del aborto.

Al final queda claro aquellos que quieren convencernos de que amor no tiene edad, perdón, quise decir género,  por su parte deberían reconocer que la violencia entre parejas tampoco es cuestión de sexo.

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