Félix Varela: precursor de la independencia

17 Ago

varela

En 1820 una sublevación pone en vigor en España la Constitución liberal de 1812 que ganó para su causa a los sectores más progresistas de la isla; mas cuando Fernando VII, reimpone el absolutismo en España muchos liberales cubanos, hasta el momento reformistas y autonomista abrazarán las ideas de la revolución y la independencia, tal fue el caso de la figura de Feliz Varela. Félix Varela y Morales llegó a representar a Cuba ante las Cortes de Cádiz; nació Varela el 20 de noviembre de 1788, en La Habana, tanto su abuelo como el padre don Francisco Varela eran castellanos y militares, sin embargo su madre, Josefa Morales, era habanera. Terminada la educación primaria, Varela elige la carrera eclesiástica y hace estudios de humanidades, filosofía y teología en el colegio de San Carlos y San Ambrosio de La Habana, donde obtiene el título de bachiller en Teología, a los 24 años se inició en la docencia desde la Cátedra de Filosofía del Seminario de San Carlos; por su notoria popularidad y capacidad resultó elegido por el obispo Espada (mas tarde acusado de masón) para dirigir la cátedra de la Constitución que este había creado. Como texto para la asignatura escribirá Varela su último libro impreso en Cuba, “Observaciones sobre la Constitución política en la Monarquía española“.
Elegido como diputado a las Cortes de Cádiz se traslada a la península donde le sorprende en 1823 la invasión al país por el ejército francés, solicitado por Fernando VII, para imponer su régimen absolutista, al ser invadido el país Varela estaba defendiendo un régimen autonómico para Cuba, también respaldó la suspensión de Fernando por lo que será condenado a muerte por la audiencia de Sevilla el 2 de Mayo de 1825; por este hecho tuvo que buscar asilo, cruzando el estrecho de Gibraltar para recalar en Estados Unidos, donde vivió desde diciembre de 1823 hasta febrero de 1853.
La facilidad con que se restableció la tiranía en España hizo cambiar a Varela su manera de pensar, comprendió que si Cuba quería ser democrática, esto no lo lograría con una autonomía dentro de la despótica España sino con la independencia. Para fundamentar y difundir esta línea política publicó el Habanero, el cuál sostuvo y escribió desde 1824 hasta 1825. El periódico se editaba en EUA y circulaba clandestinamente en Cuba. Llego a publicar siete números, de los cuales circularon seis; con el tiempo recibió otra decepción al comprender que el pueblo de Cuba no estaba preparado para la independencia, entonces se volcó a la carrera sacerdotal, entre aquellos maltratados irlandeses, o tan bien descritos en la película de Martin Scorsese “Gangs of New York” (Pandillas de New York) 2002.
En uno de sus artículos: “Reflexiones sobre los motivos que suelen alegarse para no intentar un cambio político en la isla de Cuba”2; asegura que la malicia que había encontrado en la timidez del pueblo cubano era un agente eficaz para promover los intereses del gobierno español, como respuesta a las razones con las que se paralizaba el independentismo afirmará:
“Contribuyan con sus luces unos, otros con su influjo y otros con su dinero a salvar la Patria y con ella los intereses individuales, y este corto sacrificio removerá ese grande obstáculo que tanto se pondera. Repítese de mil modos que es imposible efectuar la independencia sin auxilio extranjero, y yo pregunto: ¿que se ha hecho para conseguirla?¿sobre qué pruebas descansa la aserción de su imposibilidad? Verdad es que un número de patriotas hizo esfuerzos poco felices para romper unas cadenas que se han remachado; verdad es que prófugos unos, perezosos otros y todos desgraciados recuerdan constantemente el lamentable, y yo no sé si me atreva a llamar criminal, conque han sido mirados por muchos que aspiran al título de patriotas”
Varela habla en su artículo “Máscaras Políticas” de los “patriotas” que muy pronto van por la paga de sus acciones y sacrificios, en una especulación política idéntica a la mercantil: “extranjeras”. En el artículo “Consideraciones sobre el estado Actual de la Isla de Cuba“, destaca la preponderancia de Cuba y la opinión mercantil sobre la política en Cuba: “Es preciso no equivocarse. En la isla de Cuba no hay amor a España, ni a Colombia, ni a México, ni a nadie que no sean las cajas de azúcar y los sacos de Café“.
En “Sociedades Secretas en la Isla de Cuba” se burla Varela de sociedades y conspiraciones que fueron secretos a voces, de las que todo el mundo sabía sus objetos y operaciones y de las que sólo se ignoran “algunas puerilidades y algunos manejos bien subalternos”. Mientras que en paralelo entre la revolución que puede formarse en la isla de Cuba por sus mismos habitantes, y la que se formará por la invasión de tropas extranjeras” condenaría la importación de la revolución con tropas bolivarianas que de hecho significaría la anexión a la Gran Colombia:”Yo soy el primero que estoy contra la unión de la isla a ningún gobierno, y desearía verla tan isla en política como le es en naturaleza; pero no puedo persuadirme de que si se llegase a efectuarse la unión a Colombia, no fuese por la voluntad del pueblo sino por una conquista…”
No quiero terminar esta reseña sin recomendar al interesado en Varela, la lectura de un excelente libro: El Habanero: papel político, científico y literario, Ediciones Universal, Miami,1997.
Con introducción por Mons. Agustín Román, en la obra se encontrará, un ilustrativo bosquejo histórico de  José M. Hernández sobre el independentismo cubano del que Varela fuese un precursor; una ideología que desencadenará una guerra con actores muy  ligados a otro pensamiento político del que también hablaremos, el del anexionismo a los Estados, posición que, en los primeros momentos del alzamiento,  unificó en medio de sus diferencias las posiciones de Ignacio Agramonte  y Carlos Manuel de Céspedes como Hernández nos recuerda.
Así mismo  y volviendo a una etapa previa, veremos,  por sus propios textos , como argumentó Varela contra la esclavitud, como desacreditó lo mismo a los continuistas del colonialismo, que a enemigos de del estatus cuo , en particular sus organizaciones secretas. Y del mismo modo que ataca las conjuras independentistas con las el Prebístero no las tenía todas consigo, nos encontramos a un Varela alabando el estado eclesial en su isla,  manifestando su fe en que la religión nuca debe justificar la tiranía, o abordando temas de las ciencias naturales, la ingeniería o la filosofía. Hay también en esta compilación de textos y eso vuelve curiosa la obra, la voz de quien ataca al patriota, algo raro la bibliografía cubana y que de algún modo nos ayuda a pensar en ese filósofo y actor político, mas que como el santo en que quiere convertirlo la iglesia, en el hombre apasionado y falible que sin dudas fue, sin mellar por ello en el respeto que nos merece su obra y su pensamiento.

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