El Solista: en defensa del enfermo mental

19 Jul

 

 

The Soloist (El Solista) es una buena película de 2009 que no había tenido oportunidad de ver hasta ayer. Gracias a Dios, como decía mi abuela nunca es tarde si la dicha es buena, m¡as cuando desde el arte se denuncian males de tremenda actualidad; como es el caso de la desidia de la sociedad ante una enfermedad como la esquizofrenia cuyos afectados aumentan en todo el mundo.

El mal se caracteriza por delirios y alucinaciones de un enfermo que se cree poseído por voces. No se conocen claramente sus causas se cree que puede tratarse de una combinación de razones hereditarias y mutaciones de genes y en la que ocasiones el consumo de drogas como la mariguana u otras mas fuertes se convierte en factor detonador.

La película nos cuenta un caso real, se trata de la vida del cellista Nathaniel Ayers, devenido en músico callejero que es descubierto en el 2005, por Steve López, periodista de Los Ángeles Times. El columnista encuentra algo más que una buena historia, un motivo para comprender la necesidad de un genio abandonado a su suerte por la familia y la sociedad, al que no se puede medicamentar por ese respeto mal entendido de la individualidad que de hecho funciona como una especie de complicidad con el suicidio.

Narrándonos una historia “norteamericana”, se nota desde el inicio, por lo culto y lo crítico con la paja en el ojo ajeno el origen europeo de quien la dirige. Se trata del londinense Joe Wright, un niño nacido en 1972, cuya dislexia y sobrepeso le convirtió en el hazmerreír de sus compañeros, para evadir el acoso se metió en teatro; la combinación de todo aquello se ha revertido en auténtico talento.

Susannah Grant escribió el magnifico guión de la película, basándose en la novela The Soloist, escrita por quien sirve de fundamento al personaje central, Steve López, cuya encarnación real nos dirige unas palabras el principio del filme, luego nos lo interpretará Robert Downey, Jr., muy bueno en el rol del periodista; sin embargo quien se lleva la palma de actuación es Jamie Foxx quien da vida a ese Nathaniel Ayers, que hoy por hoy lo mismo encontramos en Los Ángeles que en Estocolmo, solo, sin un amigo que le tienda la mano, el amigo que López supo ser para el músico callejero, sin un sistema de salud dispuesto a resolver sus problemas como debe ser, por el contrario complementando para su mal el daño causado por la modernidad a todo aquello que podría haber neutralizado los efectos funestos de la locura, desde el núcleo familiar hasta la un sentimiento generalizado de piedad.

Se trata pues de una rara película en tiempo de postmodernidad, no es ambigua ni sirve para evadirse, distraerse o gozar, sino para reflexionar y si me apuras, como impulso para actuar, en este caso en defendiendo de sí mismo y del sistema al enfermo mental.

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