Por una arqueología de la crítica social hecha desde el arte

27 Jun

A propósito de la nota de Eduardo del Llano: HISTORIA DE LA CRÍTICA
La critica social hecha desde el arte, que no desde la política aceptada, tuvo ciclos específicos en Cuba, la falta de una arqueología y luego de una taxonomía que descubra que fue  concretamente lo que en cada momento estuvo permitido criticar, o que sea capaz de diferencias, con el ejemplo de Las Doce Sillas o la Muerte de un burócrata, cual era la burocracia que se combatía, no para suprimiera de una vez, sino como barrera al voluntarismo y la falta de legalidad del nuevo régimen, creador a su vez de una nueva burocracia, no menos racional (desalmada) que la heredada de la época republicana.

El problema está en la falta de este cuadro detallado, en lo crónico y sincrónico, que nos ofrezca el mapa sinuoso de la tolerancia cubana, y nos devele su guión, así como los mecanismos, siempre variados, de disciplinamiento del crítico, que actualice los desplazamiento temporales de la censura, un movimiento que hoy se patentiza en la diferencia de precios que tienen que pagar, el crítico social que dispara desde el arte, si se le compara con el destino de un Heberto Padilla por su “Fuera de Juego” con el del propio Eduardo del Llano por sus actuaciones teatrales, sus obras literarias y sus películas indiscutiblemente contestatarias.

Lo mismo diríamos de los Aldeanos por pus creaciones,  Aldeanos, por no hablar de las creaciones, no muy artísticas que digamos, pero francamente opositores al gobierno de Gorky Ávila y su grupo Porno para Ricardo.

En resumen,  lo que induce al error, tanto entre los defensores del proceso vivido por el país tras la caída de Batista , como por sus detractores,  es la falta de representación precisa  de las evoluciones e involuciones que se observan en el permiso del arte para criticar. Por poner un claro ejemplo inter generacional, entre los castigos recibidos por Silvio Rodríguez y por Silvito el libre por cuestionar, cada uno a su manera, la realidad social.


Lo curioso es que lo mismo se puede y se debe hacer en las sociedades llamadas abiertas. Donde el poder administra con formas mas o menos sofisticadas la disidencia, ya sea convirtiendo esta en cosa de elites, sin mayor impacto social, ya haciendo ruido en el sistema que permitiría canalizar esa misma crítica hacia la acción social, de abajo hacia arriba.

Esto es lo que ocurre, con grados de diferencia lo mismo en Cuba, que en China, que en España, Suecia o que en Estados Unidos. Descubrir las similitudes es sólo cuestión de, tiempo, estudio y perspectiva, pero las estructuras son objetivas.

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