Debatiendo con un homosexualista cubano

8 Jun

Matrimonio Gay-transexual cubano, celebrado entre Wendy e Ignacio, el 13 de agosto (día del cumpleaños de Fidel Castro) de 2013. A la izquierda la madrina de la boda,  la blogera Yoani Sánchez. Foto; Globovisión

Hace pocos días descubrí en la página del Obervatorio Crítico el artículo de Isbel Díaz Torres: “Naturaleza en la homosexualidad“. En el se pedían opiniones y yo he querido dar la mía con la siguiente nota:
Es la homosexualidad un proceso tan natural como el suicidio de las ballenas, lo que no es natural es el ejercicio, más que de protección, de promoción de la misma que se hace desde la ideología neomalthusiana predominante en los países desarrollados y a la que Cuba, curiosamente, se ha sumado.”
Con ella se ha desatado un debate, del que no ha estado ausente el propio autor de “Naturaleza”, la cual por lo visto se ha sentido agredido y me ha respondido con un largo texto en el que no falta cierto tono de arrogancia y perdonavidas y ganas de entrar en pelea. Y yo que veo en la polémica el mejor modo de searrollar las ideas,  tampoco he sido parco en las respuesta. Aqui se las dejo:

Isbel Díaz Torres, Yo tampoco ignoraré su respuesta a mi nota, aún en la conciencia de que resulta ocioso intentar convencer a la persona por la cual habla una ideología que en su caso es la de los especuladores Queer, enfrascados en la lucha por desarticular la relación heterosexual como motivo natural del crecimiento poblacional, se ahí su subordinación al proyecto neomalthusiano que promueven en todos el mudo los jerarcas del Foro Económico Mundial a través de su Asamblea Anual en Davos.

Sobre la defensa de los derechos sexuales discutiremos más adelantes, en cuanto lo de que de inclinaciones sexuales no pueden imponerse, eso habría que santificarlo, convertirlos en mártires de la sexualidad, siendo como es el ser humano un animal cultural, que ha de aprenderlo todo, incluso las formas de canalizar su libido, y del cual se puede construir lo mismo hetero que homosexuales, como se demuestra lo mismo en las tribus primitivas Papua que en la antigua Grecia. En este sentido no le falta razón a los homosexualistas cuando cuestionan la naturalidad del la heterosexualidad, su error está a la hora de contraponer a la heterosexualidad que definen como construcción una homosexualidad que asumen como natural.

Sin venir muy a colación, nos cuenta Isbel Díaz Torres, su implicación personal en el asuto al decir que trataron de imponerle la “heterosexualidad, y no lo lograron”, lo curioso sería deconstruir el proceso opuesto, cuyos actores externos no nos revela, que nos revelara quien o quienes le impusieron esa homosexualidad que asume como cosa natural y cuya consumación como sabemos siempre es cosas, por lo menos de dos.

Escribe Díaz Torres: “no conozco de ningún heterosexual que se haya convertido en homosexual por la socialización de esos temas”; lo cual denota ya no un desconocimiento de la historia social de su propia inclinación, sino tambien un pensamiento esencialista que resulta totalmente incoherente con la doctrina que defiende, acaso de manera vergonzante.

En cuanto a la homosexualidad escondida, no creo que esta sea mayor que la heterosexualidad que ha de ocultarse, la heterosexulidad tambien se reprime día a día y pocos enloquecen por ello, mas allá de algún violador o alguie que hace de la homosexualidad un sustituto, como suele ocurrir en ese mundo animal que nos muestra gráficamente el autor.

La heterosexualidad es duramente reprimida por la infancia, por la economía, por la incomunicaciones humaman y mas cando esta se encamina, al objeto inadecuado por ejemplo a la pareja formal de un amigo. Asi pues los homosexuales no son particularmente victimas de la canalización de una pulsión por parte de la civilización, creadora de una pareja humana estable, como no debió existir en la barbarie y que garantizara el nacimiento y crianza de los hijos. El caso es que la sexualidad siempre ha sido reprimida, solo que vivimos en tiempos de santificación de una de sus formas estériles, la que se inclina al mismo sexo, mientras se intenta desarticular la alternativa por las mil vias con las que hoy se socava la llamada “familia tradicional”.

Por supuesto, una vez superada la sociedad industrial la importancia de esos hijos para el poder se reduce a la nada, ya no le sirven ni siquiera para una guerra que en buena medida se teledirige por control remoto.

Es necesario pues emprender lo que usted cree es su lucha y que en definitivamente es servir aquellos que son los máximos responsables del envejecimiento poblacional allí donde el capitalismo se ha elevado a capitalismo monopolista de estado, barriendo o sometiendo a al pequeña empresa, ya por las artimañas del mercado que con el camino fácil rápido de la revolución socialista, y del mismo modo que ayer fueron los obreros los supuestos beneficiarios y vanguardia de aquella, hoy resultan los homosexuales como es su caso las vanguardia de una lucha, que mañana les dejará en la estacada, cuando se cumpla el objetivo final, reducir la población humana, sea o no homosexual, una inclinación que no hay por que politizar con acciones positivas, del mismo modo que no se hace con el resto aquellos que el viejo Malthus consideraba inclinados a las “las pasiones contrarias al voto de la naturaleza”: entendamos por ellas las que satisface el onanista, el bestialista, el fetichista, el sadomasoquista por no hablar del pedófilo cuyo movimiento subterráneo ha visto en el activismo gay, su modelo de organización y su esperanza de triunfo. Son ellos en resumen los mejores contribuyentes, junto a las guerras y las epidemias a impedir ese crecimiento poblacional que tanto aterra desde que saliera a la luz en 1798 el Ensayo sobre el principio de la población de Thomas Robert Malthus, no es de extrañar que sea en los países anglosajones, o en aquellos que están bajo su influencia económica, donde cuente con mas fuerza y recursos el movimiento LGBT.

Le única forma de terminar con cualquier discriminación sexual es, sacando al estado del alcoba, reduciendo el tema de la sexualidad, cualquiera que ella sea a la intimidad de los individuos, convirtiendo en irrelevante lo que hasta el momento ha sido observado como un elemento pertinente a la hora de evaluar al ciudadano, como lo es cualquier otra actividad fisiológica suya. Otra cosas seria la necesidad de dar un tratamiento legal especifico a una pareja humana con condiciones reproductivas, precisamente para garantizar los derechos de la tercera personalidad jurídica que se nace de esta pareja, es decir el hijo. Esto no tienen nada de discriminación, como pretenden hacernos creer los que hacen la vista gorda ante el elemento reproductivo.

Pero ustedes hacen lo contrario, convierten en bandera política y airean sus hábitos sexuales, con un desparpajo que deja atrás al dé los heterosexuales.

Y lo peor no es eso, lo peor es la manera en que, de manera complementaria a las demandas gays, se frena el derecho de los padres a orientar la sexualidad de sus hijos, dejando esta en manos de “pedagogos”, influidos por las doctrinas de “género” con la misión no declarada que descubrir un homosexualismo esencial en la primera desorientación genérica del niño o un joven, y que aplicarán todo lo que hemos aprendido sobre la sexualidad humana para que con el cuento de que “sean ellos mismos” incrementen la atracción por el mismo sexo en detrimento de la inclinación por el genero opuesto, hasta conseguirse así un individuo habituado a intercambiar orgasmos precisamente con aquellas personas con las que de modo alguno podría engendrar nuevos hijos, es decir con la que tienen genitales idénticos.

No nos extrañemos pues que el crecimiento de las comunidades homosexuales allí donde los supuestos derechos de estos grupos se suponen “mas protegidos”, se trata de algo mas de individuos salidos del escaparate, de una producción en serie que cualquiera puede observar sin necesidad de ser para ello solo se necesita saber aplicar un pensamiento critico al arsenal especulativo elaborador por los teóricos profesionales de la ideología Queer, de la que podemos defendernos de ella sin ser especialista en el asunto sexual, y mucho menos de padecer esa supuesto mal de la homofobia, que sin fundamento científico alguno enarbolan contra quienes no piensan como ellos, los mismos que aplauden exclusión de la homosexualidad, el 17 de mayo de 1990, de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud, que elabora la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de una exclusión controvertible a la luz del hecho de que se mantiene en el listado el Desorden de la Identidad de Género, como una forma de garantizar el acceso a la de una atención medica a los transexuales, que ahora se le niega a cualquier homosexual que voluntariamente quiera reorientar su inclinación, esto por no hablar de la auténtica cacería de brujas lanzada desde los medios contra el médico que intente ofrecer este servicio.

Pero no se crea que los transexuales salen muy bien parados de esta discriminación “positiva” con las que se intenta reorientar la fisiología, allí donde se impide reorientar la mente. En realidad lo que se hace, literalmente a los trasgénero es estafarlos, con la complicidad de psicólogos y cirujanos, llevándoles a un quirófano donde más allá de los cambios superficiales, apenas se les cambia sexo biológico de los cromosomas les han determinado, como mas o menos ocurriría si aparecieran óvulos, espermatozoides allí donde nos los había. Eso si, a todos se les esteriliza por ley, aunque ello no fuera imprescindible en términos médicos o estéticos y aunque últimamente están protestando ante la arbitrariedad nadie les hace caso ni les respalda comenzando por el sacrosanto movimiento Gay, una carrilera más de la política despoblacionista que nos depara, mas allá de los sistemas y fronteras, el Nuevo Orden Mundial.

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