Ramón de la Sagra, un gallego vinculado a Cuba: naturalista, antiesclavista, sociólogo, anarquista y para rematar; monárquico integrista

8 May

Ramón de la Sagra, Imagen publicada por Lectores en la red


“Nos guía nuestra pluma tanto un sentimiento de odio a la esclavitud, cuanto un ardiente deseo por la mejora social de las razas comprometidas igualmente por esta fatal condición: a saber los blancos y los negros que habitaban en las Antillas”
José Ramón de la Sagra, 1845

Fue desde la Península Ibérica, que debieron llegar Cuba, uno de los últimos enclaves españoles en El Nuevo Mundo, las primeras referencias al ideal anarquista, entre otras ideologías políticas cosechadas en Europa en el siglo XIX. Se trata de una difusión que tuvo dos vías, la indirecta, en forma de una critica realizada a esa ideología por autores católicos y conservadores, y que de algún modo frenaba o sembraba la curiosidad por las concepciones ácratas, o la directa, la que realizaban publicistas como Ramón de la Sagra. Nacido en la Coruña en 1798 y muerto en Suiza en 1871, de La Sagra debe buena parte de su nombre como intelectual a su vida en Cuba.

Federica Montseny matriarca del movimiento libertario español, escribe lo siguiente sobre su compatriota:
“Sin entregarnos a ninguna euforia de tipo racista, hemos de decir, sin embargo, que antes incluso de que llegaran a España las ideas anarquistas claramente formuladas en la obra de Proudhon, traducido al español por Pi y Margall, había ya aparecido en España un primer periódico anarquista en 1845: “El Porvenir”, que editaron Ramón de la Sagra Peris y Antolín Faraldo. Este periódico apareció en Santiago de Compostela y fue suprimido por un decreto del general Narváez. Ramón de la Sagra, su redactor principal, es el primer anarquista que hubo en España.”

La misma posición sostiene, la Enciclopedia Británica, la cual podemos consultar hoy en la red. Allí, en la entrada dedicada a Ramón de la Sagra aparece lo siguiente: “The first known Spanish anarchist, Ramón de la Sagra, a disciple of Proudhon, founded the world’s first anarchist journal, El Porvenir, in La Coruña.”

Sobre las ideas de Ramón de la Sagra con respecto a la esclavitud, escribe el Lic. Félix F. Torres Verde en su trabajo “El pensamiento económico de Ramón de La Sagra y Pérez”, publicado por la Revista de Economía y Desarrollo 2001 #1, en cuyo resumen leemos:

“Promovió [Ramón de la Sagra] la idea de abolir la esclavitud, llevar adelante el cultivo científico, el trabajo asalariado y por diversificar las exportaciones. Se pronuncia también contra la destrucción de los bosques, contra el concepto burgués de propiedad, por la inmigración de chinos a Cuba para impulsar el trabajo asalariado y propuso la idea de una maquinaria para cortar caña.”

De la Sagra es considerado además padre de la Sociología en España. En 1845 saca a la luz, en Santiago de Compostela el ya mencionado periódico El Porvenir, donde difundirá las ideas de los franceses Francois Maria Charles Fourier y Pierre-Joseph Proudhon. El Periódico será suspendido por decreto y su fundador obligado a exilarse en París 1848-1849. Allí se unirá a Proudhon con quien colaborará en la fundación de un Banco Popular. Es muy probable que hayan llegado a Cuba ejemplares de El Porvenir, teniendo en cuenta los vínculos que, como veremos más adelante, tuvo de la Sagra con la isla en su etapa preanarquista.

Al terminar sus estudios de ciencias en la Universidad de Madrid, en 1823 de la Sagra viaja a Cuba para dirigir el Jardín Botánico de La Habana y la cátedra de botánica del mismo ubicado en los terrenos donde hoy se encuentra el Capitolio Nacional. En la isla el científico español estudió su flora y su economía dedicándole trabajos como “Breves sumarios de la administración y rentas de Cuba” (1826). Así mismo realizó una serie de propuestas reformistas como la de eliminar el monocultivo y la esclavitud, proponiendo el fomento de industrias rurales.

Es en Cuba donde Ramón de la Sagra se estrenó como publicista dirigiendo el periódico “El Demócrito” y fundando la revista Anales de ciencias, agricultura, comercio y artes (1827-1831), donde polemizó con intelectuales criollos como José Antonio Saco, con el que debatió sobre la figura de José María Heredia, hablo de la publicación que en su Segunda época se titulará Anales de agricultura e industria rural. El coruñés también colaboró con las Memorias de la Sociedad Económica de La Habana y en Los Anales de Ciencias. Antes de volver a Europa, en 1835 de la Sagra viaja a Estados Unidos, país que considerará como la meca del desarrollo económico, tecnológico e industrial.

Entre los años 1837 y 1857, los cubanos le deben a de La Sagra, la aparición en París, de una obra monumental, en 12 grandes volúmenes, titulada Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba, en los que las partes referentes a la geografía, la política, la economía, y la introducción a la sección de historia natural serán obras del polígrafo español. Los vínculos se reanudaran en un período posterior, cuando retorne al monarquismo y se convierta en comisionado por el gobierno español en la Junta de Información sobre los problemas de Cuba y Puerto Rico. Otro detalle interesante de este pensador fue, su progresiva oposición a la esclavitud, su favorecimiento de la inmigración blanca a la isla y su visión idílica de los Estados Unidos como modelo de progreso para su época.

Si las reformas -sin duda alguna de inspiración racista, pues en sus orígenes el anarquismo no estuvo exento de tales prejuicios- propuestas por de la Sagra hubieran sido puestas en práctica otro sería el resultado del censo celebrado en Cuba 1861. Según éste la isla tenía una población total de 1, 396,530 habitantes, de ellos clasificados como blancos 793, 484 y de color, 603, 056 de los cuales eran libres 232, 493. De esta población se consideraban trabajadores 607, 889 -96275,862 blancos y 332,07 de color.
Veremos a continuación como se fue como se fue organizando esa clase trabajadora creándose en ella un espacio donde el anarquismo un florecimiento impresionante en el contexto internacional, un anarquismo que también enarbolará en su momento la bandera de la igualdad racial.

La figura de Ramón de la Sagra no ha sido ajena a la controversia dentro de Cuba y uno de los temas que más se ha discutido, ha sido su actitud hacia la esclavitud. Para dilucidarlo pueden ayudarnos dos libros publicados en Cuba en distintitos momentos históricos: uno es Historia económica de Cuba, escrito por I. E. Friedlaeder, ex Consultor de la Universidad de Harvard y conferencista sobre temas económicos en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la Habana, en la época republicana; está prologado por Herminio Portell Villa y editado por Jesús Montero, en la calle Obispo, 521, La Habana, en 1944.

El segundo libro se titula Ramón de la Sagra. Cuba 1860, selección de artículos sobre agricultura cubana, fue publicada por la Comisión Nacional Cubana de La UNESCO, en la capital cubana en el año 1963, y comienza con una nota aclaratoria de Manuel. Moreno Fraginals. Comenzaremos con la segunda obra.

Manuel Moreno nos ofrece en su “aclaración” algunas claves para comprender un tanto el carácter controversial de la figura que nos ocupa, la cual es presentada en sus orígenes políticos, allá por el 1821, como un diputado gallego de extrema izquierda, una posición que irá cambiando. Así, según el historiador, Ramón de La Sagra será: radical a los 20, liberal a los 30, moderado a los 40 y conservador a los 50.

Ya habíamos dicho que de la Sagra es considerando por algunos autores en primer anarquista español %( algo de lo que discrepa el historiador del anarquismo cubano Frank Fernández- quizás sea a estas ideas libertarias, además de la opinión que tenía de La Sagra sobre la esclavitud, a los que se refiere Moreno Fraginals cuando afirma del Español que:

“%85su conocimiento científico le llevaban a ciertas conclusiones socialistas, -socialismo idealista, naturalmente-en abierta pugna con los intereses de la burgueses. Y así se da el aparente absurdo de que los cubanos de su época le señalen como vocero de los comerciantes negreros, y estos propios comerciantes negreros le suspendan el empleo y el sueldo por radical y abolicionista”.

El historiador marxista achaca la imagen que entonces (1963) se tenía de La Sagra a su famosa polémica con José Antonio Saco, desencadenada a fines de 1828, cuando al intelectual gallego se le ocurrió cuestionar desde su revista: Anales de Ciencia, Agricultura Comercio y Arte al más alto símbolo que por entonces tenía la cubana, el poeta José María Heredia. Las respuestas dadas por Saco desde El Mensajero Semanal de New Cork, desviaron el debate hacia un tema político que dejo muy mal parado al intelectual gallego ante los ojos de los criollos quienes desde entonces le juzgaron como anticubano y así parece haber sido recogido en los libros de historia de la isla.

Para Moreno Fraginals las manchas de la polémica de Sagra-Saco se empequeñecen con la comparación de los libros dedicados a la esclavitud que en 1845 publicaran los autores involucrados en el debate. En el de José Antonio Saco, titulado La supresión del tráfico de esclavos africanos en la isla de Cuba, la degradación del esclavo es atribuida al hecho de que estos eran negros. En la obra de La Sagra, titulada Estudios coloniales con aplicación a la isla de Cuba, el autor consideraba que era la esclavitud en si la que degradaba al hombre negro y que este se encontraba en mejor posición para adquirir virtudes sociales que muchas clases de la sociedad de su tiempo, tanto pervertidas como ilustradas. Ramón de la Sagra va aún más lejos que Saco, quien no se mete con los hacendados, denunciando la putrefacción del sistema azucarero, lo que, según nos cuenta Moreno, provoca la persecución de su libro, así como que le sean suprimidas las rentas que recibía de las cajas de La Habana para la publicación de su historia de Cuba, en cambio el folleto de saco, circulará con el expreso consentimiento del Capitán General Leopoldo O´ Donnell.

La Junta de Información fue convocada por el gobierno español en 1866 para reunirse en Madrid con representantes de las colonias antillanas y discutir las la quejas que tenían los habitantes, criollos o peninsulares de Cuba y Puerto Rico. Cuando de la Sagra y Saco participan en la Junta de Información hacia 1867, la actitud de Saco resulta aún más conservadora que la de la Sagra, quien, según Manuel Moreno, recomendará en tan lejana época el uso de maquinas cortadoras de caña para solucionar el problema de falta de brazos. De acuerdo a Moreno Fraginals, La Sagra fue un hombre de pensamiento europeo, que defendiendo una Cuba española, deseó para ella una agricultura industrializada y que vio como economista que el esclavo era un mal negocio pues no creaba otro mercado como consumidor. Por eso fue partidario de la migración china, cuya semiesclavitud consideraba un paso de avance hacia el régimen de trabajo asalariado.

Estas son las opiniones de la Sagra resumidas por Moreno Fraginals,, veremos que nos dice el propio La Sagra en uno de los trabajos seleccionados para el libro, se trata al parecer de una parte de sus estudios coloniales publicados en 1845, titulado Agricultura y Esclavitud, (Pág.189-201). Aquí en autor anuncia el estudio de un sistema de la explotación de la tierra poco investigado hasta el momento, el de la esclavitud en las islas tropicales de América y en el contexto sociopolítico de creado con la voluntad (inglesa) de poner fin al tráfico de esclavos. Lo hace sin duda alguna desde un euro centrismo que identifica al africano con los pueblos atrasados o semisalvajes, hombre de índole perezosa en condición de trabajo forzado y es por eso que intenta disminuir el peso de su tarea ya sea practicándolas mal o substrayéndose a ellas, de esto la imperfección de los trabajos, simples productos de la fuerza humana que exigían poco celo e inteligencia de los que lo ejecutaban y discreción de los que lo dirigían. Se creaban condiciones que hacían de la introducción de tecnologías y métodos más avanzados de cultivo estériles y vanas teorías.

Ramón de la Sagra considera al negro de las Antillas como intelectualmente inferior, pero elogia su condición moral:

“Examinados con ojos filosóficos imparciales el carácter y los hechos de los africanos transportados en aquellas islas, se reconoce fácilmente su indolencia, su letargo intelectual, el imperio de las pasiones animales, el contagio funesto de los vicios de la sociedad en que viven, mas no la depravación del corazón. Para algunos ejemplos lamentables que han ensangrentado los anales coloniales del crimen, pueden citarse mil acciones virtuosas donde brillan la abnegación y la generosidad. El despecho, los celos, la injusticia, han impelido algunos infelices víctimas a cometer acciones brutales y sanguinarias; otras veces la desesperación y la venganza pusieron la tea incendiaria en manos que acababan de romper sus cadenas; pero los casos de crímenes premeditados, hijos de un cálculo frío y de una ambición tenebrosa difícilmente podrían ser citados.” Pág. 196.

De La Sarga refuta el argumento de la esclavitud como antídoto contra crímenes propios de la civilización y siguiendo la pauta roussoniana del Buen salvaje declara que: “el negro en medio de su ignorancia se halla en mejor posición para adquirir todas las virtudes sociales que muchas clases de nuestra sociedad tan pervertidas como ilustradas” Pág. 196

El pensador gallego califica de error trascendental el hacer descansar el cultivo en una clase social, la de los esclavos, ahora con la depauperación de las tierras, la extensión del cultivo de caña a otras regiones, la competencia remolachera y la represión de la trata por los ingleses, el sistema de trabajo esclavo entraba en crisis. Así mismo asegura, según sus estudios que resulta imposible la organización de un sistema agrícola y de economía rular basado en principios científicos mientras perdure la esclavitud en Cuba y es que según el investigador “es imposible conseguir esmero, inteligencia y amor al trabajo de unos seres degradados, que un sistema absurdo hace considerar tanto más útiles cuanto más estúpidos son”. La Sagra se percata que aquellas virtudes que sirven para tener en paz y obediencia privan a la agricultura de sus elementos de prosperidad es decir la inteligencia y la aplicación. Además la introducción de esclavos hizo necesaria la introducción de hombres más notables por su crueldad que por sus conocimientos, los mayorales quienes terminan por intimidar a los propietarios, pervierten las dotaciones y malogran las cosechas.

En el capítulo Esclavitud y Sistema colonial página 203-218, de la Sagra recuerda la corrosión que ejerce la esclavitud en la educación, la moralidad pública y privada, la economía, la administración y las relaciones mercantiles. Considera que la emancipación de los esclavos de las Antillas traerá resultados económicos y morales; permitirá establecer la agricultura bajo principios científicos, reorganizar la propiedad sobre la base del valor de la tierra y no de la cantidad de brazos. Así mismo desarma las esperanzas de quienes cifran sus esperanzas en quien denomina “gran potencia”, los Estados Unidos, donde por entonces, 1845, ofrecía el amalgama monstruosa de la democracia y esclavitud, la esclavitud y los intereses esclavistas de aquel país no permitirían que este se sumara a los esfuerzos europeos en pro de la libertad de los negros. A veinte años de lo que fue la guerra civil americana, el pensador gallego avizoraba el fin de la esclavitud en los Estados Unidos, y todavía algo más que, nos recuerda las cartas escritas desde el Nuevo Mundo por Fredrika Bremmer, cuando comparaba la situación del Negro en Cuba y Estados Unidos, es desprecio mayor que existe por el hombre negro en el país anglosajón y que a La Sagra le hace sospechar que terminará extinguiéndolo:

“El sentimiento de desdén con que es tratada [la casta negra] por la raza blanca, que si parece confundido con el menosprecio que le inspira la condición esclava, resalta con todos los caracteres de la preocupación cuando se funda en el color. Los negros lo saben y los blancos no lo niegan. La separación establecida entre ambos existe permanentemente desde la cuna al sepulcro, y la misma religión, tan poderosa en aquel pueblo, tiene que separar sus templos para que cada raza preste adoración al Dios de la igualdad y de la tolerancia. Consecuencia de esta preocupación fue por una parte el entusiasmo con que se prestaron los negros libres a emigrar de un país que los menospreciaba, tan luego como las colonias inglesas organizaron y ennoblecieron el trabajo de sus hermanos y de la indiferencia y hasta el interés con que los blancos vieron hacerse esta emigración. De consiguiente nos parece que si aquel país puede resistir más tiempo la medida de la libertad general de sus esclavos se prepara para ello y no piensa conservar la población emancipada” Pág. 210.

Con un comentario tan desfavorable sobre la actitud del hombre blanco hacia el hombre negro en los Estados Unidos, no es de extrañar el tratamiento que, como veremos mas adelante, recibe Ramón de La Sagra, en el libro de H. E. Friedlaender, publicado en un año donde el problema de la segregación del negro, en los estados del sur de Norteamérica, aún estaba por resolver. Esto lo veremos mas adelante, por ahora cerremos como una última cita de la compilación hecha por Manuel Moreno Fraginals:

“Nosotros que, en el odio que tenemos a la esclavitud y en la guerra que le declaramos, más que el convencimiento de las penas que puede imponerse al negro embrutecido, dos decide el horror a la degradación moral a que arrastra los blancos: nosotros, que en el término de aquella, mas que el bien moral del corto número de africanos que fueron trasplantados, queremos asegurar la prosperidad de las Antillas; nosotros en fin, que a la situación presenta de los propietarios vemos claramente un estado de zozobra alarmante, que solo puede terminar con la causa que le mantiene, que es la misma esclavitud, nos esforzamos en combatir esas vanas esperanzas de conservaba, tan enemigas del reposo de las colonias, como mal apoyadas en débiles cimientos para su existencia pueda ser largo tiempo nocivas” Pág. 212

Sin duda alguna en 1845 Ramón de La Sagra es un decidió enemigo del esclavismo, que descubre en ese sistema una dialéctica en la que no solo el hombre sometido, sino también su amo terminan corrompidos. En cuanto al problema de quien sustituirá al negro en el duro trabajo del tropical, De La Sagra ve la solución en el campesino criollo, así lo dice cuando frente a lo que ocurre en Cuba opone no solo la experiencia de las antillas inglesas, sino incluso lo que por entonces está ocurriendo en Puerto Rico, donde la mayoría de los cultivadores son blancos aclimatados -entiéndase hombres libres- quienes trabajan tres veces más que un número igual de negros -entiéndase esclavos-:

“Puerto Rico debe su producción, más que al corto número de esclavos, a los descendientes de españoles que de generación en generación han ido identificándose con el clima, resistiendo sus rigores y entregándose a las tareas más rudas de los negros y esto explica por qué una población de origen africano tan reducida como la que allí existe, da seis veces más productos que otra igual en las demás islas. Semejante a aquella raza europea y mezclada que parece ya indígena del suelo de Puerto Rico, es por su vigor y energía la de los campesinos de Cuba, que heredaron de sus ascendientes, montañeses, gallegos y canarios, la fuerza, la constancia y la sobriedad que les permite dedicarse al ejercicio material del cultivo y a las más pesadas tareas del campo, resistiendo los rigores del clima con una energía que sorprende al africano” Pág. 124

De la Sagra considera la aplicación del trabajo libre en los más diversos rubros de la economía cubana, la cual considera llenas de posibilidades que el trabajo esclavo sea abrogado, su fe en el futuro productivo de la isla en tales condiciones es total cuando en Madrid, año 1845 escribe:

“La isla de Cuba, pues, mejor que ninguna otra Antilla, debe esperar de la organización del trabajo libre un inmenso desarrollo para su agricultura y economía rural, pues no solo podrá conservar mucha parte de sus grandes cultivos de caña y café, y dar una inmensa extensión al privilegio del tabaco, sino también admitir en el nuevo sistema la producción de carnes y la de materias primeras para la industria europea. El algodón y la seda se hallan en este caso sin contar con el producto de sus ricas minas ya considerables y susceptibles aún de mayor incremento” Pág.215

Pasemos ahora al tratamiento que le da, en su Historia Económica de Cuba, H. E. Friedlaender a Ramón de la Sagra.

En las páginas 156-157 el historiador norteamericano hace un recuento de las medidas tomadas por Inglaterra desde 1830 para hacer mas eficaz la persecución de la trata esclava y así como el papel de la Junta de Fomento (Real Consulado) en el estímulo de la inmigración no africana a la isla:

“En 1844 se inicia dentro del Real Consulado una gran acción para el fomento de la colonización e inmigración blanca. (Informe de Fiscal Vicente Vázquez Queipo etc.)
El resultado fue desilusionante. Se introdujeron desde 1847, miles de brazos del extranjero, pero fueron brazos amarillos, no blancos. Se consideró a ojos esclavistas como los partidarios más fieles y fidedignos del régimen español) Autores Prominentes como Mariano Torre y Ramón de La Sarga (éste como miembro de la Junta de Información de 1866) prestaron su pluma para la defenderá del sistema esclavista” (página 157).

Como se ve el historiador pasa por alto el anti esclavismo defendido por La Sagra en la época que describe para llevarnos a una época, la de 1868 en la que le ubica como defensor de ese sistema explotador. En la página 398, el autor norteamericano señala ambigüedades y vacilaciones de La Sagra: en polémica con Álvaro Flores Estrada calificando sus doctrinas como más absurdas que las de Saint Simón, mientras que en una fase posterior De la Sagra se presenta como partidario de la propiedad común; el mismo cambio abrupto, opina Friedlaender se revela con respecto a la abolición de la esclavitud y cita de su Historia Física, obra de 1838, un fragmento donde el autor gallego ya condenaba un sistema agrícola fundado en brazos esclavos y aludía al triste cuadro que ofrecían los campos cubanos, considera a aquel sistema absurdo y opuesto a las leyes de la humanidad. Acto seguido escribe el historiador norteamericano y en 1867, le encontramos convertido en miembro gubernamental de la Junta de Información y en partidario del mantenimiento de la esclavitud (Pág. 398).

Lo que más llama la atención es que estando el libro plagado de referencias concretas a trabajos de Ramón de la Sagra, de quien el autor tiene que valerse en más de una vez para dar a conocer el estado de la agricultura, la industria, el comercio y el debate de ideas; no aparezca ninguna concreta sobre su defensa de la esclavitud. Supongamos de todos modos que existe tal defensa, que Manuel Moreno Fraginals niega en su introducción al libro Cuba 1860 de Labra, para confirmarlo habría que releer las actas de la Junta de Información, por no tenerlas a manos no podemos saber quien lleva razón, si el investigador cubano que afirma que de la Sagra no favorecía la esclavitud o el norteamericano que asegura que si lo hacía; pero de lo que no nos cabe duda es que en 1845 y un poco antes, el sociólogo y economista español era un convencido antiesclavista.

Fuentes

1. Carlos M. Rama, Compilador, Utopismo Socialista (1830-1893), Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1997.XLIV-XLVI
2. Lic. Félix F. Torres Verde, El pensamiento económico de Ramón de la Sagra y Pérez, Economía y Desarrollo, No. 1 / Vol. 128 / Ene.-Jun. / 2001 (Pág. 105)
3. Cervantes Virtual: Diccionario de la Literatura Cubana
4. Federica Montseny.; “Qué es el Anarquismo” (Biblioteca de Divulgación Política Editorial La Gaya Ciencia 1976
5 I. E. Friedlaeder, Historia económica de Cuba, editado por Jesús Montero, en la calle Obispo, 521, La Habana, en 1944.
6. Manuel. Moreno Fraginals. Ramón de la Sagra. Cuba 1860 Selección de artículos sobre agricultura cubana, Comisión Nacional Cubana de La UNESCO, La Habana1963

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