Francisco de Arango y Parreño; el reformador esclavista

31 Mar

Francisco de Arango y Parreño, dibujo publicado en el blog de los descedientes del pensador habanero.

A fines del siglo XVIII se conforma una generación de reformistas cubanos, muy vinculada a la oligarquía criolla y que preparará las bases intelectuales para el despegue económico y cultural de Cuba; entre ellos se destacará Francisco de Arango y Parreño, quien había nacido en La Habana en 1765, donde morirá en el año 1837.

En su condición de flamante Apoderado del Ayuntamiento de La Habana en la Corte, Arango y Parreño, se anotará como éxito, en favor de la incipiente sacarocracia cubana, la real cédula del 6 de febrero de 1789, promulgadas por Carlos III, donde se autoriza la libre introducción de esclavos en la colonia, lo que garantizará la fuerza de trabajo necesaria para expandir la industria azucarera. Será pues, indirectamente y a tenor de sus conceptos esclavistas, Francisco de Arango y Parreño, uno de los responsables del incremento del factor africano en el componente etnocultural del pueblo de Cuba.

Uno de sus esfuerzos intelectuales más importantes como reformador administrativo ha sido su célebre Discurso sobre la agricultura de La Habana y medios de fomentarla1, escrito en 1792. En este documento el ilustre habanero hace un llamado a los españoles para que dejen de llorar por sus problemas en América y encuentren las raíces del mal, particularmente los que adolecen la colonia de Cuba, que para él radica en la preferencia por la minería y en los métodos miserables de ejercer el comercio. El habanero recuerda que la riqueza proviene de la agricultura, el comercio y las artes (entiéndase la técnica) y sobre este postulado el reformador destaca la desatención que sufría Cuba.

La Habana, por supuesto, merecía un paréntesis en esta deplorable situación, pues la capital de la isla estaba favorecida por la presencia en su puerto de los galeotes y flotas procedentes del continente, que dejaban allí buena parte de su riqueza.
Arango y Parreño señala así mismo el significado que tuvo para su ciudad natal la ocupación inglesa, considerada por el estadista cubano como una época de resurrección. El intelectual recuerda a la Metrópolis que para 1779, La Habana se había convertido en una gran plaza de comercio que proveía a la península de todo el azúcar que necesitaba, además de exportar cera, cuero, café y tabaco.

Sin embargo entre 1779 y 1785, la economía habanera sufre un retroceso como resultado del cierre a la libre entrada de dinero -que antes remitía el comercio con Veracruz-, del recargo el azúcar con una peseta por arroba, y la paralización la fabricación de ingenios.

La revolución en Francia, afirma el patriota, reactivó la fortuna de la isla, pues al disminuir las producciones de las colonias francesas, las cubanas alcanzaron mayor valor y los cubanos podrán vender su azúcar a un precio ventajoso.

Mas Arango y Parreño, preocupado por el mañana, señala cuales son los inconvenientes para el desarrollo del ramo azucarero:

Uno: el menor costo que gracias a la tecnología y mejor comercio tienen los géneros y herramientas que usa la competencia (Francés e ingleses), así como las ventajas con que cuentan ingleses, francés y portugueses en la trata de esclavos.

Dos: El menor gasto que hacen estos competidores en mantener a sus esclavos, a quienes no dan ni alimentos, ni dinero, sino un terreno y tiempo para que lo cultiven, los españoles daban además una ración de carnes y más días festivos)

Tres: el menor conocimiento de agricultura por parte de los cultivadores Santo Domingo, República Dominicana, 2 de junio del 2006, ignorantes en ciencias como Física, Química, y Botánica.

Cuatro: mejor organización y tecnología en las fábricas de azúcar de los competidores.

Cinco: Más alternativas en la venta del azúcar por parte de los competidores. Mientras los cubanos solo podían llevarla a la península.

Sexto: Aranceles que en relación con los de los competidores desalientan la producción.

Séptimo: El peso de la usura. Mientras que en países como Jamaica, el dueño de la plantación es también un comerciante o un residente en la metrópoli, entre los propietarios habaneros no pasa lo mismo, lo que hace que inicien sus haciendas con poco capital y terminan tiranizados por quienes poseen el dinero y los almacenes de utensilios.

Se trata, según Arango y Parreño, de males que, en mayor o menor medida, aquejan además a otros cultivos como el café, el algodón, el añil y el tabaco, que siendo el cubano, el mejor del mundo, también estaba descuidado.

Una vez señaladas las mayores desventajas, el pensador criollo propone una serie de medidas que estimularían el desarrollo económico de la isla y que resumimos de la siguiente manera:

.-Premiar el comercio directo con África para favorecer el ingreso de esclavos.
Introducción de fábricas y máquinas extranjeras.

-Fomentar a través de la Sociedades Patrióticas la difusión de conocimientos científicos.

-Organizar mejor el trabajo esclavo y desminuir sus días festivos, pero sin renunciar a otras ventajas -Arango y Parreño hace aquí referencias religioso-éticas donde reconoce la miseria de la esclavitud – de las que estos disfrutaban con respecto a sus hermanos en las colonias francesas e inglesas.

-Disminuir los impuestos y diezmos a los cosechadores de café, algodón y añil, liberalizando la salida de estos productos para cualquier puerto del mundo.

-Disminuir los pagos por derechos sobre el azúcar y el tabaco vendidos a la península.

-Establecer una caja de créditos que ayude a liberar a los productores de la usura de los comerciantes.

Pero no sólo la economía preocupaba al patricio Cubano, también temía, con el fomento de la importación de esclavos que el mimo ya había auspiciado, un levantamiento de negros y mulatos que repitiera en Cuba las sublevaciones que desde el año 1791 acontecerían en Haití.

Antecedentes no faltaban en nuestra isla, como la sublevación de esclavos del Rey, que tuvo lugar en las minas del Cobre el 24 de julio de 1724, donde unos 50 negros y mulatos, hartos de la explotación y el atropello de sus familias, se había armado y alzado en el monte.

Es verdad que en Cuba, por entonces la población negra era inferior a la blanca, sin embargo la presencia de milicias de negros, mulatos y libertos, le otorgaba a este sector militarizado de los hombres llamados “de color”, una disciplina y un conocimiento de las armas que, en condiciones de sedición, podrían dar al traste con la supremacía blanca en la colonia.

Y más que estos batallones en si, lo que preocupa al patricio habanero eran sus veteranos y licenciados. Aquellos hombres que un día contribuyeron a la seguridad exterior se presentaban en la mente de Arango y Parreño como un peligro interno en Cuba, el aristócrata está conciente de que el negro, con independencia de que fuera esclavo o libre, veía en el blanco la razón del envilecimiento de su vida, y que en algún momento podría intentar terminar con el causante de su abatimiento.

Como remedio Arango propone el fomento de poblaciones blancas en el campo, como elemento de freno a una posible rebelión. Arango vivirá para conocer de tales rebeliones, fomentadas no sólo por el crecimiento de la masa esclava, sino también por la conspiración del enemigo histórico de España: el agente inglés.

Habiendo promovido con todo éxito el incremento de la importación de esclavos en Cuba, Francisco de Arango y Parreño se verá en situación de tener que defender la esclavitud como fundamento de la economía Cubana.

Aconteció, desde la España antinapoleónica, que las cortes elaboraron la progresista constitución de Cádiz de 1812, valoraron la posibilidad de cortar el tráfico negrero en las posesiones españolas como vía para extinguir la propia esclavitud, lo hacían bajo la influencia de los ingleses, quienes patrocinaban la resistencia antinapoleónica, y ya habían eliminado la esclavitud de sus posesiones.

Fue en este contexto que Don José Miguel Guridi Alcocer y Don Agustín de Argüelles presentaron sendas mociones contrarias a ese modo de explotación del hombre. Como respuesta; el Ayuntamiento de La Habana, el Consulado de la Agricultura y Comercio, y la Sociedad Patriótica de Amigos del País; comisionan a Francisco de Arango y Parreño para que redacte un alegato en defensa del régimen esclavista, que será presentado por la representación de la Ciudad de La Habana a las cortes el 20 de Julio de 1811. Según Parreño lo que estaba en juego con la abolición de la esclavitud era la vida y la fortuna de los blancos en Cuba

Entre los diferentes recursos retóricos que emplea Parreño esta el de recordar que los portugueses no habían abolido el comercio esclavo, y que los angloamericanos tras su independencia permitían que cada provincia suya adecuara el comercio de esclavos según sus conveniencias, y que si bien la filantropía negrera nació en aquellas colonias, en la doctrina del Patriarca de Pennsylvania, bastó que la presencia de otros intereses para que la Constitución benéfica y liberal norteamericana se impusieran la obligación de no impedir, durante veintiún años la introducción de los esclavos.

Por otra parte el criollo recuerda que fueron los reyes los culpables de una situación que ha durado trescientos años y de la que no puede sacarse a los esclavistas cubanos de manera precipitada, decretando su ruina y olvidando todo lo que se les había predicado y mandado durante siglos.

Así mismo lamenta que todos no fueran de la misma raza o que no se conservaran aquellos indios que encontró Colón. La culpa la carga particularmente sobre el Padre las Casas: P Fr Bartolomé de las Casas nos introdujo los negros; y una política insana derramando por todos lados el opio del despotismo, ha detenido el progreso de las luces, del vigor y del número de blancos.

Contra la idea de que los hijos de los esclavos sean declarados libres, Parreño riposta valiéndose de los costos de manutención que asumen los amos por las esclavas embarazadas, y el abandono en que quedarían esos niños si no se crean casas públicas para recogerles.

Arango y Parreño recuerda que cuando los ingleses pusieron fin al tráfico de esclavos ya contaban con la suficiente mano de obra para sus haciendas, mientras que en Cuba, no hay una que tenga los esclavos que necesita.

Quizás aquí está la clave de todo el debate ético, en torno a la esclavitud; Inglaterra no necesita de la esclavitud y sabiendo que sobre ella se sustenta la parte de la economía española que depende de Cuba, trató de eliminarla usando sus acólitos dentro de la política española. Fue pues este debate algo más que una discusión entre filántropos y despiadados esclavistas, fue como será en décadas posteriores una confrontación entre los intereses de España y los de los ingleses.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: