La toma de La Habana por los Franceses

16 Mar

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JACQUES DE SORES

Sí “franceses”, ni leyó, ni escribí mal. La Habana no sólo fue ocupada por los ingleses como casi todos los cubanos conocen, sino también por los franceses. Para enterarnos de como fue tenemos una excelente fuente en relación de lo acontecido durante la toma de nuestra capital por el corsario Jaques de Sores en el informe y las pesquisas *realizadas por Diego Mazariegos, el gobernador de la isla designado en 1556, quien al elegir la Habana como lugar para su residencia convirtió a la villa en la capital de la isla. Traía Mazariegos el mérito de haber fundado en 1528, en Chiapas, San Cristóbal de las Casas, conocida originalmente como Villa Real, tras su mandato en Cuba, Mazariegos será nombrado Gobernador de Venezuela (1570 y 1576).

La crónica de Mazariegos está escrita en 1556 como parte de la investigación que realiza tras llegar a la isla, conocida por entonces como Fernandina. Trata sobre el dudoso comportamientote mantuvo su antecesor, el gobernador Don Gonzalo Pérez de Angúlo, quien en lugar de presentar batalla se refugió con varias varias familias en Guanabacoa ante el ataque de Jaques de Sores, al por entonces humilde pueblo de San Cristobal de La Habana.

En los documentos se relata con detalles lo ocurrido a partir de aquel miércoles, 10 de julio del fatídico 1555. Ese día, apenas salía el sol, cuando los vigilantes de la villa de San Cristóbal divisaron en el horizonte velas de una nave desconocida.

Izose entonces una bandera en el Morro como señal a los vecinos de que la nave se acercaba. El Doctor Angulo envió dos jinetes a que le dieran seguimiento desde la costa a la carabela; a su retorno, los informantes dieron la noticia del desembarco de gente armada a media legua de puerto.

El gobernador dio la orden a veinticinco hombres con Juan de Lobera, el alcalde, a la cabeza para que se posicionaran en la fortaleza y mandó a pregonar a los vecinos que todos deberían reunirse allí son pena de muerte y que nadie abandonara la villa.

Por su parte los extranjeros arribaron de uno en uno a la villa, por un camino lo suficientemente alejado de la fortaleza como para que nada se les pudiera hacer desde ella. Ante la presencia de los enemigos el que se retiró fue el Gobernador Angulo, abandonando a su suerte a Juan de Lobera y los suyos, a quienes había prometido unos refuerzos que nunca llegarán.

Mientras los invasores franceses se entregaban al saqueo, llevándose todo cuanto podían de las casas, incluso del hospital y de la iglesia, de las que se llevaron lámparas de plata, cálices y hasta la ropa de la estatua de la virgen. Guardan el producto del saqueo en la casa de Juan de Rojas; envian luego a la fortaleza un vecino de origen francés que hacía unos seis o siete años que vivía en la villa, con la solicitud al alcalde de que entregara la fortaleza con todo lo que dentro de ella había; el alcalde respondió que habría de defender la plaza.

Los franceses entonces enviaron a uno de sus capitanes llamado Plano Navarro quien amenazó al alcalde con descabezar a los ocupantes de la fortaleza en caso de que los franceses se vieran obligados a tomarla por la fuerza. El alcalde volvió a negarse aduciendo que contaba con 100 hombres y la vitualla necesaria para resistir, a lo que le respondió uno de los franceses con un arcabuzazo, que afortunadamente, erró el tiro.

El capitán Plano se retiró en los precisos momentos que la nave de los franceses intentaba entrar por la boca del puerto. Algo que impidió el alcalde abriéndole fuego desde la fortaleza; más tarde, Plano regresó con treinta franceses quienes dieron una rociada de arcabucería a la fortaleza, ataque que el alcalde volvió a resistir.
El capitán francés volvió a retirarse al pueblo, mas a la hora regresaron otros veinte arcabuceros quienes volvieron a disparar contra el fuerte mientras que la nave francesa intentaba penetrar nuevamente en el puerto, bajo la metralla española.

Al ponerse el sol se inició un nuevo ataque de los franceses, ahora serían unos 80 hombres comandados por el propio Jacques de Sores, jefe de aquella expedición, así les cogió la noche. Los franceses lograron arrimarse a la barbacana por lo que sus defensores no podían hacerles daño. Entonces los atacantes untaron brea robada en la villa a las puertas de la fortaleza, juntaron leña y prendieron fugo. Quemadas las puertas pudieron penetrar en la plaza de la fortaleza, luego hicieron lo mismo con la puerta del torreón donde estaban recogidos los defensores y la gente que ellos protegían. El alcalde se retiró al terraplén que bordeaba el mar, donde estaba la artillería para defender el puerto pero que carente de almenas resultó imposible resistir allí el cerco de los franceses, así al amanecer el alcalde optó por rendirse a los franceses con la condición de que fueran respetadas las vidas de todos y la honra de las mujeres que con él estaban y que no se pidiera rescate por ellos. Los franceses respondieron que respetarían las vidas y la honra, en cuando a lo de rescate dependería de los prisioneros, si eran servidores del emperador no, si era, mercaderes sí.

El francés llevóse a los hombres prisioneros a la casa de Juan de Rojas, encerrándolos en una de sus cámaras, engrillando al alcalde en otra.

Al otro día el corsario liberó a las mujeres y niños, izó su bandera en la fortaleza y e hizo entrar su nave en el puerto. Acto seguido envió a un fraile dominico al gobernador, con la petición de treinta mil ducados como rescate por el pueblo y su gente. El Doctor Angulo mandó a dar solo tres mil ducados iniciándose conversaciones que duraron unos seis días, tiempo que utilizó el gobernador para conformar una tropa integrada por cuarenta españoles, cien indios y más de cien negros, con ellos, al séptimo día y una hora antes que amaneciese, contraatacó el gobernador a los franceses. Los corsarios estaban repartidos en las casas que rodeaban la de Juan Rojas, donde estaba Jaques de Sores con unos veinte soldados. En la puerta había dos centinelas que fueron muertos por los negros. En ese momento bajó el capitán francés quien resultó herido en el pecho, entonces los negros y los indios formaron tan grande griterío que los franceses se despertaron haciéndose fuertes en la casa de Rojas. Al amanecer el capitán francés logró salir y echar a sus atacantes de los alrededores de la casa en una pelea que trajo por saldo la muerte de unos veinte indios y negros, un español y unos quince o dieciséis franceses. El enojo del corsario fue tal que hizo matar a puñaladas y estocadas a 18 de sus cautivos de La Habana, más 10 portugueses que venían prisioneros en su carabela.

Una vez más quisieron los españoles tratar con el francés sobre el rescate de la villa ofreciéndole por ella unos 1500 ducados, oferta que Jaques de Sores rechazó. El corsario se mantuvo en la villa hasta el 5 de agosto, tiempo que utilizó para incendiar la ciudad y asolar las haciendas cercanas. En una de sus correrías secuestró un grupo de españoles, negros y negras. Por los africanos Sores recibió de rescate por los negros cincuenta pesos, en lugar de devolverlos a los prisioneros, los hizo matar a arcabuzazos.

La retirada de Jacques de Sores, no significó el fin de los acosos francés a La Habana. El veintinueve de septiembre entró en el puerto un batel tripulado por doce franceses quienes se apoderaron de una carabela que estaba en el puerto cargada de cueros para ser enviados a España.

Otra incursión tuvo lugar el cuatro de octubre cuando tres chalupas bateles tripuladas por ochenta hombres se apoderaron nuevamente del pueblo, cargando con una buena cantidad de cueros que se llevaron en un barco que en el puerto estaba. Dos días después regresan con la nave robada y otra más, volvieron a ocupar la villa y se dedicaron a saquearla las estancias de los alrededores así como a cautivar españoles y negros pidiendo rescate por ellos. Se retiraron el día veintitrés de octubre se dice que el capitán se llamaba Guillermo Mermi, quien tenía bajo su mando ciento veinte hombres.

No crea que fueron estas las únicas incursiones de piratas y corsarios contra La Habana, ni se piense que la respuesta de los habaneros siempre fue similar a la dada bajo el mando de Angulo. Baste mencionar a Diego Plácido Vázquez de Hinojosa, Mezquía y Juan Poveda, capitalinos que dieron la misma medicina a sus enemigos, habaneros quienes al mando de flotas corsarias se dedicaron a perseguir y dar caza a los filibusteros que asolaban las costas caribeñas.


Fuentes

Diego de Mazariegos,”Relación de cómo Los Franceses Entraron en esta villa de La Habana y de todo lo Sucedido con ellos en ella”, en Cesar García del Pino, Alicia Melis Cappa,
Documentos Para La Historia Colonial de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1988, pagina 4-7, Información hecha por Diego de Mazariegos sobre la Toma de La Habana por Jaques de Sores, ibídem, páginas 8-39.
Guanabacoa. Síntesis, histórica http://www.dmsgbc.sld.cu/gbcoa/historia.htm
Bojeo, conquista y colonización de Cuba. Las primeras villas. Primeras epidemias. Ataques de corsarios y piratas. Primeras noticias médicas de las Actas del Cabildo de La Habana, http://www.bvs.sld.cu/revistas/his/his_96/hist0696.htm
Josefina Ortega, Corsarios cubanos.: http://www.habanaradio.cu/modules/mysections/singlefile.php?lid=14Capítulocuatro

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