La emperatriz escarlata: ¿alegoría antiestalinista?

10 Nov

Marlene Dietrich, en la película ”The Scarlet Empress’ 1934.. Foto: Galería de Movie-Fan


Me ha tomado por sorpresa la película “The Scarlet Empress” (La emperatriz escarlata), que he encontrado el la biblioteca estatal de Estocolmo la semana pasada, una película de 1934, interpretada por la actriz alemana Marie Magdalena Dietrich, mas conocida por Marlene Dietrich. Inolvidable por ese suerte de anticipo de “Lolita” que fue su papel de cabaretera destructora de un profesor en la primera película europea sonora, El ángel azul dirigida en 1930 por el austriaco, Josef von Sternberg, valedor y promotor de la actriz dentro del cine norteamericano.

Y me ha extrañado no haber odio hablar de ella en Cuba, siendo como era allí amplia la cultura cinematográfica del cubano, sobre todo en lo que respecta el cine norteamericano anterior al de 1959, que los censores apenas se atrevieron a tocar, salvo que el mensaje anticomunista fuese evidente.

Por lo demás la película aborda un tema apasionante el de la vida de esa emperatriz a la los que los rusos llaman Catalina la Grande. Se trata de un personaje histórico
aparentemente sacado de una telenovela española actual, entiéndase extremo feminista, que traslada a cualquier tiempo lo que hoy es ideología de estado; el extremo feminismo con todo lo de que cornucopia y humillación del marido eso significa, algo el lo que Catalina II de Rusia siembra un paradigma.

Como siempre hace con la alemana, el director de esta película logra sacarle el máximo partido tanto a la Dietrich como las técnicas actorales de la época para darle vida aquella celebre Emperatriz, reformadora y Autócrata de Todas las Rusias, en llegó a convertirse, tras su coronación el 9 de julio de 1762 en la Catedral de la Dormición de Moscú, una aristócrata de segundas bautizada originalmente, bajo el culto luterano con el nombre de Sophie Friederike Auguste von Anhalt-Zerbst, al nacer en Pomerania el 2 de mayo de 1729.

Gobernó su imperio mezclando el puño de hierro con la ilustración, tómese como ejemplo la manera en que legisló para poner coto al uso de la tortura y la pena de muerte, como la forma despiadada en que aplastó la revuelta del atamán Yemelian Ivánovich Pugachev. A pesar de su origen prusiano, continúo la obra expansionista de Pedro Primero hacia occidente y tambien agrando los territorios de Rusia hacia el sur a costa del imperio Otomano. Cuando le sorprende la muerte el 17 de noviembre de 1796, en el celebre Palacio de Invierno. Se aprestaba a organizar una colación internacional que pusiera fin a la revolución que hundía aquella cuna de refinamiento y cultura que siempre admiró, Francia, se escrbió con Voltaire y fanció la pub licación de la enciclopedia por Diderot y D´Lambert.

Dejó por heredero heredero Pablo I de Rusia, supuesto hijo de su Consorte Pedro III de Rusia, aunque probablemente lo fuera de alguno de los amantes con los que la futura reina se divertía abusando de la idiotez de su marido.

Mucho de esto se sugiere en la película dirigida por Josef von Sternberg, que aborda el período que va desde la infancia de la futura emperatriz hasta las intrigas que le llevan al poder, y basada, según se aclara en el filme en los diarios de la propia Catalina II adaptados libremente para el cine por Manuel Komroff. y Eleanor McGeary,

Este drama histórico realizado por Paramount habla mas de la época en que fue hecho que de la historia que intenta contarnos. Para mi que viví en Rusia, que visité tantos de sus museos, iglesias, que vi tanto de su cine histórico, me resulta irreconocible la ambientación de la época que se permite el director, cargada de estatuas grotescas que parece actuar tanto o mas que los propios protagonistas. Lo cual no deja de ser un acto de talento artístico.

Se trata de enseñarnos un país sometido al despotismo más brutal, por un Rey paranoico al que destrona una revuelta palaciega. Acaso la receta sugerida desde Hollywood para acabar con el Estalinismo, receta que los comunistas cubanos supieron detectar, silenciando el mensaje en Cuba con el olvido de la película.

Paradójicamente fue una revuelta palaciega, que intentaba frenar la renovación del comunismo la, que puso fin a su existencia, lo cual no significa el fin del despotismo, como no lo significó el destronamiento de su marido por la guardia seducida por esa Catalina, según el nombre adquirido a convertirse a la religión ortodoxa, un personaje que cambia de miradas, de la inocencia a la lujuria y de ahí a una sutil bisexualidad, gracias al talento en la exposición psicológica de los caracteres creados por Josef von Sternberg.

Hablo de ese director que supo hacer de su musa Dietrich con esta y otras películas, una verdadera estrella, compruébelo cuando la vea y no se deje engatusar por la gloriosa escena final, recuerde que en el mundo real, Y es que, desde los tiempos de Catalina II, a pesar de las esperanzas que cifra el pueblo en los cambios de gobierno, el despotismo siempre emerge en Rusia bajo deferentes nombres, y formas: putinismo, estalinismo, bolchevismo, y si quiere catalinismo.

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