Apropósito de la Muerte de Menoyo: rescate de una vieja nota. Editorial Cuba Nuestra y testamento del Guerrillero

28 Oct

MENOYO EN LA HABANA: ¿COMIENZA LA TRANSICION?

Por Carlos M. Estefanía Aulet*
Colaboración
Suecia
Cuba Nuestra
La Nueva Cuba
Agosto 16, 2003

Conocí al comandante guerrillero Eloy Gutiérrez Menoyo durante su visita a Suecia en 1995. Me pareció convincente su discurso en el Instituto Latinoamericano de la Universidad de Estocolmo el 10 de noviembre de aquel año; lo publicamos íntegramente en el número 4 Cuba Nuestra (enero febrero de 1996, versión impresa).

Ahora la agenda de Menoyo parece haber cosechado su mayor éxito, así lo anuncian los medios informativos iberoamericanos al dar a conocer el 7 de agosto 2003 que el líder del grupo Cambio Cubano de Miami, podrá fijar su residencia en Cuba para trabajar por un espacio “para la pluralidad”.

Ya comenté la estrategia de Menoyo en mi trabajo “Vindicación del Diálogo”, escrito en la lejana fecha del 7 de mayo de 1997. Entonces sugerí que si a Menoyo no se le invitaba a Cuba, sería el gobierno quien perdería más.

Menoyo ha sido consecuente en su posición de entonces, el que parece haber cambiado es el gobierno cubano, que en los momentos de mayor aislamiento y presión internacional aprende la lección y autoriza a su opositor pacífico a establecerse definitivamente en Cuba. De tal modo Cambio Cubano obtuvo el primer gran triunfo de su agenda: el derecho tantos años solicitado a trabajar por el “cambio” en territorio “cubano”. Es lo que proclamaba desde que fundó la organización Menoyo, quien ha dicho que trabajará, siguiendo una política socialdemocrática, tanto con los funcionarios del gobierno que se dignen a recibirle como con los sectores de oposición que tengan una actitud equidistante de la Sección de Intereses estadounidense.

En el exilio los ataques no se hicieron esperar. Si me fuese a guiar por las notas que de allí que llegan a mi buzón digital Menoyo sería: “parte del aparato estatal castrista. Su presencia es parte de la campaña del régimen para confundir y tratar de ganar tiempo y fondos para mantenerse en el poder”.

Hay quien llama a vigilar su la línea de trabajo ya que: “al parecer este forma parte de un plan para representar los intereses de la Internacional Socialista en Cuba, ¿con quiénes va a trabajar? Bueno ya sabemos que no será con Marta Beatriz ni con Biscet, “Kastro” sabe quitar del camino lo que realmente le estorba y éstos están presos, así que me imagino que será con Elizardo Sánchez, con Payá y con Vladimiro, que siguen más o menos esa ” misma línea”, socialdemócrata. Creo que debemos observar muy atentamente cuál será la actitud del gobierno cubano”.

Ciertamente la línea socialista democrática de Menoyo, al parecer, será legitimada por quienes, a golpes de sacrificios, palizas y cárceles han defendido esa misma orientación ideológica dentro de la isla. Según EFE, Vladimiro Roca, (líder del Partido Socialdemócrata de Cuba), declaró que la noticia “le sorprendió agradablemente”, considerando como un buen ejemplo por parte de Menoyo su renuncia al exilio y la decisión de asumir los riesgos de quienes hacen oposición en Cuba.

Por su parte otro socialdemócrata convicto y confeso, Elizardo Sánchez Santacruz, consideraba buena la decisión de Gutiérrez Menoyo porque: “Cuba es el escenario principal donde se van a decidir los destinos de la nación”. Sánchez valoró a Menoyo como un hombre valiente, aunque lamentó que el líder de Cambio Cubano haya descalificado a la disidencia interna sin mostrar solidaridad con los presos políticos.

En mi opinión el distanciamiento histórico de Menoyo con el movimiento democrático de la isla ha sido el precio pagado para poder clavar la cuña, que para el totalitarismo sería el establecimiento en la isla de una oficina de Cambio Cubano.

Según Elizardo Sánchez la permanencia del ex comandante revolucionario en Cuba puede ser “una decisión tomada al más alto nivel dentro de la Isla”. Sin dudas, como dice el presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, si Menoyo ha recibido derecho a establecerse en Cuba es porque la elite del poder lo ha autorizado.

También podría tener razón el crítico que aseguraba que la presencia del Comandante del Escambray, en lugar de una señal de movimiento, sea parte de la campaña del régimen para “confundir y tratar de ganar tiempo” ¿que otro remedio le queda en la situación en que se encuentra?

Lo que no comparto de ningún modo es la posición de quienes acusan a priori a Menoyo de ser agente del gobierno, sin pruebas convincentes, sólo porque sigue una línea política diferente.

Sin dudas el régimen tratará de utilizar a Menoyo de cara al mundo, del mismo modo que Menoyo utiliza hoy la debilidad del régimen de cara al Cambio. Démosle pues una oportunidad al viejo guerrillero.

El hecho indiscutible es que desde el momento en que se le concede residencia en el país a alguien que ha declarado abiertamente el carácter dictatorial e intransigente del sistema imperante [aunque también haya criticado los métodos radicales de sus enemigos], la dictadura ha dado “un paso atrás”. No la ayudemos a dar “dos hacia adelante” con nuestra falta de fe e incomprensión.

Estamos en presencia de jugadas peligrosa por ambos lados, y quizás también del inicio de la verdadera liberación de Cuba, tal como la espera la mayoría de su pueblo, por la vía pacifica y de la reconciliación. El gobierno ha hecho una concesión y eso es en cualquier sentido un paso liberalizador, debemos aplaudirlo con la misma fuerza que condenamos cada giro en sentido inverso que da la dictadura a la tuerca de la opresión. Estemos claros que el día en que el régimen apesadumbrado por sus contradicciones internas y externas, se disponga a transigir definitivamente, lo hará de manera gradual. Su apertura a la democracia por supuesto no la discutira con los grupos beligerantes o quienes hablan de revancha, sino con organizaciones intachablemente moderadas y conciliatorias como Cambio Cubano.

Castro ha movido fichas, queda a Menoyo la próxima jugada; deberá hacerla con tino para que su dama no sea comida o por la pieza del colaboracionismo o por la de la intransigencia, ésas que paralizan por igual de la evolución de Cuba hacia su libertad.

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Descansa ya, guerrero de la Paz

A la derecha el comandante guerrillero Eloy Gutierrez Manoyo

Este 20 de Octubre ha muerto Eloy Gutiérrez Menoyo. Había nacido en Madrid el 8 de diciembre de 1934, trayéndose a Cuba, con la emigración de sus familia, los aires de la confrontación que destrozaba su país.
Y así aquellos vientos que se desataron en nuestra propia tormenta, la que sostuvieron durante casi 6 años el gobierno de entonces y los combatientes antibatistiano, entre los que se encontraban Eloy y su hermanos Carlos, caído en el asalto al palacio presidencial.

Carlos Gutiérrez Menoyo. Hijo de Carlos Gutiérrez Zabaleta, médico y militante en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se exilia en Francia al concluir la Guerra Civil de España y se alistó con las tropas francesas y estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Al término de la Segunda Guerra Mundial, Carlos y el resto de la familia viajan a La Habana, Cuba. Se incorpora al Directorio Revolucionario y participa, acompañado por su hermano Eloy, en las acciones del Asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, como dirigente de la operación donde muere. con Información de Ecurred

Instituto Preuniversitario en el Campo bautizado con el nombre de Carlos Gutierrez Menoyo por el mismo estado que mantenía en prisión a Eloy, hermano del combatiente antibatistiano. Foto tomada del sitio del Instituto en Facebook.

Lo que no podían sospechar aquellos revolucionarios es que con su sangre o la que derramaban del bando contrario labraban el campo para una nueva tiranía, contra ella y renunciando a todos sus cargos, como un “Che” de la democracia volvió a alzarse en armas aquel españolito aplatanado, quien tras ser herido en combate terminó siendo condenado a 30 años de cárcel.
En medio de su desgracia tuvo la fortuna de que sobre el cayera la mirada de la socialdemocracia en la figura de su compatriota y entonces jefe de Estado Felipe González, a quien debe las gestiones por las que en 1986 resultó amnistiado.

Cargado de ideas de la prisión y fue con ellas, y enterrando el hacha guerrera con las que volvió a pelear por su segunda tierra, Un día lo vimos en Suecia, allá por el 1995. Si su anfitrión de ese momento, Pierre Schorí (brazo derecho del extinto Olof Palme), entonces con el poder necesario, le hubiera apoyado podría haberse creado Menoyo una auténtica base política entre aquellos exiliados que a pesar de su anticastrismo llevaban en la sangre los valores del socialismo.

Pero Menoyo estaba mal guiado, llevado de la mano, sin saberlo por el Diablo, alguien quien mas temprano que tarde se manifestó como un cómplice del gobierno cubano: René Vázquez Díaz. Algún día nos dirán los historiadores cual fue la dimensión de su responsabilidad en el hecho de que el la doctrina de “Cambio Cubano” no echara raíces en el exilio político que por estos hélidos lares se estaba gestando.

Gutiérrez Menoyo continuó su lucha frente al régimen interminable de los Castros, respaldado por los pocos acólitos de su grupo Cambio Cubano, marcando distancia con el resto de la oposición a la que denuncia por una corrupción que tiene mucho de cierta, sin establecer otra alianza que de manera ocasional fragua con sus correligionarios de Arco Progresista.

Dijo en Cuba cuatro verdades, contra unos y contra otros, y aunque tolerado no avanzó demasiado, mas allá de convertirse en un referente moral que no puede ser negado, ni siquiera por sus enemigos de “izquierda” y de “derecha”.

En todo caso tuvo un gran mérito, raro en una generación violenta que quiere morir de un odiando con las botas puestas. Fue capaz de iniciar una nueva guerrilla cubana, la partida solitaria, desguarnecida, olvidada, pero no por ello menos heroica que la del sacrosanto Guevara, pero mucho mas humana y noble que la boliviana, por ser la de veterano comandante, una guerrilla cuyos humos no emergen de cañones, sino de la pipa de la paz.

Descansa Eloy tranquilamente, nada malo te aguarda del otro lado que si tuviste muertos alguna vez, ellos, por tu sufrimiento en prisión, tu cambio de vida y acción, hace tiempo, te habrán perdonado.

Venga a los familiares y amigos de luchador fallecido estas condolencia de una revista que se siente en deuda con Menoyo, como debe estarlo todo hijos de la patria cuyo nombre tomamos prestado.

Testamento político de Eloy Gutierrez Menoyo publicado tras su muerte en diversos periódicos españoles

El año 1959 registró un acontecimiento que parecía marcado por la poesía: la Revolución Cubana. De aquella Revolución, esparcidos por la isla y por el mundo, quedan hoy restos dolorosos de un naufragio. En el 2003 regresé a Cuba. Enemigo en un tiempo del Estado cubano y percibido así oficialmente, intentaba una actividad pacífica que fecundara a favor de un espacio político. Durante años, desde el exilio en visitas puntuales a Cuba, habíamos dialogado con este gobierno con vista a una apertura política. Con el país hecho añicos, sin el socorro de la desaparecida esfera comunista, no le quedaba a Cuba otra salida que no fuera el cambio.

Así se lo manifesté a Fidel Castro en nuestros encuentros que consideré breves pero sustantivos. Sin embargo, desde mi llegada sorpresiva, no se me ha extendido el carnet de identidad ni se me ha otorgado el espacio político que se discutió en un tiempo. Es cierto que se ha tolerado mi presencia pero ello ha ocurrido bajo el ojo orwelliano del Estado que se ha preocupado por observar de cerca a nuestra militancia.

En el tiempo que he pasado aquí, he visto también la destitución de sus cargos de algunos de los funcionarios oficiales que compartieron conmigo y otros activistas de Cambio Cubano, no sólo la preocupación por los problemas que asolan a nuestro pueblo, sino también la urgencia de producir la necesaria apertura política. Esa apertura política traería consigo grandes transformaciones que se hacen impostergables y para las cuales no faltó en los momentos de nuestras conversaciones cierto estímulo alentador por parte del más alto liderazgo de este país.

Hoy día, sin perder mi fe en el pueblo cubano, denuncio que aquella empresa, llena de generosidad y lirismo, que situaría de nuevo a Cuba a la vanguardia del pensamiento progresista, ha agotado su capacidad de concretarse en un proyecto viable.

Comparto esta realidad con los mejores factores del pueblo cubano, estén en el gobierno, en sus depauperadas casas o en el exilio, y asumo la responsabilidad de este tropiezo a la vez que me reafirmo en las ideas que en su inicio suscitaron la admiración de amplios sectores cubanos e internacionales. Hago esta declaración en medio también de un diagnóstico médico en lo que va menguando mi salud personal. Asumo la responsabilidad de esta batalla y no me amedrenta el hecho de que algunos puedan calificarla de fracaso. La voluntad de perpetuarse en el poder de Fidel Castro ha podido en este caso más que la fe en la posible renovación de los mejores proyectos cubanos desde fecha inmemorial. ¿Cuál es la Cuba a la que me enfrento hoy en medio de mi enfermedad? Es una Cuba desolada en la que el carácter ético del proceso de 1959 se ha hecho inexistente. El ciudadano ha ido perdiendo consciencia de sí mismo: se resiste aunque a veces no lo exprese y la juventud se sustrae y convierte el deseo de escapar en una obsesión desmesurada. Grandes sectores de la gente de a pie ya sabe de memoria que esta revolución ya no tiene sentido moral. El cubano ha ido perdiendo su esencia. Sobrevive en la simulación y en ese extraño fenómeno del doble lenguaje. Las estructuras son irracionales. La extranjerización de la economía se monta precariamente sobre una fórmula absurda y desbalanceada que excluye el protagonismo y la iniciativa nacional.

El gobierno que pregonó ser del pueblo y para el pueblo no apuesta por la creatividad y la espontaneidad nacional y el sindicalismo brilla por su ausencia.

Me ha tocado vivir de cerca la ardua faena de intentar hacer oposición en este país. He sido firme en mi posición independentista y en mi llamado a marcar distancia de cualquier proyecto vinculado a otros gobiernos. Pero el gobierno cubano ha sido tenaz en su minuciosa labor de hacer invisible a la oposición, a la que se coacciona y cohíbe de movilizarse y no se le permite insertarse en las áreas importantes de las comunicaciones o la legislación.

¿Cómo indemnizar a un país a 50 años de disparates contra su ciudadanía? ¿Cómo se indemniza a un pueblo de tantos daños directos contra la colectividad y el ciudadano? ¿Cómo se le indemniza de los errores por consecuencia?

El gobierno cubano no deja duda de su incapacidad de crear progreso. Como resultado de esta realidad el cubano deambula sus calles como un ciudadano disminuido, inquieto, triste e insolvente. En la mentalidad de los que se aferran del poder a toda costa ese ciudadano es el modelo y candidato perfecto a la esclavitud. La constitución no funciona. El sistema jurídico es una broma. La división de poderes no es siquiera una quimera. La sociedad civil es, como el progreso, un sueño pospuesto por medio siglo.

¿Burla la justicia la madre desesperada que busca leche para su hijo en la bolsa negra? Hace unos 60 años, Fidel Castro se dirigió a un magistrado, en medio de una dictadura pero con prensa libre como testigo, y explicó que si se le acusaba por uso de fuerza militar revolucionaria, ese agravio, ese desacato a la ley, y aquella querella oficial contra él, debían ser desestimados ya que el gobierno existente era producto ilícito de un golpe de estado. Aquella lógica, inexpugnable y cierta, podría aplicarse hoy día, en nombre de la oposición para decir que el gobierno cubano hace un grosero uso del poder absoluto y que su consolidación a perpetuidad es una intolerable disposición testamentaria. Se usaría bien aquel planteamiento de Fidel ante un magistrado para decir que nadie puede hacerse custodio eterno de un país ni llevar adelante una meticulosa empresa de abolir la realidad y de paralizar el avance. También se me ocurriría preguntar dónde está la dirección originaria del proceso por el que murió mi hermano Carlos o cuándo terminará la desazón de sentir que el futuro está hipotecado. Durante 50 años de destreza política y control policiaco el cubano ha sido un verdadero héroe de la subsistencia dentro de un laberinto dialéctico. Ha manejado el desencanto y el extravío y el desdoblamiento y la fatiga. ¿Qué tiene de nuevo que decirle este gobierno a ese cubano acerca de su destino incierto? Según los médicos, mi diagnostico es irreversible. Voy sintiendo que cada día será más opaco y a la vez más cierto en la brevedad de mi destino. No temo el diagnóstico que parece ser una ruta y la caminaré con calma y con esperanza en el futuro de Cuba, esta tierra de hombres y mujeres inigualables. Quisiera decir que me reitero en las ideas que alentaron en mí y en mis hermanos mis padres generosos; ni tamizo ni renuncio a mi vinculo con la socialdemocracia, una vinculación que es, cada vez más, a partir de la visión incluyente de la historia; las posibilidades de éxito de cualquier visión política se engrandecen o achican a partir de la generosidad y el sentido de compromiso colectivo, la capacidad de acuerdo de sus portadores.

Si ofendí a alguien, si los fantasmas de las diferentes contiendas me tentaron a faltarle a la generosidad, pido benevolencia, al igual que olvido a quienes pudieron haberme juzgado de manera apresurada hoy reflexiva. Creo haber servido a Cuba en diferentes etapas por encima de los errores de mi autenticidad, de cualquier falta de visión de mi parte o de cualquier terquedad en el camino. Durante la revolución, creo haber sido una voz de humanismo que se manifestó quizá mejor en el sentido de oponerme a los fusilamientos. Haber vivido en mi infancia la guerra civil española me había preparado para intentar al menos el dominio de las pasiones. No creo haber sido de los que permitieron el reverso del sueño que acabó en convertirse en la peor pesadilla. Alguien podría interpretar este documento como un lamento pesimista. Sin embargo, no es ese su propósito como no va en él ninguna forma de cólera aunque me haga eco de estos duros quebrantos de la familia cubana a la que me uní desde mi niñez al llegar a Cuba como miembro de una familia de exilados españoles republicanos. Mi optimismo se basa en la fuerza telúrica de esta isla; en la ternura infinita de la mujer cubana; en el poder de innovación de su gente más sencilla. La herencia de perdurabilidad de la Nación cubana resistirá todos los ciclones de la Historia y a todos los dictadores. Varela es más que una seña. Maceo es más guía que guerrero admirable. Martí no es una metáfora. La suerte llegará. Cuando el último cubano errante regrese a su isla. Cuando el último joven nacido en Madrid, en Miami o en Puerto Rico se reconozca en la isla. Cuando sanen las heridas y desaparezca el dolor habrá un pueblo que tendrá cautela de celebrar su nueva dicha y de cuidarse de magos iluminados y de proyectos mesiánicos. Porque, no importa cómo, la suerte llegará: delgada, silenciosa y frágil como una mariposa llena de júbilo, como una señal para este pobre pueblo que merece algo mejor. Yo sé que habrá una mariposa que se posará en la sombra. Me habría gustado poderle decir que habría querido dar más; acaso ella habría entendido que sólo pude dar mi vida y que tuve el privilegio de ser parte de esta isla y de este pueblo.

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