Un racista sueco llamado August Strindberg

27 Oct

En la nota sobre el tema del escándalo sobre Tintín y el racimo, había yo prometido escribir el próximo artículo dedicado un August Strindberg que cojeaba de esa misma pata. Disculpe el lector sino es hasta ahora que encontré la oportunidad para abordar algo que descubri el día en que cayó en mis manos el libro “Radikalare än Hitler?” (¿Mas radicales que Hitler?) escrito por Göran Dahl, profesor de sociología en la Universidad de Lund, quien escribe entre otros temas sobre la critica de la cultura, el psicoanálisis y las políticas conservadoras.

Había comprado ese libro sin sospechar que en su interior me toparía con un Strindberg para mi desconocido, movido por el tema general que aborda, el de las corrientes ocultistas de principios de siglo XX que entroncaron con el nazismo. Un fenómeno curiosísimo del que supe gracias a un libro que amo, tanto que lo envié a Cuba para que lo leyeran mis seres queridos y luego lo hice regresar a Suecia: Me refiero a un libro que adquirí en las calles de Madrid, por “cuatro perras”: “El Mandril de Madame Blavatsky“, un estudio muy bien escrito de P Washington, la obra mas contundente que he leído contra esos movimientos espirituales que hoy engloba la llamada nueva era, de los que sin que muchos sepan también bebió el nacional socialismo, creando un raro maridaje entre ciencia y mitologías que termina por dejarnos estupefacto. Por el supe de la afición de Hilter por el ocultismo , así como de sus consultas a astrólogos oficiales antes de tomar decisiones importantes, aficción semejantes tenían otros dirigentes nazis como el teórico racial Alfred Rosenberg, seguidor de Gurdjieff o Hess, adepto al pensamiento de su tocayo Rudolf Steiner.

Por cierto hace algunos años se generó una gran debate en Suecia en relación a las escuelas Waldorf, basada en en el steinerismo, las cuales fueron acusada poco menos que de sectas cuando no de fascistas.

La esoteria nazi

¿Quién no conoce de las búsquedas hitlerianas en el corazón de Asia, gracias a la película “7 años en el Tibet“, o el libro del mismo nombre escrito por Heirich Harrer?

Allí se narra la expedición enviada aquella región asiática por la “Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana”), mas conocida como Ahnenerbe, presidida por el propio Heinrich Himmler, el objetivo era identifica el punto de nacimiento de una raza de la que descenderían tanto los pueblos nórdicos como las aristocracias chinas y japonesas, una raza que supuestamente no había surgido de la evolución, sino llegado del cielo para establecerse en la Atlántida.

No se hasta que punto la expedición nazi habría podido confirmar esta locura, mucho mas acertado parece ser la afirmación de su responsable, el biólogo Ernst Schäfer, de que el Yeti no era otra cosa que una especie de Oso. Por cierto hay una historieta de Tintín de 1960 en la que este viaja al Tibet y se topa nada más y nadamenos que con el propio Yeti.

Strindberg bebe de la misma fuente

Los antecedentes de todo lo anterior nos lo explica Göran Dahl en su libro, particularmente en la parte que dedica la “ariosofía” como antepasada ideológica de los nazismo. Se trata de una suerte de teosofía germanizada que emerge en la Viena de la década de 1890, es decir la la ciudad cosmopolita donde una joven Hitler soñaba hacerse pintor y en la que se mezclan ciencia ocultismo y astrología, un movimiento que tiene como figuras principales al austriaco Guido Von List, así como siciliano Adolf Lanz, alias Jörg Lanz, o Lanz von Liebenfels, con quien Strindberg parece haber mantenido correspondencia y hasta haber sido miembro de su organización esotérica Ordi Novi Templi (ONT), desde el año 1898 hasta el de su muerte, 1912.

Nada, que como Breivik, el terrorista islamófobo de Oslo, Stridnberg también nos salió “templario”.

En su principal obra, publicada en 1904 ” Theozzologie oder die Kunde von den Sodoms-Äfflingen un dem Götter-Elektrom, Liebenfels aseguraba que el paraíso original quienes gobernaban eran los arios quienes habían sido traicionados por sus mujeres las cuales se dedicaban a la sodomía y el sexo con los monos, como resultado de estas relaciones habían surgido los Tschandalas” -llamados popularizadios por el dramaturgo sueco  con el término de “Äfflingar” de la palabra alemana “affe”que signfica mono,  en una traducción al danés de su relato Tschandalas- los medios monos d la actualidad representados, según el ariósofo por los gitanos y los judíos. La solución al problema que ya entonces proponía Adolf Lanz era la de exterminar aquella raza “degenerada” usando recursos como la deportación a Madagascar, la cárcel el hambre o la esterilización. Medidas que como se sabe fueron puestas en práctica pocas décadas después y no solo por los nazis.

Strindbeg admiraba las ideas de Liebenfels con quien se carteó desde a comienzos del siglo XX hasta que el escritor teatral fallece. Estaba además suscrito a la revista Ostara que publicaba el ocultista siciliano desde el año 1904 y que duró hasta 1918, publicación en la que aprecerá un sentido obituario con motivo de la muerte del escritor escandinavo.

Del pensamiento racista de Strindberg volví a tomar nota el 6 de septiembre pasado durante la inauguración de la exposición titulada ¿Era Stridberg racista? en el centro Multicultural de Fittja, allí podían leerse textos del famoso dramaturgo cargados de la xenofobia usual en la época, pero que no se justifican en la pluma de un hombre cultivados, capaz de abordar en su obra temas universales y de penetrar en el alma humana como pocos escritores suecos de su tiempo supieron hacer.

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Aunque no me dedique a contrastarlas detenidamente las frases parecen entresacadas de un folleto publicado por el Centro Multicultural con motivo de la exposición, cuya portada estaba ilustrada con un autorretrato realizado por Strindberg en 1886.

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En él se explica que el aporte del Centro, al “Año Strindberg”, 2012, ya que se ha pasado por alto la relación del esc ritor con el pensamiento racial de su tiempo, es precisamente llamar la atención sobre ese aspecto.

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Tras caracterizar la “bella época” en que le tocó vivir a Strindberg, preñada de colonialismo y antisemitismo, se exponen una serie de citas del escritor que dilucidan por sí mismas si  el autor era o no racista.

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Aquí vemos un Strindberg que a despecho del antirusismo propio de sus compatriotas cifra sus esperanzas en Rusia como parabám contra el “peligro amarillo”, que pide que echen a los chinos como hacían los norteamericanos. Lp paradójico es que al final de su vida, terminó estudiando chino como hacen hoy sus coterráneos.

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A los negros, si bien los consideraba humanos los equiparaba con los blancos idiotas y en virtud de ellos cuestionaba el que se le concediesen los derechos ciudadanos.

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En cuanto a su descripción física y moral de los judíos, juzgando por lo que se muestra, esta parecería haber servido de modelo a la propaganda antisemita esparcida primero por la Rusa Zarista y luego por la Alemania Nazi. Strindberg no muestra la menor piedad con los judíos de su época, ni siquiera con el que fuera su propio editor y eso que declaraba que no los odiaba.

Si es bueno aclarar que el antisemitismo sueco estaba muy ligado al pensamiento del movimiento obrero -con el que Stridberg se vinculara al final de su vida- que identificaba al hebreo con el plutócrata y ciertamente la socialdemocracia nació viciada de ese mal, siendo como fue uno de sus patriarcas, Carlos Marx a pesar de sus orígenes judíos, uno de los críticos mas hirientes se esa comunidad.

Contra los gitanos escribe el tramaturgo su relato Tschandala, de 1889, donde sublima una historia acaecía a el mismo cuando se le acusó de haber embarazado a una gitana menor de edad. En su novela se trata de un honesto maestro de raza aria en de la Escania (Skåne) de los años 1600 que trata de ser timado por un malévolo gitano.

Por cierto cuando una contempla las fotos de Strindberg, rubio, de ojos claros y frente ancha recuerda mucho al modelo de sueco puro que uno encuentra ojeando los libros de Instituto racial de Uppsala, paradójicamente si en algo se muestra el escritor universalista en el asunto de la “suequidad” abordado al final del folleto, donde se extrae un fragmento de un artículo de 1886 donde afirma “El ser sueco no es peor que ser otra cosa, tampoco es mejor”

Aleluya, el racista no no resultó ser nacionalista.¿ y que más da?

Portada arriba y contraportada abajo del folleto publicado por el Centro Multicultural para la ocasión.

Por último quiero agregar que fue la inaguración de la muestra la oportunidad para escuchar en persona al profesor Göran Dahl, hablando de contenido de su obra sobre los predecesores ideológicos del nazismo y por supuesto del encantamiento de Stridberg con algunas de las ideas de estos. Y creo tras escuchar la charla y vover a revisar el libro que las editoriales del continente comenzando por las españolas deberían traducirlo, como un aporte a la comprensión de los orígenes ideológicos de la intolerancia y el miendo al otro que día a día se acrecienta más, en el viejo continente.

Miniatyrbild
Strindberg och det esoteriska rastänkandet (1)

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