Encuentro en Estocolmo con un hombre “providencial”: Oswaldo Payá Sardiñas

23 Jul

Oswaldo Payá Sardiñas con democristianos y miembros del Comité Escandinavo Premio Nobel a Payá. Restaurante “Rodolfino”, Estocolmo
Foto: Carlos Manuel Estefanía Aulet.

 

Por Carlos Manuel Estefanía Aulet.

La más cara entre de mis diferentes utopías es la de una sociedad sin Estado, ni clases, donde los hombres, en plena libertad, convivan armónicamente, donde se trabaje, no por dinero o competencia, sino por solidaridad y el placer de crear. Así, me habría gustado ver un camarada de sueños, es decir un libertario cubano (cosa un tanto “utópica”) galardonado con el premio Sájarov 2002 que entrega el Parlamento Europeo a quienes se destacan en la lucha por la libertad de expresión de los pueblos, pero no fue así.
Soy realista y comprendo que para establecer esa sociedad soñada habrá de pasar mucho tiempo, y que para ella no existe otra vía mejor que la transformación pacífica, la persuasión y la reforma, al estilo de las que por décadas hicieron los socialdemócratas suecos para domar al mercado y redistribuir equitativamente la riqueza. Me habría gustado pues que el premio se lo otorgaran a un socialista democrático de mi patria.
También estoy consciente de que para lograr estos cambios sociales no se puede echar a un lado lo mejor de cuanto aportó el pensamiento liberal, es decir el concepto de Estado de Derecho, la partición de los poderes, las garantías procesales y en general las libertades aceptadas universalmente como derechos humanos, en tal sentido no habría tenido el menor reparo que fuese premiado un liberal cubano, con responsabilidad social, al estilo de Martí, por ejemplo.
No fue un libertario, ni un socialdemócrata, ni un liberal quien recibiera, en nombre del pueblo de Cuba, el premio Sájarov 2002, ha sido un democristiano. Sin embargo no hay que sentirse frustrado, en primer lugar porque lo importante hoy es que se premie a un buen cubano, no su doctrina.
Sí, como es el caso, el galardonado con el Sájarov 2002, es un hombre de paz, un intérprete del código humanista que, más allá de cualquier secta o iglesia encierran en profundidad las enseñanzas del maestro Jesús (el hijo del hombre), bien venido sea.
El lunes 30 de diciembre de 2002 he tenido la suerte de conocer personalmente al “elegido”, no me defraudó.
Llegué a las 11:03 AM a los locales adjuntos al Parlamento donde estaba programada la rueda de prensa de Oswaldo Paya. Debía comenzar a las 11 en punto, traía pues, conmigo, junto a la inmensa curiosidad por conocer personalmente al premio Sájarov 2002, el estrés natural de quien sabe ha llegado tarde en una sociedad estrictamente cronometrada como la sueca. Afortunadamente aún no había comenzado la conferencia.
En el salón se hallaban diversas personalidades de la política y de los medios de comunicación, así como jóvenes activistas suecos que han estado en Cuba o que pronto viajarán a la isla en respaldo a su sociedad civil. Entre los últimos me alegró reencontrar Hanna Hellquist, inolvidable por su perfecto español, su carita de estrella hollywoodense de los años treinta y sobretodo por esa pasión, más latina que germánica, con la que se ha entregado a la causa de Cuba. A modo de halago le digo, “solo por tu foto ya vale el número 17 de Cuba Nuestra” -en la edición, recién salida de la imprenta, se publica una excelente entrevista [ ver’Nosotros somos también seres humanos’ Oswaldo Paya ] realizada por Hanna a Paya Sardinas, en Cuba, cuando nadie esperaba su premiación con el Sájarov y el Várela era sólo un proyecto en ciernes. Quizás por ella, por la entrevista al galardonado, es que la revista vuela, como dulce en la puerta de un colegio, a manos de los asistentes, apenas Alexis Gainza, el coordinador general de la publicación, coloca sus ejemplares la mesa de la conferencia.
Entre ellos se encontraban; Góran Holmström, presidente del Consejo por la Democracia y el Desarrollo (institución adjunta al Partido Socialdemócrata Sueco), quien ha estado en Cuba y publicado un excelente articulo sobre ella [ver en Cuba
Nuestra Respaldará la Democracia Cristiana Sueca a su contraparte cubana ], fijo con él una entrevista. Se haya también Liza Migueles, representante democristiana en el Consejo Comunal de Skarpnáck (un caso poco común de sueco-chilena pasada de las filas socialistas a las de la democracia cristiana), el periodista Thomas Gustafsson del periódico socialdemócrata Aftonbladet, Kerstin Kollberg, del periódico liberal Upsala Nya Tidning, Henrik G Ehrenberg redactor del periódico “Kristdemokraten”.
También se encontraba Birger Thureson, redactor del periódico Dagen y uno de los tres suecos arrestados y deportados de Cuba por haber efectuado un seminario con nuestros periodistas independientes en verano del 2000.
Enseguida apareció Payá, franqueado por Lars Leijonborg, presidente saliente del Partido del Pueblo (Folkpartiet), organización socioliberal cuyos representantes en el Parlamento Europeo tomaron la iniciativa en la nominación del opositor cubano al Premio.
Este cubano, del que lo menos que puede decirse es que es un hombre bueno, saludó a los presentes con su habitual y sencilla sonrisa. No se descubre la menor pizca de altanería en el galardonado, ni siquiera ante la admiración y respeto evidentes con el que le acogen, en esta ocasión, los ciudadanos de una de las democracias más antiguas y estables de Europa. Toma
asiento nuestro héroe y ofrece unas palabras introductorias a la rueda de prensa. Se presenta humildemente como parte del movimiento cívico cubano, recordándole a los presentes los miles de
compatriotas que sufren persecución por defender los derechos humanos en su isla. Agradece las atenciones , recibidas en este viaje por representantes de las más 1 diversas orientaciones ideológicas, recalcando que en ) Cuba lo que se construye en estos momentos es la “casa de la democracia”, que sólo en el futuro habrá decidirse de que color ha de pintarse. Explica que la represión en Cuba la sufren por igual los disidentes de izquierda como los que no lo son, y que todos suelen encontrarse, no importa lo variado de sus ideas, cara a cara, en celdas de la policía que les reprime. Así mismo condena todas las dictaduras, no importa su fundamento de derecha o izquierda y alerta contra quienes enfrentan las victimas de unas con las victimas de las otras.
Paya puso al tanto a los presentes de los cambios que desde abajo se están logrando en Cuba En el poder observa la tendencia a crearse una nueva oligarquía, pero desde abajo las transformaciones son evidentes, sobretodo en la mentalidad, más y más cubanos vencen las cultura del miedo, y aunque los CDR no han cambiando su misión de control, la gente que los integra si esta cambiando, esperando y deseando lo mismo que los opositores abiertos.
Paya aboga por una transformación pacífica y sobre la base de la reconciliación, convencido de que de otra manera puede sobrevenir una nueva dictadura lo cual no es deseable en ningún sentido. Paya se manifiesta por la creación de una sociedad donde el hombre no esté sometido ni por el mercado, ni por el Estados. Explicó los métodos fascistóides de terror que asume la represión, narrando como su casa, cuya fachada no es mayor que la de una pequeña pared del local, fue objeto de pintadas y su puerta cerrada desde afuera y rota por las fuerzas represivas en vísperas de su salida. Kerstin Kollberg le pregunta si no tiene miedo a nuevas represalias a su regreso, a lo que responde el entrevistado que sin arrogancia pero con entereza, pondría su destino en manos de Dios.


Oswaldo Payá Sardiñas en el restaurante “Rodolfino”, Estocolmo, 30 de diciembre del 2002.
Foto: Carlos Manuel Estefanía Aulet

Mientras habla aquel hombre, de estatura media, rostro noble y mirada directa a sus interlocutores, recuerdo lo que unos días antes, sobre su persona, me había relatado Alexis Gainza. El coordinador de Cuba Nuestra, acompañado del Erik Jennischet, especializado en la política de la oposición interna cubana, había asistido a la entrega del Premio Sájarov en Estrasburgo, Francia el día 17. Allí los viajeros del norte contactaron al galardonado e iniciado las gestiones para su viaje a Suecia. En el ínterin fueron testigos de la premiación y por tanto de todo lo que lo que no se dijo por la televisión cubana (por motivos de censura mayor) ni llegó a recoger el amplio reportaje que le dedicara al evento TV Martí. Supe así de detalles aparentemente irrelevantes, como la pregunta de no muy “buena leche”, realizada al disidente por una misteriosa periodista de la Radio de Francia (por más señas con estampa sudamericana y hablante del sueco), quien interrogó a Paya sobre su posición con relaciónal trato de los “supuestos terroristas” encerrados por Estados Unidos en Guantánamo. Como a todas las demás preguntas Paya respondió con claridad y sin evasiones, pero devolviendo la pelota al terreno principal de juego, es decir la situación interna cubana, subrayando entre otros aspectos que el no era un juez para determinar si los prisioneros eran terroristas o no, y lamentado que el pueblo de Cuba no tuviera el derecho de expresar sus puntos de vista sobre esa situación. La respuesta fue cerrada con una fuerte ovación.
El incidente no habría tenido para mí mayor trascendencia, en medio del cúmulo de denuncias sobre la violación de los derechos humanos que hizo Paya, tanto  en el discurso al recibir el premio [ver en Cuba Nuestra Palabras de Pat Cox, Presidente del Parlamento Europeo y de Oswaldo Paya, promotor del Proyecto Várela, durante la entrega del Premio Sájarov el 17 de diciembre de 2002 ] como en su conferencia de prensa, si unos días después no hubiese recibido, en una lista de discusión, un artículo diseminado por Adrián Eduardo Cancino, editor digital de Adelante (versión camagüeyana del periódico Granma órgano oficial del Partido Comunista de Cuba) un artículo publicado por la revista digital Rebelión, el día 23 de diciembre, bajo el título de “Fidel Castro, violador de derechos humanos en Guantánamo” . En la nota, firmada por Pascual Serrano, se decía que la principal denuncia realizada por Paya Sardinas, contra el gobierno cubano, al recoger el premio Sájaron, había sido la de la complacencia de Fidel Castro con la violación de los derechos humanos en Guantánamo. También se acusaba a Paya de no condenar a los Estados Unidos.
Cuando llegó mi llegó el turno de preguntar a Paya, y tras presentar a Cuba Nuestra como la voz en Suecia de los Hijos Rebeldes de la Revolución, acoté la tendencia de algunos medios informativos, particularmente los que se presentan como “alternativos”, a preocuparse más, por lo que sucede en la Base de Guantánamo, que por lo que pasa en las cárceles de Cuba. Ejemplaricé el fenómeno con el artículo de “Rebelión”. Consciente estaba de que al dar a conocer aquel “punto de vista” asumía en cierto sentido el papel de “abogado del Diablo”, pero consideré del mismo modo, que esta sería la única oportunidad que tendría Paya para responder la nota. El luchador por los derechos humanos, sin perder la compostura, definió el artículo como una tergiversación total de lo dicho por él: ” ni fueron esas mis palabras, ni fue esa la principal denuncia”. Aprovechó de paso para mostrar a los presentes, con este ejemplo, uno de los mecanismos que se utilizan contra los disidentes cubanos por personas que tienen los recursos todo el tiempo del mundo para escribir cosas de las que ellos no pueden enterarse, así mismo  demandó a quienes decían que no criticaba a Estados Unidos que citaran correctamente sus palabras.
Al terminar la conferencia tuve la posibilidad de intercambiar varias varias ideas con el bravo opositor. Con la naturalidad que le caracteriza me pidió afectuosamente que no le tratase de “usted”, < llamándome “Carlos” a secas, como si fuéramos amigos de toda la vida (al menos esa fue la grata impresión que tuve). Luego desapareció por uno de los pasillos del edificio a fin de continuar sus contactos y entrevistarse, sino me equivoco, con Thomas Gustafsson. El periodista de Aftonbladet tuvo a bien regalarle a Paya su “Socialismo con Salsa” reciente edición hispana de su libro “KUBA, Konflikt och salsa i Karibien” (Carlssons 1997). Se trata una interesante lectura, en clave socialdemócrata, de la historia y la actualidad cubana. El libro tiene por demás el mérito de haber dado a conocer a lector sueco las investigaciones del investigador cubano Jaime Sarusky sobre la inmigración sueca a Cuba, recogidas en su libro “La aventura de los suecos en Cuba”.
A la salida, bajó un frío que ni los suecos eran capaces de soportar, aparecieron los fotógrafos del periódico Expressen, quienes fotografiaron a Paya con una bola de nieve en la mano y el Palacio Real, todo un símbolo nacional de este país, a sus espaldas.
Conformamos una pequeña comitiva, integrada por Paya, Holmstróm, Gainza,Jennische, Migueles, Thure-son, una joven activista que pronto viajará a Cuba para entrevistarse con los disidentes (cuyo nombre no menciono por razones obvias ) y quien escribe. Desandamos los callejones empedrados de la parte antigua de la ciudad hasta llegar al restaurante “Rodolfino”, especializado en comida italiana, donde los dependientes, en un rasgo extra de autenticidad hablaban entre sí en la lengua del Dante. Servilleta tomada ese día en el restaurante “Rodolfino”.
Al entrar me percaté de que Paya no llevaba guantes, quise darle los míos pero me dijo que ya tenía, entonces le ofrecí en su lugar, a modo de recuerdo, la boina que uso y por la que a menudo se me toma por “pintor”, quería hacerle un presente a aquel hombre santificado por el dolor y la ausencia de odios en su corazón, y que mejor que darle lo único que protegía mi indefensa cabeza, este día de calor humano y helada insoportable en la calle. Paya aceptó, con reticencia el presente, yo me sentí tan complacido como el humilde tamborilero del cántico, que regaló el toque de su instrumento alniño Jesús. Quiso el hado o la cortesía de nuestros acompañantes que me tocase sentar frente a frente a un Paya franqueado a la izquierda por Migueles y a la derecha por Thureson. Tan estratégica ubicación me concedió todas las ventajas para entablar una amena charla con el compatriota.
Hablamos de la oposición interna, de las actitudes de sus figuras frente al proyecto Várela, del exilio para el cual no quiso utilizar las palabras de moderación, intransigencia, ni ninguna otra etiqueta que no fuera la de “los que piensan igual o diferente”; y escucho sus argumentos contra el “determinismo biológico” según el cual nada puede cambiarse en Cuba mientras su actual mandatario viva. Gainza sacó a colación los años de cautiverio en Isla de Pinos. Supe de su doble formación académica; Paya estadio física en el Instituto Superior Pedagógico y luego se hizo ingeniero, de ahí quizás esa racionalidad, y sobretodo esa manera tan didáctica con la que expone sus puntos de vista, ante los públicos mas variados. Indagué sobre los cambios que se daban entre sus compañeros de trabajo y me habló del tránsito que se observa: del mobbing y la vigilancia permanente de la seguridad del estado a situaciones jocosas en las que sus colegas piden retratarse con “el disidente”. Esto y la misma presencia frente a mí de Paya me convence de que, sin dudas, Cuba está cambiando.
Por fin Erik nos recordó que ya era hora de partir, abracé a Paya, y me despedí con un “nos veremos en Cuba” , confiado en que respaldando a hombres de su calidad humana y coraje pronto tendremos Cuba para todos. Tal vez sean ellos los seres ” providenciales” encargados de enterrar para siempre, la intolerancia, la injusticia, la violencia y el odio de nuestra tierra, de dar inicio en Cuba a la “nueva era” de paz, concordia y libertad que espera su pueblo desde 1952.
Paya partió, acompañado por los sus cicerones por excelencia en esta cruzada nórdica; Gainza y Jennische, al hotel donde se aloja, el “Victory”. Casualmente es el mismo en que seis años atrás tuvo lugar un seminario con líderes de las organizaciones que conforman La Plataforma Democrática Cubana; La Unión Liberal Cubana, El Partido Democristiano de Cuba y la Coordinadora Socialdemócrata de Cuba. Con la presencia de Paya en el lugar , este sitio ha devenido en todo un símbolo para quienes en Suecia trabajan por la libertad de Cuba. En palabras de mi colega Gainza, el Victory (Victoria) se convierte en el puente que enlaza la solidaridad con la Plataforma y el respaldo nórdico al Proyecto Várela.

Artículo publicado en Cuba Nuestra, númmero 20, Marzo de 2004, páginas 51-54

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