La haine; retrato de un odio que no muere

9 Mar

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La haine. Exhibicion de graffiti en el CSOA “la madreña”. Foto: Galería de Alberto Menendez Cervero

Salí de Cuba en dirección a Suecia en 1993, dos años antes de que el director Mathieu Kassovitz estrenara una película que hasta ayer no había tenido la fortuna de ver La haine, lo que en Frances quiere decir El odio. Una película excelente que debería ver todo el que se haya visto en el rol de inmigrante en cualquier parte de Europa, y en particularmente aquél que desde esa posición haya traído hijos, lo mismo en Francia que España, Suecia que Dinamarca, Juana que su hermana. Se trata mas que de una historia de inmigrante, de los hijos de estos, representados en la poco usual, pero no imposible amistad entre dos jóvenes semitas uno judío y otro árabe y otro chico, negro y católico, a los que enlaza la amistad nacida en el ghetto.

Al director de la película no le faltan elementos comunes con sus personajes, en tanto el mismo es hijo de inmigrantes, Peter Kassovitz, un judío Nacido en Budapest en 1938, que durante la ocupación alemana se vio como se llevaban a sus padres a un campo de concentración mientras el mismo era obligado a llevar sobre la ropa la estrella amarilla de David. Pero aquí no paro la odisea del padre de Mathieu. En 1956 estalla la revolución húngara posteriormente aplastada por los soviéticos, en tales circunstancias Peter Kassovitz se verá a París. Donde se introducirá en el mundo del cine como operador de cámara, para terminar dirigiendo y escribiendo más de 30 películas de cine y televisión, iniciando así un derrotero en el cual su hijo Mathieu ha pisado muy firme con esta película de la que les hablo. Y creo que algo de esa vieja historia de judíos húngaros sobrevive en La haine.

Se trata de una obra que nos narra en blanco y negro, veinticuatro horas de la vida del Judío Vinz, el musulmán Said y Hubert el boxeador; tres pichones típicos de los suburbios de Francia donde el enfrentamiento a la policía racista no es cosa del otro jueves. Aquí vemos el anticipo de los incendios que conmoverán a toda Francia una década después, en este caso se trata de un disturbio donde un policía pierde una pistola que para suerte o desgracia de nuestros tres personajes viene a dar a sus manos.

La cosa se complica por que Vinz tiene un amigo en el hospital, apaleado por la policía y ha jurado vengarlo si muere. Se trata de un elemento de tensión permanente en una película marcada por el break dance, aún de moda. Lo que no ha pasado de moda es la situación y reacción de una juventud retratada desde adentro,  como en pocas película, sobre el tema  de la segregación y la xenofobia sh ha hecho; se la recomiendo, esto es cine y denuncia a un tiempo.

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