La segunda muerte de Orlando Zapata Tamayo

23 Jun

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Ros-Lehtinen, presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la cámara baja junto a la madre de Orlando Zapata Tamayo. Foto publicada en el sitio de Facebook de la política cubano-americana

Reina Luisa Tamayo, madre de mártir de la disidencia Orlando Zapata Tamayo, podía haberse convertido también en madre de la democracia cubana, por su carisma y por su entrega a la tarea de denunciar algo más que la muerte de su hijo, la arbitrariedad que existe en Cuba.

Sin embargo la politiquería local miamense la está convirtiendo en lo que el gobierno de Cuba prentedía, en enemiga de la gran mayoría de su pueblo más que de la tiranía.

Desterrando a esta mujer, que de todas las Damas de Blanco era la única que nadie podría señalar como agente de la seguridad del Estado (no puede pagar el precio de un hijo inmolado) el régimen se quitó un dolor de cabeza, perdiendo la disidencia un auténtico bastión en la zona oriental, y el exilio no muy ducho que digamos en pelear a distancia, una de sus mejores piezas en el tablero nacional.

La apoteosis, con un tiente de macabro, acompañó la llegada de Reyna Luisa Tamayo a Miami, no faltó el acoso mediático, ni robo de cámara por el activista subsidiado, ni el exótico toque de santo, ni la publicidad comercial a la hora de amueblar una casa, por cuyos gastos en realidad deberían haber corrido los fondos con los que el Estado Americano ayuda a los refugiado.

Y más que limosnas, por que eso parecían lo que se le entregaba a los recién llegados, era trabajo y capacitación para su nueva vida lo que se les debía haber dado.

No podía faltar al festín lo que nada tienen que ofrecer a sus votantes salvo mano dura contra la tierra que les vio nacer, dando sin querer, las únicas armas morales que les restan a los apologetas de los Castros.

Allí acudieron; la señora Ros-Lehtinen, presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la cámara baja (cobrando el servicio de haber librado a la familia mestiza de un incierto destino en la el estado de leyes razistas como es Arizona), así como los congresistas Mario Díaz Balart y David Ribera, han echado mano a la pobre señora y su imagen secuestrado para ganar con ella los voto que le otorga todavía la maltrecha y intransigencia.


Esta bien que se lleven a la anciana al Congreso de EE.UU. para denuncie allí la violación de los derechos humanos en Cuba, que la paseen por todo USA contando lo mismo. Lo que está mal es que la usen además para respaldar una política, que solo sirve para mantener en sus puestos a tanto a los Castros, como a estos parlamentarios, la de las sanciones contra la patria que les vio nacer, una sanciones que no tocan a la cúpula, pero si a al estado y por supuesto a la generalidad del pueblo cubano.

Desde el cielo en forma de lluvia caen sobre Miami las lagrimas de Zapata Tamayo, adolorido por lo que hacen los manipuladores de su pobre madre, torturando por la forma en que la demagogia su nombre está matando.

Llueve sobre el Versailles, restaurante de Miami. Foto. Carlos M. Estefanía

Y no sólo eso, el martir obrero estárá indignado por que fue para la libertad y bienestar de sus hermanos, no para esto, que entregó su vida cuando estaba encarcelado.

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