La verdadera historia del PSOE: un libro que los socialistas españoles deben conocer

3 Jun

Madrid, monumento dedicado a Francisco Largo Caballero dirigente del Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores, quien durante la Segunda República Española fuera Ministro de Trabajo (1931-1933) y Presidente del Gobierno (1936–1937). La obra fue inaugurada en 1985 frente al Ministerio de Trabajo y migración. Foto. Carlos M. Estefanía

 

Nunca terminé de leer un libro en fecha tan precisa y ajustada a su contenido, como me ocurrió en el caso de la Verdadera historia del PSOE: De Pablo Iglesias a Zapatero. Y es que llegué a la última pagina de esta obra de Juan Carlos Guirauta, publicada en el 2010 por la editorial BuenasLetras, precisamente cuando, el Partido Socialista Obrero Español cosechaba el peor resultado de su historia en las elecciones municipales y autonómicas, todo esto matizado por la Toma de las Plazas de España ‘los indignados. Lo primero constituía un varapalos político desde la derecha, lo segundo una paliza moral desde la izquierda -no importa la falta de banderas ideológicas con que aparentemente se desplaza el movimiento del 15-M.

Había descubierto la obra en la red y no tardó mucho en llegar a mis manos tras haberla solicitado a Johnny Pettersson, el excelente bibliotecario, del Instituto Cervantes de Estocolmo, institución en la que por cierto he podido acceder a una gran cantidad material, en forma de videos y publicaciones, sobre la historia de socialismo español.

El tema me interesa sumamente, sobre todo desde que comencé a evolucionar políticamente cuando me desempeñaba como profesor de “socialismo científico” en el Instituto Superior de La Habana, a fines de los años ochenta y principios de los noventa del pasado siglo. Ya para entonces había arribado a la conclusión de que el socialismo, si realmente pretendía superar al capitalismo, tendía que garantizar, al menos en lo político, las mismas libertades, y aún mas, que en teoría sostenían los ideólogos del liberalismo. En ese sentido me apartaba de la vocación impositiva del unipartidismo marxista leninista y me acercaba a lo que para mi parecía ser la práctica de la socialdemocracia internacional, dispuesta a ganar y perder elecciones con sus contrarios ideológicos en buena lid, sin renunciar por ello a la utopia de crear una sociedad mas justa. Paradigma de este modelo serían los socialdemócratas suecos y sin duda alguna los Españoles, de los cuales esperaba, por sus cercanas relaciones con Cuba una influencia positiva que indujese a la liberalización del régimen y al entierro de esa ortodoxia comunista que frenaba nuestro desarrollo como hombres libres. Una buena señal vino con las donaciones de libros hechas en aquella época, por España a la Biblioteca José Martí, miles de ellos robados por el público, donde pudimos leer de todo lo que en cuanto a pensamiento filosófico y político nos vedaban las editoriales cubanas y soviéticas, estas últimas venidas a menos frente al régimen cubano por el mensaje perestroico que transmitían.

Con ese modo de pensar llegué a Suecia en 1993, donde apenas tuve oportunidad me afilié a la socialdemocracia del país, todavía en la oposición. No tardé en decepcionarme cuando apenas llegada al poder ésta ordenara la deportación en masa de los cubanos que escapando de Cuba solicitaban refugio en el país escandinavo. Lo hice publicando una nota en el periódico Metro de Estocolmo donde acusaba a los socialdemócratas suecos de negarle a los cubanos la libertad que defendían para los trabajadores de su país. Al final resultaba que Lenin, sin que justifiquemos su política, tenía razón en muchas de sus criticas a un movimiento que al final se había convertido en organización representativa de la aristocracia obrera, una aristocracia que parece mas interesada en pactar con los empresarios su aferramiento los puestos de trabajos que en solidarizarse con sus hermanos de clase, ese lumpen proletariado que ayer tuvo sus raíces en la inmigración rural y hoy en la extranjera.

Desencantado con los suecos no lo estaba necesariamente con todos los socialdemócratas, por eso buscaba identidades en los que dentro del viejo continente se acercarían mas a mi persona, los de España, sobretodo por el rol en su formación, un rol que destacan sus historiadores lo menos posible, tuvo nuestro compatriota Pablo Lafargue, mentor marxista de esa tocayo suyo que fue Pablo Iglesias.


Este personaje, nacido en Ferrol el 18 de octubre de 1850 y muerto en Madrid, 9 de diciembre de 1925, a todas luces me caía bien, y es que el marxismo reformista este español se ajustaba a la forma de pensar conque salí de Cuba, es una pena que sus dos grandes creaciones, el PSOE y la Unión General de Trabajadores (UGT), se hayan apartado tanto de la doctrina originaria de este hombre humilde, forjado a sí mismo como político y como intelectual a partid de sus estudios primarios y su oficio como tipógrafo. Me gustaba además por que en etapa avanzada de su vida supo ver el peligro que significaba la adhesión Internacional Comunista (III Internacional) convocada por Lenin y supo combatir con todas sus fuerzas los sectores escisionistas que dieron lugar al surgimiento del comunismo español, siguiendo en la península la misma trayectoria que en Rusia había seguido el bolchevismo tras su ruptura con los mencheviques dentro del Partido Socialdemócrata que operaba en el imperio.

El socialismo liberal de Pablo Iglesias fue traicionado por la directiva que le sucedió tras su muerte, esta mancilló su nombre apoyando la dictadura militar del general Primo de Rivera, en 1934 jugó a superar a los comunistas liderando una insurrección, parcialmente exitosa en Asturias y Cataluña que violaba todos las reglas del juego democrático, al punto de que una de las figuras mas destacadas en la intentona Francisco Largo Caballero comenzó a ser nombrado como el Lenin español, y termino haciendo frente común en 1935, junto a otras fuerzas republicanas y izquierdas, socialistas, con los estalinistas. Este acercamiento “contranatural” se repetirá en los años 50 cuando ya en el exilio los socialistas, seguidores de la línea de Indalecio Prieto, intentarán pactar con la monarquía y aunque ese pacto terminó por no cuajar. No cabe duda de que de alguna manera ha permeado el espíritu de los socialdemócratas Españoles, que en la figura del mismo Zapatero que no se pone en pie cuando pasa frente a él la bandera norteamericana, se ven obligado a jurar lealtad el Rey instaurado por Franco como parte de la ceremonia de ascensión al poder.

Es sobre esta controvertida socialdemocracia que escribe en su libro Girauta, el cual tiene en su favor en ser un desencantado, lo cual siempre afila el arma de la critica, un joven que un día se sintió fascinado por Felipe González, por cierto el enterrador definitivo del marxismo pesoista, y que hoy con este libro salda cuentas con el partido que marcó su vida.

En la primera parte del libro titulada De las palabras a los hechos, encontraremos además de la génesis del partido elementos que como cubanos nos pueden interesar particularmente por ejemplo referencia al rol jugado por Lafargue, nuestro coterráneo y yerno de Marx, en la creación de los pilares de este partido obrero, o la posición que sostuvo el mismo frente a la nuestra guerra de independencia.

En la segunda parte, titulada En la revolución y en el gobierno, son tratadas los orígenes de dos figuras que ya mencionamos Largo Caballero e Indalecio Prieto. Se habla de la relación del PSOE con la revolución soviética, del colaboracionismo con la dictadura de Primo de Rivera, de la insurrección del 34, de su relación con el asesinato del político derechista Calvo Sotelo, así como de su comportamiento durante la guerra civil. Aquí hay que destacar el funesto rol de las Chekas controladas por el PSOE, las cuales no solo combatieron a los quinta columnistas, sino que desataron un autentico terror rojo, infringiendo la legalidad republicana y dando armas con sus excesos a sus enemigos.

La tercera parte resulta en una historia del exilio del PSOE hasta el surgimiento dentro de España de la figura de Felipe González.

La cuarta parte es la fotografía del Felipismo, sobretodo de la apoteosis que le llevó al poder.

La quinta tiene por personaje central el régimen de Zapatero, el rol de las acciones terroristas en su llegada al poder, el desencanto de Rosa Diez y otros muchos detalles que ponen en evidencia la degeneración de un partido, causante por igual de su última derrota electoral como del rechazo generalizado de la juventud española.

La critica de Juan Carlos Girauta por severa que resulte le hace mas bien  que mal al Partido Socialista Obrero Español,  necesitado como está de un reto que le empuje transmutar su organización política en un partido que en vez de gastar sus energías en desarticular la masculinidad de los españoles se dedique a transformar realmente la sociedad, liberándola de sus atavismos feudales, humanizando el capitalismo hasta que no quede de este no otra cosa que su  capacidad productiva, y su racionalidad en tanto nos cosifique a la persona humana, un partido que no vuelva a echar manos a las pistolas para imponer sus ideas, sino que las demuestre con el voto mayoritario de las urnas, que es donde se demuestra si una organización política representa o no a las mayorías, un partido que si alguna vez se ve obligado a echar manos a las bayonetas sea para defender precisamente el derecho de los ciudadanos a elegir, incluso a un partido contario, como se supone hizo cuando defendió la república.

Este libro, que parece un puñal clavado en la memoria del Partido Socialista Obrero Español, debería, ser lectura obligatoria de todos sus militantes, pues paradójicamente, les podría servir para retomar el camino abandonado, reencontrarse con aquel Pablo Iglesias que a costa de prisiones y sacrificios dotó al proletariado español de un partido digno y reiniciar de nuevo la senda que conduce a un régimen de justicia, igualdad, solidaridad y libertad como en teoría se plantea ser el socialismo.

https://cubanuestra1.files.wordpress.com/2011/06/p_libro.jpg?w=300

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  1. » - 4 junio 2011

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