Polonia Oriental bajo la zarpa estalinista: la historia que no se cuenta

7 Feb

El historiador y escritor Artur Szulc aborda la represión soviética del este de Polonia, entre 1939 y1941. Foto: Carlos M. Estefanía

Curioso sobre la historia de Polonia que soy, no podía permitirme faltar a la conferencia que anunciara la Asociación de Estudios Obreros ABF, de Estocolmo,  sobre el país centro-europeo, para  el sábado 29 de enero, a las 11:00 AM.

El evento organizado en conjunta colaboración con la Asociación Sueco-Polaca en Estocolmo, llevaba por título: Östra Polen i Stalins  1939-41 (Polonia Oriental en 96o bajo- la violencia de Stalin 1939-1941)

El evento resultaba importante tanto más cuanto casi de lo único que se habla, no sólo en el cine, sino en los medios académicos que abordan ese convulso período (1939-1941) de la historia polaca es de lo sucedido en los territorios bajo ocupación nazi , pasando  por alto lo que pasaba, de carácter no menos trágico en la zona oriental, que desde el otoño de 1939 hasta el verano de 1941 se halló en manos soviéticas.

La charla sirvió para dar a conocer como en nombre de la “liberación” y la construcción de un régimen soviético en esa franja de tierra se cometieron las detenciones, asesinatos, torturas y deportaciones que afectaron a cientos de miles de ciudadanos polacos de diversos orígenes étnicos.

El responsable de la charla fue el historiador y escritor Artur Szulc, quien tomó como base para el conversatorio su nuevo libro que podríamos titular en español: En la violencia de Stalin – la represión soviética del este de Polonia, 1939-1941.

La conferencia fue realmente interesante detallándose en ella cosas que eran de esperar por  las jugadas de las superpotencias y en definitiva el abandono sufrido por Polonia por parte de las democracias Europeas. La formación de milicias rojas en los territorios ocupados, los crímenes en masa que allí se cometieron y de los que no quedan ni señalamientos en el camino que permitan recordarlos. Por supuesto se trató también de las deportaciones sufridas por buena parte de la población.

Otras cosas resultaron novedosas, como por ejemplo el uso de los conflictos éticos, en particular las contradicciones entre polacos, ucranianos, bielorrusos y hebreos por parte de los nuevos ocupantes, quienes al final no discriminaron mucho a la hora de deportar en masa lo mismo a unos que a otros.

Mientras se desarrollaba la conferencia venía a mi mente un antiguo compañero de la Universidad de Moscú, un lituano semidisidente que me mostró, lleno de orgullo el gran reino que un día había sido Lituania, unida a Polonia.

Luego indagando en los libros del propio Artur Szulc, tanto el que servía de base a la charla como otro anterior, Med förtvivlans mod (Con el valor de la deseperación), hecho mano a mano con el historiador suecos ;Mathias Forsberg, dedicado a la lucha de los polacos contra los Alemanes, ” descubrí los detalles de esta historia de odios, conquistas y reconquistas, en las que en mas de una ocasión rusos y germanos se habían aliado contra los polacos.

https://i1.wp.com/cdon.se/media-dynamic/images/product/00/00/87/81/64/3/forsberg-mathias-med-fortvivlans-mod-kampen-for-polen-1939-45.jpg

Sólo un detalle no me gustó del evento, al terminar la charla un joven e instruido ruso intentó cuestionar tanto las proporciones étnicas como los orígenes históricos de Polonia y le hicieron callar, primero por parte del coordinador del evento, luego con dos sendos manotazos en el hombro propinado por dos señores, presumo que polacos, encopetados con sendos abrigos que me harían pensar en los nuevos “gaspadines” del poscomunismo.

Como no me gusta la injusticia, por muy bien que me caigan los polacos, me le acerqué al muchacho y le felicité por su intervención discrepante, para mi parte de todo un evento que realmente aspire a un mínimo de cientificidad.

Oleg, que así se llamaba el ruso, me escribió mas tarde un mail diciéndome lo siguiente:

¡Hola Carlos!

Fue un placer conocerte en la conferencia de Arthur Szulc hoy en la Casa ABF. Como yo estaba tratando de decir, la historiografía polaca es muy estrecha de miras y se basa en gran medida de sus propias percepciones y materiales. Hay mucho que se desconoce acerca de las relaciones entre Polonia y Rusia, que se extiende a más de 1000 años en el tiempo. Sin embargo, los historiadores polacos empiezan sus descripciones a partir del renacimiento de Polonia en 1918, como no hubiera habido nada entre el año 988 y 1918 . Arthur no es una excepción en este sentido. Él y yo hemos tenido muchas discusiones sobre temas históricos en el foro de Skalman. Básicamente casi nunca estamos de acuerdo en nada, pero nuestras conversaciones son en su mayoría muy objetivas y sin animosidad personal, que en sí mismo es bueno. Incluso más agradable sería si toda la verdadera historia fue contada en una forma equilibrada, de preferencia con la inclusión del enfoque de Rusia a las relaciones de los dos países.

Atentamente,

Oleg Mezjuev

Para ser justos debo reconocer que en el libro del historiador polaco se hace referencia a ese pasado remoto que menciona Oleg, pero quizás no sea esa la norma en los debates públicos que tienen lugar por lo menos en Suecia, como parece confirmar la experiencia de este día.

Es mas habría que reconocer, que tanto en la conferencia, por ejemplo cuando reconocía la vocacion del estado por polaquizar a las nacionaliddes no polacas – como en los libros de Szulc, se pueden encontrar elementos para criticar al lado polaco en todos estos conflictos.
Particularmente interesante me resulta la aparición en su obra de un personaje del que solo había leído denuestos en la literatura soviética, Józef Piłsudski, del que me entero ahora había sido miembro y líder del partido socialista polaco ( Polska Partia Socjalistyczna) . Optó por ese patriotismo polaco que los cubanos conocemos en la figura de Carlos Roloff, y creó un movimiento revolucionario para luchar por la independencia de Polonia, que por entonces se encontraba repartida entre Rusia, el Imperio austrohúngaro y Alemania. Sin duda se trata de una figura carismática y aglutinante, que en mi modesta opinión habría sido capaz de salvar a Polonia tanto de la garra nazi como la estalinista sino hubiera fallecido en 1935.

Bautizado con el nombre de Józef Piłsudski de Kościesza, este mariscal nació en Zułów, cerca de Vilnius, Lituania en el año 1867 . Este agerrido militar, forgado en la primera guerra mundial llegara a convertirse en el primer Jefe de Estado que tuvo Polonia tras su nacimiento, gobernándola entre 1918-1922 , más tarde dará un golpe de estado contra la joven democracia del país al que regira como dictador entre 1926 y el año de su muerte.

Por cierto, según wikipedia Piłsudski vivió en Japón durante la guerra ruso japonesa de 1905 y no me extrañaría que fuera parte de ese movimiento revolucionario que financiado por el Imperio del Sol Naciente, llegó a poner en crisis al Zarismo durante la primera revolución rusa.
El caso es que al desatarse la guerra civil entre los bolcheviques y sus opositores. El nuevo líder polaco consideró oportuno pescar en aguas revueltas, invadiendo las antiguas posiciones rusas y llegando a ocupar las capitales de Ucrania y Bielorrusia, de las cuales fue expulsado por un ejercito rojo que llegó a las afueras de Varsovia en su vocación por exportar una revolución que sólo Piłsudski podía parar.

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Monumento a Józef Piłsudski en Varsovia

Mas interesante resulta el detalle histórico que recoge el libro Med Förtvivlans mod, el de la invasión polaca a Checoeslovaquia en el mismo momento en que las tropas alemanas ocupaban los Sudetes. La ocupación polaca del territorio checoslovaco de Zaolzia, convirtió en ese momento a Polonia en el enemigo oportunista de un estado democrático y por tanto en aliado de la Alemania Nacional Socialista.

Como se ve, y sin pretender equiparar el tratamiento dado por los polacos a los habitantes de sus territorios ocupados, con el que daban en los suyos nazis y estalinistas, en todas partes cuecen habas y “donde las dan, las toman”.

En cualquier caso agradezco a ABF por este evento que me ha permitido conocer la interesante obra de Szulc y con ella una parte determinante de la historia contemporánea europea que no debemos olvidar.

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