Tres manifestaciones y una plaza

16 Ene

Manifestante en la Plaza Sergel, Estocolmo 15 de enero de 2011

Este sábado 15 de febrero ha sido un tanto ajetreado para mi. En la mañana temprano tuve que ir a la biblioteca de la Universidad de Estocolmo para devolver dos libros a punto de atrasarse, uno sobre cine y feminismo y otro sobre filosofía e imagen fílmica.

Campus nevado de la Universidad de Estocolmo. 14 de enero de 2011. Foto: Carlos M. Estefanía

Nada que sigo a la caza de la doctrina feminista donde quiera que saque la cabeza; mientras que no dejo morir al profesor de semiótica que un día fuí, alimentándose de vez en cuanto con textos como estos que nos hablan de las peculiaridades del discurso audiovisual.

Los libros que devolví.

De la biblioteca pasé a ver a mí buen amigo Germán Díaz, quien parte pronto a Miami, para darle unos encargos. No pudimos obviar la posibilidad de charlas sobre temas filosóficas, éticos y teológicos en los cuales este redactor de Cuba Nuestra se esta convirtiendo en un auténtico especialista. Lo que menos podía imaginar en ese momento, es que algunos de los temas que tratábamos, me los encontraría en carne y hueso pocos minutos después en la Plaza de Sergel, donde había quedado en encontrarme con mi hija para darle unos regalos y de paso dar un paseo.

Faltaban pocos minutos para las dos cuando nos topamos con tres manifestaciones, la mas pequeña y quizás menos animada tenía que ver  con WikiLeaks, la conformaban unos pocos muchachos aparentemente de origen sueco, o quizás europeos, de los cuales uno solo conservaba su cartel y puesta la máscara del V del Comic Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd, era como si no tuvieran conciencia de la importancia de su protesta, como si les faltase compromiso, como si se tratara de un juego de jóvenes pequeñoburgueses (palabrilla desterrada del diccionario político) mas que de una lucha en la que le va la vida a la libertad de expresión.

A pocos metros, con mucha mas pasión estaban reunidos los cristianos coptos, gritando contra los asesinatos de su religión en Egipto e Irak, lo hacían en una lengua que no comprendo, aunque con algunos carteles suecos y cruces que me permitieron saber de que iba la cosa.

Demostración contra los asesinatos de cristianos en Egipto y en Irak, Plaza de Sergel, Estocolmo. 15 de enero de 2011. Foto. Carlos M. Estefanía

La tercera manifestación parecía que estaba formándose; la integraban un grupo de adultos y niños tunecinos que festejaban la caída del gobernante de su país. Había escuchado algo en la mañana en el programa No es un día cualquiera, de Radio Nacional de España, donde se explicaba que un joven en paro se había quemado a lo bonzo y que esto había desencadenado la revuelta que derribara al régimen de Ben Alí. Había cierto jolgorio entre los comentaristas por el hecho.

Demócratas tunecinos celebran la caída del régimen en su país, esperemos que no les ocurra lo mismo que a los iraníes tras el derrocamiento del Sha. Foto. Carlos M. Estefanía

Sin embargo, me ha llamado la atención en el mismo programa pero un día posterior, las palabras del escritor y filólogo iraquí Pius Alibek, al parecer de origen arameo, y presumo que cristiano, de esos que los provocadores matan en el medio y cercano oriente, asegura que en el mundo árabe, cuando se tumba a un dictador, es porque esta preparándose una plataforma integrista para sustituirlo y destaca que los medios por no tomar nota de las consignas: “Alah es grande”. Me recuerda las que se encuentran los parlamentarios norteamericanos que viajan a Afganistán para surtir de armamentos a los mujaedines que luchaban contra Rusia, es lo que se ve en la película norteamericana La guerra de Charlie Wilson (Charlie Wilson´s War). No me parece extraño, no hace mucho charle con una sueca convertida al Islam que había vivido en Tunes, me decía que en ese país el velo estaba mas reprimido que en Francia, por parte de la policía del régimen que acaba de caer.

Son apenas las cuatro de la tarde y ya es de noche en Estocolmo, en la plaza de Sergel crece la manifestaciones de tunecinos este 15 enero de 2011. Foto: Carlos M. Estefanía

Unas horas mas tarde, poco antes de las cuatro, volví a pasar por la plaza. La pequeña manifestación tunecina se había agrandado, cantaban himnos y se veían contentos por la llegada de la democracia. Pensaba en lo que ocurriría si un día se cayera el régimen de Castro, cuantos cubanos que no movieron un dedo por los derechos humanos vendrían a celebrar, y pensé también en que tampoco creo en las revoluciones “populares” salvo como forma de encubrir golpes de estados. Veremos que pasa en Tunez, ojalá esté equivocado.

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