Noche de ángeles

16 Ene

Jóven bailaria siberiana. Es en su juventud donde está el futuro de Rusia. Foto: Carlos M. Estefanía

No encuentro otro nombre para calificar la del pasado 12 de enero, pues Ángeles parecían las chicas que llegaron desde la lejana Siberia para bailar en la Casa del Pueblo de Årsta, suburbio de Estocolmo.

Agradezco enormemente la invitación que nos hicieron para acudir al espectáculo, a sus auspiciadores en la capital sueca, asociación cultural rusa Rurik, y a la cual ya hice referencia en la entrada anterior a esta bitácora.

Cumplidos mis deberes laborales, había salido apresurado del trabajo, que queda al otro lado de la ciudad, sin mucha esperanza de llegar antes de que comenzara el espectáculo, para colmo anoté mal la parada de la suerte de tranvía o tren que me llevaría al lugar, bajándome por ello en el sitio que no me correspondía, caminé en una dirección, la que creía que me llevaba al lugar, hasta que se me ocurrió preguntarle al primer ángel de la noche una señora sueca, por la Casa del Pueblo de Årsta, ella me explicó que eso quedaba lejos en dirección contraria.

Volví sobre mis pasos, bajo la nieve y el frío, perdiéndome por un sendero que subía a oscuras una loma, mi instinto me dijo que iba por mal camino, me le acerque a un transeúnte, que marchaba en dirección contraria, quien debió ser el segundo ángel, de lo contrario, en medio de aquella oscuridad podría haberme tomado por un asaltante de caminos, pero amablemente me recomendó volver a la estación y tomar nuevamente el tren.

Volví sobre mis pasos buscando la estación. Foto: Carlos M. Estefanía

Una vez hecho esto le pregunte a la controladora, quien a su vez se dirigió a los viajeros, varios me dieron mensajes tan bien intencionados como encontrados, pero fue un señor mayor, con ciertos rasgos en la voz de hándicap mental , con la nobleza que esa personas suelen tener, quien terminó dándome la orientación correcta, incluso acompañándome hasta pocos cuadras antes del lugar, esté fue mi tercer ángel, pues tuvo que ser gracias a él que pude llegar, justo en el momento de comenzar la función.

Al fin llegué a tiempo a la Casa del Pueblo de Årsta. Foto; Carlos M. Estefanía

Debo decir que fue un espectáculo muy bello, a pesar de algunos problemas técnicos en el sonido. Aquellas niñas más que bailarinas parecían mariposas revoloteantes, por la gracia de su danza.

Chicas siberianas recibieron el nuevo año ruso este 12 de enero en la Casa del Pueblo de Årsta, Estocolmo. Foto: Carlos M. Estefanía

Esto sin dejar a un lado una técnica y un concepto de la coreografía único, propio de esa tradición danzaría que paradójicamente no ha dejado de desarrollarse en un país que ha sobrevivido a tantos régimenes, impropios de un pueblo tan noble y sabio como es el ruso: el zarismo, el marxismo-leninismo, el putinismo, mas lo que vendrá.

Mientras bailaban las muchachitas, pensaba en el interesante resultado de la mixtura euroasiática, en la historia codificada de sus danzas, que nos trae, sin decirlo claramente el clamor del Shaman, el galope del cosaco, el lamento del desterrado, la tirantez entre occidente y oriente que desgarra la cultura rusa, y por sobre todas las cosas la fuerza, la alegría, la agilidad y la pureza de una infancia y una juventud, que sin dudas sabrá sacar su gigantezca patria hacia adelante, ya lo veremos.

Al finalizar la danza y el canto se aparecieron dos personajes entrañables para los niños rusos, Abuelo Invierno, la versión rusa de San Nicolás, acompañado de “Nievecilla”, dos personajes de los que no había oído hablar desde nuestros tiempos soviéticos. Fue como un retorno a lo mejor de aquel pasado de “hermandad”. Otro detalle fue la venta de empanadas rusas, acompañadas de té que también reavivaron muchos recuerdos del pasado.

El "Abuelo Invierno" junto a "Nievecilla" y los niños vienen a recibir el Nuevo Año Ruso. Foto: Carlos M. Estefania

Lamento mucho la ausencia de niños, y en general del publico sueco, en este bello espectáculo, no saben ellos ni sus padres lo que se perdieron. Fue una noche inolvidable, que deberían regalarse todos los que en el mundo aman la danza. Por eso les invito a contactar con la asociación Rurik, y mediante ella, invitar a esas danzarinas de Siberia, que a fe mía, más que bailar, vuelan como los ángeles.

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