La Primavera de Cuba: Entre la razón y el anti catolicismo

2 Oct

Ya tengo en la a mano y agradezco  como siempre, el último número impreso de La primavera de Cuba, el correspondiente a Septiembre 2010, Número 20, Año 4, y viendo que mantiene su buena calidad, en general, aunque pueda comentar algunos detalles; lamento no haber tenido tiempo para seguir colaborando con esta importante tribuna  que desde Suecia y bajo el auspicio del Partido Democristiano en el país nórdico, se abre a los cubanos que disentimos de la línea oficial, sobre todo aquellos intelectuales dentro de la isla a los que por principios se le están cerradas las puertas de los medios de comunicación, editoriales, y otros espacios de expresión;  todo ello contradiciendo un postulado básico  del socialismo, el del carácter público que han de tener los medios de creación espiritual, precisamente para que con la crítica necesaria pueda la sociedad avanzar hacia el mejoramiento de las condiciones de vida y la realización plena de los hombres y mujeres que la integran.

Si hoy por hoy la crítica profunda y en la mayoría de los casos bien fundamentada, que sale de dentro de la isla;  se ha convertido en un servicio exclusivo, de medios no socialistas, la culpa fundamental  no está en esos medios, ni siquiera en los periodistas independientes que la realizan, sino, sobre todos en la élite que sostiene con mano de hierro los controles del capitalismo de estado imperante, y que determina, cuando,  dónde y hasta qué  nivel puede tener lugar el descontento de la ciudadanía.

Una queja que en el caso de La Primavera adquiere forma de rigor periodístico, o de ensayo cultural;  propio de un pueblo al que, reconozcámoslo desde nuestra disidencia, a pesar de las miserias, faltas de libertades, censuras y e índices, se le ha cultivado como a muy pocos en América latina;  incluida esa sección suya en la que se ha convertido el sur de la Florida

El crimen está en las expectativas que se creaban de creación de un hombre nuevo que nunca se materializaría, no tanto por la calidad de la materia prima, como porque en el proyecto no se incluía la participación plena del individuo en la toma de decisiones sobre su destino, porque no se preveía como librarle de esa alienación tan similar a la creada por el mercado  que ya desde entonces se observaba en las sociedades “modelos” del “socialismo real”.

Es desde esta perspectiva que se escriben y deben entenderse muchos de los artículos que aparecen en esta Primavera; de ellos me permito recomendar a los lectores mas exigentes; trabajos como el de Rogelio Furtado, titulado Revolución y Cultura, o Fantasmas, intelectuales y las tijeras de la censura de Luis Felipe Rojas, (página 16), así como  En defensa de las telenovelas cubanas, donde Victor Manuel Rodríguez, nos demuestra que tampoco todo es malo dentro de la producción cultural de la isla y que en el caso de sus telenovelas está, no solo reflejan la realizad de manera endulcorada, sino también pueden abordarla con crudeza, convirtiéndose en una especie de barómetro de la conducta ciudadana, el trabajo está en la página 19.

También valiosa resulta, para quienes luchan a brazo partido por el fin de los intercambios culturales con la isla, el trabajo de Juan A Madrazo, que aparece en la página 14,  titulado El Equilibrio de las diferencias. Donde el activista pro derechos humanos, convertido en analista cultural nos regala un magnífico trabajo sobre la presencia de grupos danzarios extranjeros en la isla, abordado de paso el problema del color de la piel en el ballet nacional.

Para cerrar el tema de la cultura nada mejor que leer el ensayo de creación colectiva titulado Armar el rompecabezas: Una cultura bajo control donde se aborda ese adocenamiento de la intelectualidad oficialista que tanto daño ha hecho a la creación cultural isleña.

Si de la situación económica y social se trata el lector no puede pasar por alto el análisis que hace del declive económico sufrido por el país en el 2010, el periodista Oscar Espinosa Chepe en la página 19, o la tragedia con el “condumio” que expone mi  buen amigo, el historiador y politólogo Leonardo Calvo en “Caída Libre“, página 18.

Del eje Cuba-Estados Unidos-Unión Europea, tiene mucho que decir esta edición;  una autentica internacionalista (que es como los venezolanos llaman a los especialistas en relaciones internacionales) que en este caso es Miriam Leiva, galardonada con todo derecho por Cuba Nuestra como el premio Estocolmo de Periodismo Digital.

Por último me interesa destacar el trabajo de Tania Díaz Castro, Condenados al silencio, dedicado a lo que tendrían que contarnos los defenestrados históricos de la Revolución, entre otros quienes aparecen en una curiosísima foto, de 1961 que ilustra el artículo, allí, junto a la entonces joven  autora se encuentran personajes tan interesantes como Edith García Buchaca y Joaquín Ordoqui, viejos cuadros estalinistas caídos en desgracia, quizás por no comprender del todo que “nuestro hombre” (el de Moscú) en La Habana era Fidel.

Pero no todo es color de rosa, me parece un poco desafortunada la inclusión en un periódico de tanta calidad, gráfica  las aún inmaduras caricaturas de Llei Urrutia, tan faltas de sutileza, como las que podrían aparecer en el periódico humorístico oficialista Palante o en el DDT posterior a Carlucho y Ajubel.

Y no es que le falte un fundamento mas o menos original a las ideas humorísticas, sino que su plasmación plástica resulta demasiado literal, cuando no deja re explotar referencias icónicas sugerentes, como la de el Yeti, sobre todos sus grandes pies, que nada tienen que ver con las patas de ave, que vemos en el “abominable anciano de las nieves”.

Otro elemento destacable es el claro posicionamiento contra la jerarquía católica cubana que hacen los redactores al darle solo voz a quienes critican el rol jugado por Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en el excarcelamiento de los presos de la primavera negra.

No es que este mal criticar a la iglesia católica cubana, sería incluso lo más autentico entre quienes se han formado filosóficamente,  nos guste o no en los principios del materialismo dialéctico y el ateísmo científico, como ocurre con casi la totalidad de la intelectualidad no orgánica, cubana, la iglesia puede y debe ser criticada, como debe hacerse con toda institución, grupo u organización implicada socialmente y mucho mérito tiene que la crítica se haga desde un periódico democristiano, pero editado en un país luterano, no se olvide.

Pero no sólo existen críticos sino también defensores honestos de papel que esta jugando esa institución como factor catalizador de cambios, y al no buscarse o no darse la voz a quienes consideran positivo el rol de la iglesia como contraparte del estado, no solo se aparta la publicación de dar una visión amplia, multilateral de lo que sucede en la isla, sino que esta centrado, quizás sin saberlo, el juego a intereses que nada tienen que ver con la práctica independiente del periodismo;  son los intereses de quienes quisieran ser ellos y no la iglesia los que discutieran las condiciones de liberación de los presos, gentes que se mueven no solo fuera de la realidad cubana sino de paso en el corazón de una comunidad cubana enclavada en otro país protestante, Estados Unidos.

Allí, en una televisión de Miami, como ya he referido,   fui testigo no hace mucho de la euforia anticlerical de nuevo tipo que practican no solo ciertos periodistas exiliados, émulos de los propagandistas cubanos, sino incluso aquellos no cubanos que, demagógicamente hablan pestes de todo los que disgusten a los intransigente. Me refiero al peruano Guillermo Descalzi, al que tuve que recordarle, usando el micrófono abierto a los televidentes del programa donde despotrincaba contra el prelado, que la iglesia en Cuba práctica aquello de la astucia como serpiente y mansedumbre como paloma. Pero esto que debí decirle a un periodista ignorante sobre los métodos de sobrevivencia y funcionamiento en un régimen totalitario, no es cosa que desconozcan, quines publicaron en La Primavera; artículos como ¿A dónde fue a dar Jesús? o el “Turno de la iglesia católica por atacar a Céspedes;  su crítica a la moralidad postmoderna implícita en la obra teatral “La Loca de Chaillot” ;  que la iglesia Católica ha quedado en la mirilla del equipo de colaboradores formado por la Primavera  en la Isla, entre los antiguos periodistas de Cubanet -según dicen sus responsables-, lo vemos en la nota Verano Caliente, donde se contrapone la inmolación del pastor luterano alemán Oscar Brüsewitz, al “enmudecimiento” de la iglesia católica en Cuba.

Al final los autores de estos trabajos tendrán que enfrentare a un realidad concreta, que niega la campaña de la que forman parte, cuando las Damas de Blanco buscan  intercepción  ante el poder, a donde acuden es a esa misma iglesia silente, y cuando una madre quiere que su hijo preso político sea liberado, no llama ni a Descalzi, ni a los intransigentes de Miami, ni siquiera a los Castros, recurre a la Jerarquía Católica para que haga por este lo que ya hizo por los demás encarcelados.

Artículos donde se nota por la sorna y falta de objetividad la intención de agradar al otro poder que nos asecha, la de aquellos que en el exilio no les conviene una transición pautada que deje fuera sus intereses. Se trata de gente que no puede asimilar los cambios que se van operando en la isla;  que en definitiva apuntan a una democratización que no es la que ellos quisieran, es decir con ajustes de cuentas y venganzas, en el fondo les duele  incluso la existencia de condiciones;  gracias a los cuales existen proyectos como la Primavera, donde publican desde la isla y hasta desde la cárceles hombres y mujeres que en otros tiempos habrían ido a parar inmediatamente con sus huesos a las celdas de castigos y silenciados por décadas, sin embargo ahí están, con sus fotos y apellidos, diciendo lo que piensan, leídos no solo por exiliados, y opositores internos, sino también por los agentes del gobierno. Un gobierno que sigue siendo injusto, y responsable de todo lo que se le achaca en este periódico, pero que precisamente para sobrevivir se ve obligado a reducir cada vez mas su arbitrariedad, a respetar sus propias leyes, y que al fin  y al cabo se va a terminar, no de la manera que esperan sus radicales o los que se le enfrentan, sino de aquella que avizora, muy atinadamente Reinaldo Escobar, en un trabajo que redime cualquier falta de esta edición: Perfeccionar, cambiar, derrocar, página 5, donde se plantea algo en lo que si estamos al cien por ciento de acuerdo:

“El futuro no será complaciente con quienes añoran el pasado, ya sea el 58 o el 85. Tan imposible es volver a los viejos tiempos republicanos como a los días en que el país se subsidiaba con los aportes del llamado socialismo real de Europa del Este.

Los trenes blindados que hoy se descarrilan son la zafra azucarera, la cosecha del café, el programa de escuelas en el campo, los profesores emergentes, el Producto Interno Bruto, el médico de la familia, el acueducto de Santiago de Cuba, la entrega de tierras en usufructo y el mismísimo sistema ferroviario, al que una mezcla letal de miseria e indisciplina social generalizada le arranca hasta los polines. La batalla de Santa Clara la ganó esta vez un solo hombre, sin disparar un tiro, en la sala de un hospital.

En la escena que sueñan los cubanos más sensatos, nadie tomará un avión en medio de la madrugada cargando maletas repletas de dinero. No saldrá una horda jubilosa a destrozar parquímetros y casinos de juego. No habrá juicios sumarísimos, fusilamientos ni venganza. Todo fluirá tan suavemente que no tendremos ni siquiera una fecha que celebrar. Hay que dejar de soñar de una vez y para siempre con otro primero de enero donde luminosamente surja la mañana. “

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