Publicación oficialista opone la disidencia cubana a la del campo socialista

6 Jul

https://i0.wp.com/www.lajiribilla.cu/2010/n463_03/cabezal.gif

La Jiribillla, publicación oficialista cubana, publicó en su edición 463 (20-26 de marzo de 2010) una nota de su órgano hermano en España, Rebelión, titulada ¿Disidentes o traidores?, y escrita por Atilio A. Borón; en ella se aborda el caso del huelguista Guillermo Fariñas, por supuesto desde la perspectiva gubernamental y se afirma de los  “disidentes políticos” encarcelados en Cuba, lo que era de esperar de un vocero gubernamental cubano, que: “con toda seguridad la mayoría de quienes están en prisión no se encuentran allí por ser disidentes políticos sino por una caracterización mucho más grave: “traidores a la patria.”

La pregunta sería porque no se protesta, en Rebelión y Jiribilla, al menos por esa esa “minoría” que  según sugiere el artículo, no siendo traidora,  se encuentra encarcelada.

Pero lo más original de la nota, no es esto -que nada tienen de nuevo- sino  el reconocimiento, totalmente inesperado en el cotexto cubano,  que se le hace a la vieja disidencia de  los países hoy ex socialistas, algo que se hace a  partir de un concepto de Norberto Bobbio que sita muy sesudamente el tal Borón :

Bobbio

” En el célebre Diccionario de Política de Norberto Bobbio, el politólogo Leonardo Morlino define al disenso como “cualquier forma de desacuerdo sin organización estable y, por tanto, no institucionalizada, que no pretende sustituir al gobierno en funciones por otro, y tanto menos derribar el sistema político vigente. El disenso se expresa solo en el exhortar, persuadir, criticar, hacer presión, siempre con medios no violentos para inducir a los decision-makers a preferir ciertas opciones en lugar de otras o a modificar precedentes decisiones o directivas políticas. El disenso nunca pone en discusión la legitimidad o las reglas fundamentales que fundan la comunidad política sino solo normas o decisiones bastante específicas.” (pp. 567-568) Más adelante señala que existe un umbral el que, una vez traspasado, convierte al disenso, y a los disidentes, en otra cosa. “El umbral es cruzado cuando se ponen en duda la legitimidad del sistema y sus reglas del juego, y se hace uso de la violencia: o cuando se incurre en la desobediencia intencional a una norma; o, por fin, cuando el desacuerdo se institucionaliza en oposición, que puede tener entre sus fines también el de derrumbar el sistema.” (p. 569) En la extinta Unión Soviética dos de los más notables disidentes políticos, y cuyo accionar se ajusta a la definición arriba planteada, fueron el físico Andrei Sakharov y el escritor Alexander Isayevich Solzhenitsyn; Rudolf Bahro lo fue en la República Democrática Alemana; Karel Kosik, en la antigua Checoslovaquia”

Solzhenitsyn

Por supuesto, si el artículo apareció en Jiribilla, aunque se le reconozca, indirectamente,  la condición de disidencia a los soviéticos, convertidos ahora en nuevos rusos, tan amigos del gobierno isleño, no se le va a reconocer a los cubanos, por eso el redactor de rebelión, para antes de publicado aquí ha tenido que escribir.

La disidencia cubana, a diferencia de lo ocurrido con Sakharov, Solzhenitsyn, Bahro, Kosik, King y Vanunu, se encuadra en otra figura jurídica porque su propósito es subvertir el orden constitucional y derribar al sistema. Además, y este es el dato esencial, pretende hacerlo poniéndose al servicio de una potencia enemiga, Estados Unidos, que hace cincuenta años agrede por todos los medios imaginables a Cuba con un bloqueo integral (económico, financiero, tecnológico, comercial, informático), con permanentes agresiones y ataques de diverso tipo y con una legislación migratoria exclusivamente desarrollada (la “Ley de Ajuste Cubano”) para la Isla y que estimula la migración ilegal a Estados Unidos poniendo en peligro la vida de quienes quieren acogerse a sus beneficios. Mientras Washington levanta un nuevo muro de la infamia en su frontera con México para detener el ingreso de inmigrantes mexicanos y a los procedentes de Centroamérica, concede todos los beneficios imaginables a quienes, viniendo de Cuba, pongan pie en su territorio. Quienes reciben dinero, asesoría, consejos, orientaciones de un país objetivamente enemigo de su patria y actúan en congruencia con su aspiración de precipitar un “cambio de régimen” que ponga fin a la revolución, ¿pueden ser considerados “disidentes políticos”?

Es verdad que muchos de los que comenzaron siendo disidentes, hoy se han convertido en francos opositores al régimen cubano y a los valores que dice encarnar (aunque los niegue en la práctica), que la parte del movimiento democrático que estos encarnan, por su amplitud y complejidad,  posiblemente no encaje,  técnicamente,  en el concepto, más político que jurídico, de disidente. Icluso en el exilio la palabra no tiene muy buen nombre, se le mira con sospecha y se reivindica frente a ella la de opositor, aunque en su mayoria estos hayan servido alguna vez, con mayor aceptación,  al estado comunista.

Por supuesto eso no los convierte automáticamente en traidores a su patria, salvo que resultaran asalariados, ya de la seguridad del estado, ya de grupos exiliados que, interfieren los envíos de la USAID, condicionan la acción de sus beneficiarios dentro de la isla, a los objetivos, no de la democratización real con tal de hacer política local en Miami, gente que por sus objetivos, están dispuestos a hundir su patria en el mar (como hace el mismo gobierno cubano), sin embargo, no se puede decir que estos asalariados sean la mayoría de la oposición entre otras razones porque desconocemos cuantos son en realidad, esto por no agregar la tradición de oposición que tienen los cubanos en su cultura desde los tiempos de España, la cual explica, sin necesidad de financiamiento, el rechazo, organizado o no, de muchos al gobierno.

Sin embargo junto a estos opositores verdaderos, los cuales no siempre están respaldados por el gobierno norteamericano, existe una disidencia auténtica cada vez mas amplia, que va ganando espacios, sobre todo en el terreno de la cultura, o que actúa a nivel de pasillo, fábrica o barrio de manera menos, reconocida, escandalosa, que no sueña con sustituir el socialismo, sino con realizar sus promesas de igualdad, con alcanzar un socialismo libertario, con derechos humanos,  y cuyo principal enemigo es el propio gobierno, gente con las que nadie cuenta dentro ni fuera de Cuba, pero que sin duda podrían llegar a jugar un papel determinante en la democratización de la isla.

Hablo de un sector que tanto La Jiribilla , como Rebelión, parece ignorar, pero al que que sin quererlo le están dando un arma para su legitimidad con la publicación de este artículo; donde  se establece una dicotomía entre disidencia y traición,  por más tardío y oportunista que nos parezca, en el que  se hace “borón” y cuenta nueva, con aquella censura y propaganda estatal que por décadas satanizó, de la manera más embrutecedora,  ante nuestros compatriotas a los Sakharov y a los Solzhenitsyn, paradigmas de resistencia moral cívica de los pueblos ante el mismo tipo de totalitarismo que existe en Cuba.

Sakharov

“Coletilla”
Para comenzar llama la atención el trato respetuoso dado por Radio Guaímaro a Fariñas, cuando se anuncia el fin de su huelga de hambre, no se le califica de “traidor” sino de “‘disidente” como le llamaría cualquier medio del exterior. Véalo por usted mismo:

Escrito por Yusvel Nieves Machado (yusvel@radioguaimaro.icrt.cu)    Jueves, 08 de Julio de 2010 17:13 PDF Imprimir E-mail
Guillermo Fariñas, ingirió los primeros alimentos
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Guáimaro, 8 jul.- Guillermo Fariñas, disidente cubano, abandonó la huelga de hambre de más de 130 días tras ser liberados un grupo de presos en la Isla que colaboraban con el gobierno de Estados Unidos. Era su petición y el motivo que casi le hace perder la vida. Todavía bajo la asistencia médica cubana, que no escatima recursos para salvar cualquier vida humana.
Decir que Fariñas ganó no sería correcto, el gobierno cubano no entra en el juego de las presiones, solo pide autodeterminación e independencia. Si ganó el consenso y las buenas maneras mostradas por la Iglesia católica, de conjunto con el gobierno cubano. Es una alerta para quienes pongan en duda el respeto a los derechos humanos en este país del Caribe, que  liberará más de 50 presos, hecho sin precedentes en una década.

También resaltar la gestión del canciller español Miguel Angel Moratinos que ha sido muy respetuoso con la posición cubana. Quienes se han solidarizado con la causa y ayudarán a estos presos que en un plazo de cuatro meses serán liberados. Y Cuba también que les ha dado el derecho a escoger si desean vivir dentro o fuera.

El compromiso de Raúl Castro en nombre de Cuba ha sido cumplido, pero ojo siempre tras el entendimiento y nada de chantajes. Esta Isla es de su pueblo y jamás será de unos pocos, la historia pesa; el empuje de un pueblo no se puede sofocar.  Ha quedado bien claro que se nos deje, a los cubanos “resolver nosotros mismos nuestros problemas”.

Cuba espera con las manos abiertas todo tipo de gestos bilaterales que quieran enrumbar al país hacia el progreso. Máxime ahora cuando  “el Comité de Agricultura del Congreso de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley que levanta las restricciones a las exportaciones agrícolas”.

El pueblo cubano necesita aliviar las tensiones que generan más de cinco décadas de bloqueo, no más intromisión.

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