Ágora, la película que nos descubrió el Cervantes

15 Jun


Hemos quedado en deuda con el Instituto Cervantes, quienes hasta el momento del festival de cine hispano, auspiciado en Estocolmo por la institución entre los días 16 y 23 de abril de este año, no habíamos disfrutado de la película Ágora; la obra dirigida por Alejandro Amenábar en 2009, estrenada en Suecia el 29 enero de 2010, en el festival de Cine de Gotemburgo.

Resulta pues digno de elogio la decisión del Cervantes de incluir la obra mencionada en su festival en la capital sueca. No es que se trate de una obra que en sí contribuya a la difusión de nuestra lengua; la cinta fue rodada originalmente en inglés. Esto es es una pena, más cuando Àgora contó con la ayuda del Instituto de Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA) del Ministerio de Cultura de España, el cual bien pudo haber condicionado su respaldo a una banda sonora castellana, el doblaje no es lo mimo. Que el inglés por el momento -y mientras no se complete la acelerada hispanización de los Estados Unidos- sigue siendo una garantía para la venta, es una verdad, tanto como resulta irrelevante el idioma original para el publico español, que como el soviético, se ha quedado enganchado al doblaje, una mala costumbre originada, mas que en el interés de facilitar la comunicación, en la vocación de censura que tuvieron desde sus origines el estalinismo y el franquismo. Pero ello no menoscaba la importancia de la lengua empleada por los actores originalmente a la hora de aquilatar la obra cinematográfica en su dimensión artística y cultural.

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La utilidad de la inserción es otra y variada, en primer lugar nos permite tasar cuales son las características mas representativas del cine que se está haciendo y premiando para bien o para mal, hoy en España. Una obra con 7 Premios Goya, incluyendo mejor guión original y fotografía, así como 13 nominaciones; ha de ser, cuando menos, paradigmática, no importa la reacción variopinta desatada en la crítica.

En el peor de los casos se trata de una película que roba la atención de la juventud, distrayéndola de los tópicos triviales que inundan el cine destinado a ésta. Fue lo que comprobé calculando la generación a la que pertenecía de la mayoría de los suecos y españoles, que literalmente abarrotaron la sala de Bio Río, allí donde se exhibió Ágora el 23 de abril; tal y como se anunciara en la reseña. Cine muy bien escogido, por la connotación hispánica, su romántica ubicación frente a uno de los bellos canales de la ciudad y sobre todo el entrañable y diseño de “cine viejo” que conserva.

Esa noche vimos a Rachel Weisz encarnar a la brillante filósofa y maestra Hipatia; aunque se sobran artistas españolas que habrían dado igual -o mejor biotipo “mediterráneo” -al personaje.


Hipatia

De todos modos seríamos injustos si negáramos que al menos en el imaginario de los espectadores, la Weisz, fuese capaz de devolvernos, con dignidad, aquella legendaria figura de la intelectualidad greco-egipcia en el siglo IV de nuestra era.

Rachel Weisz

Lo hizo colocando en escena un poder seductor, que sin duda atrapó a los presentes, más que por su belleza, por el temperamento y la inteligencia que las cartas y crónicas atribuyeron a esta mujer y que Amenábar ha sabido rescatar en Ágora. Por supuesto no es la primera vez que se recupera del olvido a esta figura, por citar un buen ejemplo, tenemos el libro de Margaret Alic Hypatía’s heritage ( La Herencia de Hipatia), obra cuya edición sueca, hecha por Alfabeta Bokförlag AB en 1989, es la que tengo a mano; un ensayo que no sólo se centra en la filósofa alejandrina, sino que populariza los grandes aportes hechos por la mujer al desarrollo de la ciencia y la técnica a los largo de los siglos. Margaret Alic comienza este recorrido en diosas y heroínas muy anteriores a Hipatia; a las que en la antigüedad fuero retribuidos importantes saberes, como ocurre con aquellas recolectoras primitivas que muy probablemente inventaron la agricultura, deidades vinculadas a la medicina como fueron Isis, o Hygieía o la propia Palas Atenea; cuya lechuza simboliza la sabiduría.


Estatua de Hygieía, hija de Asclepio, hermana de Panacea. Fue para los antiguos la diosa de la curación y la
limpieza, de su nombre nos viene la palabra «higiene»

Por esta autora podemos enterarnos de que 3000 años antes de Cristo ya habían en Egipto mujeres ejercitando d médicos y cirujanas, que la mujer estuvo presente entre los filósofos naturalistas griegos, como ocurre con el caso de la sacerdotisa Themistoclea; de quien Aristoxenus tomó buena parte de su doctrina moral.

Entre los pitagóricos asentado en la colonia griega de Croton, al sur de Italia, habían por lo menos 28 mujeres, entre maestras y estudiantes, de ellas la mas famosa fue la cosmóloga Téano, mujer del propio Pitágoras, aunque algunos la toma por su hija dada la diferencia de edades.

No fueron aquellas las únicas mujeres en destacarse por su saber en la antigüedad griega, allí tenemos Aglaonice de Tesalia, quien alcanzó gran celebridad en el siglo cuarto antes de Cristo por su capacidad para prever eclipses de sol y de luna; la hetaira Aspasia quien vivió entre el año 470 y 410 antes de nuestra era, a quien Platón presenta como maestra de Sócrates. Arete de Cirene, quien sustituyó a su padre Aristipus al frente de la escuela que de filosofía que está había fundado, por citar algunos de los muchos ejemplos de predecesoras de Hipatia citadas en el libro. Sin embargo de todas estas mujeres de ciencias, será Hipatia la que tenga una vida mejor documentada. Alic nos cuenta que nació en el año 370, después de Cristo en Alejandría; en un momentos particularmente peligrosos para los intelectuales, ya que Roma se encontraba en proceso de cristianización; cuando era común entre los mas fanáticos cristianos asociar las ciencias y la matemáticas con el mal, las mismas ciencias a las que se dedicaba Teón, el padre de Hipatia quien a su vez fue el último el director de la que se conoce como segunda Biblioteca de Alejandría, que estaba dentro del Museo de la ciudad.

Hipatia viajó a Atenas e Italia donde impresionó a todos con sus conocimientos, al regresar a Alejandría se dedicó a las enseñanzas de la matemática, así como la filosofía que había aprendido con Plutarco el joven y su hija Asclepigenia, en la escuela neoplatónica de Atenas, Sin embargo Hipatia prefirió adherirse a la escuela neoplatónica de su ciudad, fundamentada en la matemática y no en la magia y el ocultismo como hacían sus competidores atenienses. La filósofa tenía en su casa un centro intelectual al que todos acudían, con independencia de sus creencias, como es el caso de Sinesio de Cyrene, quien llegará a convertirse en el poderoso obispo de Ptolemais, y que morirá antes que su maestra -aunque Amenábar nos deja otra impresión en Àgora-, por la que sentía gran devoción.

Hipatia, no sólo se interesó por el saber abstracto, sino también por la mecánica, la técnica aplicada y la política local, y este último compromiso unido al racionalismo científico que profesaba, fue lo que le enfrentó a Cirilo, el fanático patriarca de Alejandría; nombrado para el cargo en el 412; no tardo Cirilo en lanzar sus cruzadas contra toda creencia que le hiciera la competencia, primero contra los judíos, luego contra los neoplatónicos. Cirilo era enemigo del prefecto romano Orestes, quien a su vez habría sido alumno de Hipatia -en su película Amenábar lo sincretiza en el alumno, cuyos amores espantó la filosofa mostrándole un paño con su menstruación-.

intentó resistir las presiones del Obispo al tiempo que le pedía, infructuosamente a Hipatia que renunciara a sus ideas y se convirtiese al cristianismo.

Sócrates Escolástico, historiador griego de la iglesia cristiana, habla de Hipatia, de su vida y de su muerte; en su Historia Eclesiástica, y dice que sus logros en la literatura y la ciencia superaron a los de los sabios de su tiempo, que tuvo gran éxito explicando la filosofía de Platón y Plotino, que no pocas veces que apareció en público en presencia de los magistrados y asamblea de hombres, que era respetada por su extraordinaria dignidad y virtud . Sin embargo, asegura el cronista, que Hipatia fue víctima de los celos políticos y como frecuentaba a Orestes, pronto se corrió la calumnia entre la población cristiana, que era ella la que impedía al prefecto su reconciliación con el obispo. Así un día, un grupo de estos fanáticos encabezados por un tal Pedro, la interceptaron de regreso a casa, la llevaron a la iglesia llamada Caesareum, donde la desnudaron y asesinaron con azulejos; después quebraron su cuerpo en pedazos, lo llevaron a un lugar llamado Cinaron, y allí lo quemaron. El crimen ocurrió en marzo de 415, los asesinos fueron según Alic, los monjes conocidos como Parabolanos, una suerte de tropa de choque usada por la Iglesia de Cirilo, lo mismo para cuidar a los enfermos que para combatir a sus enemigos. Aunque aún queda abierta la cuestión de si Cirilo, posteriormente convertido en Santo, ordenó o no la muerte de su adversaria ideológica.

Cirilo de AlejandríaLa muerte de Hipatia marcó el fin del Platonismo en Alejandría y en toda Roma. Orestes denunció la muerte de su amiga y se iniciaron las investigaciones, las cuales al fin debieron ser echadas a un lado por falta de testigos. Hipatia, no fue muerta por mujer, sino por humana, es decir por comportarse como un ser racional y cuestionador, que es lo que nos diferencia de los corderos. Fue Hipartia, en realidad, más una mártir del humanismo, que del feminismo, con independencia de la película y más de una crítica sugieran lo contrario.

El Instituto Cervantes ha hecho su aporte al rescate de Hipatia, no sólo con la promoción de Ágora, en el festival de cine hispano y en la rervista Reseña, sino también colocando a disposición de quienes visitamos su biblioteca tres publicaciones con materiales de gran utilidad para conocer la historia de la filósofa alejandrina, para valorar la película y sobre todo para utilizarla con fines didácticos, redimiéndo así, el pecado original de que la obra no se hubiese rodado en Español.

Descubrí la existencia de la película de Amenábar gracias a una de estas revistas; Dirigido, número 390, junio del 2009, fue por un breve opúsculo titulado Ágora de Alejandro Amenábar, que aparece dentro del artículo de Quim Casas, Nuevas Vías y Algunas Grietas: Cannes 2009. Vale la pela leerlo.

La segunda publicación que recomendaré al lector interesando; es la revista La Aventura de la Historia, año 11 número 131, correspondiente a septiembre de 2009, cuya portada está ilustrada con la pintura de Charles William Michell, titulado Hipatia Ante el Martirio, de 1885, donde vemos una bella y erótica Hipatia, deseperada ante la agresión que se aviene, que cubre su desnudez con una larga cabellera rúbia, como la que no debió tener.

Aquí podemos disfrutar de tres interesantes trabajos; Hipatia: Linchada por pensar, de Dolores Lara Nava, concentrada en la vida de la maestra y su contexto histórico; Ágora de Amenábar, una invención creíble, en el que Julio Martín Alarcón detalla la manera en que fue concebida la película, sus antecedentes y el género al que parece pertenecer dentro de la historia del cine, es decir el de esas “películas de romanos” que los críticos franceses denominan peplum por la túnica o peplo griego que llevan sus personajes. Por último del mismo periodista encontramos aquí una entrevista con el propio Amenábar, en la que éste responde a preguntas delicadas, como pueden ser las que se relacionan con su confrontación con la iglesia en una película que saca a relucir trapos sucios del cristianismo -recordemos, como antecedente de este enfrentamiento, la apología de la eutanasia que significó su obra anterior Mar adentro– la falta de consumación del amor carnal – que en la película, opino, podría interpretarse como una suerte de velado anatema sobre la heterosexualidad, reprimida y “sublimada” por las circunstancias creadas en el filme, de una manera excesiva, con la misma intolerancia interna conque la que pudieron haber estado frenadas hasta nuestros días otras inclinaciones de la libido como la homosexualidad-, así como las especulaciones y transgresiones históricas que el director se ha permitido. Leer estos trabajos nos permiten no sólo comprender mejor la historia que se nos cuenta en el filme, sino también aquilatarlo en su justa dimensión artística.

Por último tenemos la audio revista Punto y Coma, número 23 Marzo- Abril de 2010, en ella aparecen tres magníficos trabajos relacionados con el filme, el de Fernando de Bona titulado: Hipatia de Alejandría: una filósofa en el mundo grecorromano, basado en un supuesto diálogo entre un alumno y su maestro de filosofía en la Universidad Complutense a partir de la película de Amenábar, acompañado por una sección de “¿sabías que?” dedicada a figuras de las ciencias antiguas como Aristarco, Eratóstenes, Euclides y Galeno, cuyos descubrimientos de alguna manera se relacionan con el saber de Hipatia o con lo que vemos en la película que nos ocupa. En la misma publicación tenemos el artículo de Rueda Duque, Ágora el enigma de las estrellas. Materiales que el aprendiz de castellano puede leer en la revista y escuchar a un mismo tiempo en el CD que la acompaña. Se trata de dos texto muy bien escrito y fundamentados, que no deja de ser apropiados para la enseñanza del español, en un estadío avanzado de su aprendizaje, sobre todo si se aplican los ejercicios para su explotación didáctica que nos recomienda la misma revista.

No se trata de una publicación perfecta, en otro trabajo, Cuzco El Ombligo del mundo, de Isabel Jiménez, la revista comete el error de afirmar que Francisco Pizarro enfrentó a sus hombres con el rebelde Túpac Amaru II; algo completamente imposible ya que Pizarro, el conquistador del Perú vivió entre los años 1476 y 541, mientras que José Gabriel Condorcanqui Noguera, más conocido como “Túpac Amaru II”, lo hizo entre 1738 y 1781. No tenían forma de encontrase y mucho menos de darle muerte el primero al segundo. Afortunadamente no ocurren pifias como esta en los artículos que se le dedican a Ágora. Un filme que al final podría servirnos como material complementario a la hora de impartir lecciones de filosofía o de religión, en cualquier instituto sueco, o de cualquier otra parte del mundo, que fascina, no sólo por su personaje central, sino también por los efectos empleados por Amenábar para representarnos una Alejandría vista desde el universo o el universo visto desde Alejandría, que se basa en el discurso inteligente, con el que presuntamente la Hipatia de la película descubre el movimiento elíptico de los planetas, algo de los que al parecer no existen evidencias o testimonios.

Pero la cinta tiene trampas, destila una sutil androfobia, desde el momento de que no existe un héroe masculino que se equipare a la heroína, y donde los hombres se reparten entre fanáticos y débiles, y donde cuanto mas morenos son los personajes mayor resulta su fundamentalismo, como si tomara prestado el discurso visual de la islamofobia, cambiando de credo, si pero manteniendo la esencia racista.

Es en resumen una buena película para el uso en la enseñanza, siempre y cuando el maestro no olvide usar con ella y ante sus estudiantes las pinzas necesarias.


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Una respuesta to “Ágora, la película que nos descubrió el Cervantes”

Trackbacks/Pingbacks

  1. Sobre Yoani Sánchez en Punto y Coma; del uso de lo cubano en la enseñanza del español « El Hombre de Cuba Nuestra - 26 junio 2012

    […] Hace algún tiempo descubrí , en la biblioteca del Instituto Cervantes de Estocolmo la  audio revista Punto y Coma. Se trata de un excelente  recurso no solo para quienes enseñan o estudian el español como segundo idioma sino incluso para quienes teniendo el castellano como lengua materna deseen actualizarse sobre lo que está pasando en el terreno de la cultura iberoamericana, un buen ejemplo de ello lo tengo en la utilidad que me ofreció el numero 23 la revista a la hora de escribir mi reseña sobre la película Àgora, publicada en este mismo sitio. […]

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