El Poder y El Delirio: Enrique Krauze y la genealogía de chavismo

13 Abr

http://www.letraslibres.com/imagen.php?id=5575&dw=200

Soy un gran aficionado a las biografías de los personajes históricos, así como los ensayos que intentan describir las personalidades y circunstancia de los grandes políticos. Cuando se trata de una figura importante no discrimino el color de su ideología y por supuesto de su piel al volcar sobre ella, a través del genero de literatura mencionado arriba, todo mi interés.

Es por eso que he quedado atrapado más de una vez por relatos que me cuentan del quehacer; los mismo de un Malcon X, que de un Hitler, pasando por un Mussolini o un Stalin, por no hablar de un ruso hebreo como Trotsky o el afroamericano de Obama. Por disfrutar, disfruto hasta las biografías de Fidel Castro, mire usted como es la cosa.

Sin embargo con el caso de Chávez me pasa algo raro, tal es el rechazo que me causa su falta de originalidad de su proyección política, la mediocridad de su personalidad, que no puedo menos que revelarme frente a los estudios que en favor o en contra de este personajuelo caen en mis manos, no digamos ya de esas frases sin sentido que le atribuyen a este individuo un carisma que no le encuentro por ningún lado y que en cambio le reconocen hasta algunos oponentes políticos, sospecho que por la necesidad de atribuir una supremacía que no tiene, intrínsecamente, aquel que por más de una década les ha derrotado y es que no comprenden que el fenómeno Chávez, como, en buena medida lo fue Fidel Castro, más que una enfermedad congénita, del pueblo donde nació es una construcción extranjera, por mas patriotero y nacionalista que sea su discurso.

Sin compartir completamente mis criterios sobre el Chavismo, algunos de los cuales ya adelanté en uno de los ensayos que integran mi libro Pasión y Razón de Cuba (Editorial Sepha,Madrid, 2005), debo reconocer en el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze, un acercamiento al chavismo fascinante, mucho mas de lo que puede serlo, al menos para mí, la personalidad del propio Chávez, lo hace en un libro que he descubierto como tantos otros buenos en la biblioteca del Instituto o Cervantes de Estocolmo: El Poder y El delirio, publicado en noviembre de 2008 por Tusquets, en Barcelona.

Estamos frente al ejercicio serio de un taxonomista fascinado por su descubrimiento, convencido quizá de haber hallado una especie única, en ese Chávez a quien en lo personal no veo más que como un personaje gris, que como tantos otros que saltaron a la historia, tuvo la suerte de ser colocado por una mano invisible en el vórtice de los acontecimientos, he ahí donde radica, a mi entender la explicación de su visibilidad y su supuesto protagonismo. No creo que sea esta la misma de Krauze, sin embargo la diferencia no le resta valor a la aventura emprendida por un investigador que intenta descubrir, in situ y desde una validísima perspectiva ”Octaviopaciana” lo que está pasando en Venezuela. Lo hace ofreciéndonos los antecedentes del devenir político de un país, cuyo protagonismo supranacional impide que sigamos minusvalorando.

Desde su mirada mexicana Krauze nos descubre una historia tan paralela a su tierra como a la cubana, donde las alternativas entre dictadura, revolución y democracias, se dan de formas desfasadas, pero de alguna manera conectadas y encontradas, ya por la influencia, ya por la injerencia mutua entre México, Cuba y Venezuela, algo que nos ayuda a escapar un poco de ese aislamiento con que los cubanos pensamos nuestra propia historia, que tiene en común con la venezolana, excepcionalidad, en la que se destaca una figura que aún no conocemos como se debe, Rómulo Betancourt, ese político que en Castro se invirtió; pues evolucionó del leninismo a la democracia social y no a la inversa como el Fidel que abandona los postulados socialdemócratas para abrazar los del ”comunismo”.

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Rómulo Betancourt, al contrario de Fidel,  desandó el camino del leninismo a la democracia liberal

Sabremos pues de como se gestó la orientación socialdemócrata en Venezuela, de como se le combatió usándose el paradigma de la revolución cubana, y cuando este no funcionó como se le logró dar al traste con métodos propios de los seguidos por los nazis en su ascenso al poder.

Pero si bueno es el historiar Krauze, aún mejor es el análisis ideológico que este le hace a la revolución Bolivariana, enfrentándola, por la carga de contradicciones de su propio discurso, a la obra y pensamiento de quienes ha tomado como pedestales, a Marx y a Bolivar.

Krauze se reune en Venezuela con todos, desde intelectuales antichavistas -ente ellos un destacado historiador que suele enviarnos magníficos textos, Germán Carrera Damas o el ex guerrillero disidente y periodista Teodoro Petkoff, cuyo diario Tal Cual, que solemos leer para enterarnos de lo que pasa en Venezuela- hasta funcionarios y profesores comprometidos con el chavistato hasta los tuétanos.

Con todos sostiene una relación cordial, a todos les da la palabra para que nos cuenten que pasa con la destrucción de PDVSA, que papel están jugando los estudiantes, cuales son los resultados de las misiones sociales en las que participan tantos médicos cubanos, que está pasando con los medios, con el respeto de los derechos humanos o el funcionamiento de los mecanismos democráticos con los que un día Venezuela dio lecciones al resto del mundo iberoamericano -excluida Costa Rica, ya se sabe- y en resumen como funciona y que consecuencias tiene para el presente y futuro de Venezuela la hugolatría al uso.

El libro termina con una demoledora crítica histórica en la cual el autor explica al chavismo como una suerte de restauración monárquica y a su vez una suerte de neo imperialismo que tiene por virreinatos a Bolivia, Ecuador, Paraguay, y Nicaragua, que amenaza con sus deudas de gratitud a la Argentina y hasta a Cuba.

Es este último aspecto en el que no concuerdo con el autor, y es que a simple vista resulta difícil comprender que no es Cuba la que está en manos de Chávez con sus donaciones petroleras, sino Venezuela la que ha sido convertida en una neo colonias cubana con extractor de recursos que es el propio Chávez, una herramienta atornillada en el poder por agentes cubanos, que nadie ve y es que como comprendieron en su tiempo los profesores del KGB, la capacidad de penetración y simulación de los comunistas cubanos es única en el mundo, ya lo ensayaron con su propia isla, logrando el derrocamiento de un dictador, vencido más por las conspiraciones de pasillo y las interferencias dentro de su propio ejército, que por las acciones de un movimiento rebelde que al final terminó infiltrado hasta los tuétanos, como hoy lo está el aparato estatal venezolano por los cubanos y sus adeptos.

Lo anterior no le resta importancia a la interpretación que hace Krauze a la revolución bolivariana como reencarnación del viejo edificio colonial que construyeron los reyes españoles y sus teólogos para comandar sus posesiones del nuevo mundo, se trata pues, con el chavismo, de una vuelta a aquel sistema corporativo y paternal conque nos dominó España antes de la independencia, y que en tanto se asemeja a lo que fue la experiencia del socialismo real, agregaría yo. De este modo Chavez no sería el heredero de Bolivar como el se proclama, el verdadero heredero colectivo del bolivarianismo mas puro sería todo aquellos que Chávez hecha por tierra, es decir el proyecto de democracia liberal que pisotea, sin bien en cámara lenta como para que analistas del tipo de Krauze puedan tomar nota de todas y cada una de sus hazañas.

El libro se terminó antes del arribo de Obama al poder, la proyección que hace el autor de lo que esto podría significar me parece particularmente interesante, para mi como cubano, veamos en la página 357 de su libro Enrique Krauze escribe:

”Al margen del factor petrolero ¿es irreversible el diseño imperial de Hugo Chávez? Las elecciones del 4 de noviembre en Estados Unidos pueden modificar su complicada escenificación teatral. Un eventual de Barack Obama cambiaría los actores, cambiaría el libreto, cambiaría la simbología. Obama no tiene cara de Tío Sam y no va a actuar como el Tío Sam. Si con la participación de un país de indudable liderazgo como es Brasil por (ejemplo) tiende un puente hacia Cuba y levanta el absurdo embargo, podría propiciar (aún con la presencia de Fidel) una salida ”china” a la economía cubana. Para Estados Unidos la derrota simbólica sería una victoria continental. Para Cuba un desagravio. Para América Latina, un respiro. Los propios cubanos empujarían desde abajo la liberalización. El takeover de la Revolución cubana por parte de Chávez comenzaría a fallar porque la Meca de la revolución estaría siguiendo una ruta distinta al ”socialismo del siglo XXI”

Como sabemos ganó Obama, con esa apariencia mestiza que sin duda sirvió de pararrayos en los primeros momentos de su mandato, contra la guerra verbal, que no económica, como demandan los chavistas, más chavistas que Chávez, contra USA. Pero muy pronto la marioneta de Caracas encontró grietas necesarias para seguir su lucimiento revolucionario frente a los yanquis y es que los demócratas, como los socialdemócratas de Europa, no solo se oponen al neo liberalismo mas radical en el aspecto del transito de mercancías y capitales, sino que hacen otro tanto en lo que se refiere a la mano de obra, es decir a la inserción de los inmigrantes y es en el campo de los inmigrantes particularmente latinoamericanos, cuyas demandas de reforma migratorias, a pesar de las demandas electorales de Obama, no acaban de ser satisfechas, donde el chavismo en su expresión pseudobolivariana encuentra caldo de cultivo, y por tanto una suerte de Caballo de Troya en la propia nación norteamericana.

Súmele a esto el empantanamiento del ejercito norteamericano en Irak y Afganistán, la no solución de los conflictos geopolíticos de Estados Unidos con dos amigos de Chávez como son Rusia e Irán para que podamos calcular la tela que le queda por costar al Comandante de Miraflores.

En cuanto a la propuesta del levantamiento del embargo, que comparto, a Obama, no parece faltarle gran voluntad, pero va lo suficientemente despacio como para que sus enemigos, de uno y otro lado, los de Miami y de la Habana, no se asusten o peor aún puedan boicotearla.

Por supuesto si la medida se implementara, se crearía con ella una situación que facilitaría algo mucho más importante que la chinización de la isla, la democratización de la misma, esto significaría algo mas que la salvación de los cubanos de la conquista chavista, los cuales por cierto, tendrían un respiro, en lugar del socialismo de siglo XX, partido, media, escuela , sindicatos, únicos, es decir, con todo lo que, tal vez como rezago, por el momento parece atributo del socialismo del siglo XXI: la convivencia, coartada, pero convivencia al fin, con medios de comunicación, organizaciones políticas y económicas independientes del poder, hay que reconocer que si de la noche a la mañana la isla se convirtiera en una parte más de Venezuela, pero sin diferencias, como las que existe entre China continental y Hong Kong, buena parte el programa mínimo de la oposición -salvo en lo que respecta a los presos políticos, que existen en uno u otro país- se habría cumplido, eso no va a ocurrir, por que Chávez no es sujeto sino objeto en esta relación.

Y si Venezuela no ha construido hasta el momento un modelo idéntico al cubano, en lo que respecta a la omnipresencia del partido-estado, no ha sido por que Chávez desobedezca a Fidel, sino porque por el contrario sigue con sabiduría la misma estrategia que en su momento siguieron los sandinistas, que también se gestaron en Cuba, porque el alto mando que está en La Habana, con Fidel o sin él, sabe que piano a piano se va lontano, como fueron los soviéticos al conquistar una Europa oriental donde sus virreyes no repitieron, al grado de lo que hizo Stalin en Rusia, ni la expropiación, ni la colectivización masiva.

Lo que si puede pasar con el levantamiento del embargo y el proceso democratizador que este desataría, es que se venga abajo la mano del titiritero, que mueve a Chávez, o el ventrículo de autor de la tontería con la que el presidente venezolano embobece a sus seguidores.

La democratización de Cuba, no solo le quitará el fundamento ideológico al Chavismo, le cortará la logística totalitaria que le mantiene en el poder, precio real de ese petroleo que aparentemente regala al régimen de Cuba y a sus aliados continentales. Tal vez Krauze no coincida con esta punto de vista, más esto no invalida un libro que todos debemos leer, en particular aquellos los que de alguna manera nos afecta el chavismo, un mal al que Krauze le toma el pulso y que en muchos sentidos, no todos, nos ayuda a comprender.

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