La conjura de El Escorial: una historia que también nos pertenece

23 Feb

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Los créditos de presentación de La Conjura de El Escorial, película que he encontrado en el Cervantes de Estocolmo, corren al tiempo que vemos el arte con que un armero construye una ballesta, aquella con la que el 31 de marzo de 1578 se le dio muerte a Juan de Escobedo, por encargo del Secretario del Rey.

Este asesinato y el proceso investigativo que se desata es el que sirve de eje a una película que nos cuenta algo de las luchas internas que tenían lugar en el Monasterio de El Escorial, allí donde Felipe II tenía su corte, todo ello en el estilo de un thriller que seguramente atraerá a muchos espectadores jóvenes, algo que en general no me seduce, como tampoco las coreografías con las que se montan algunos duelos, mas próximo al clásico cine de aventuras de capa y espadas, que al cine interesado en abordar un hecho histórico real, como se supone es el caso.

Otro elemento que me parece penoso, aunque cuando tengamos la alternativa de escuchar la película en español, es que esta, con fines comerciales se haya rodado originalmente en inglés, hecho paradójico cuando se trata de la obra de un director español sobre unos traidores a su patria quirenes directa o indirectamente beneficiaron a la “Pérfida Albión

El comienzo de la película me recordó uno de mis juguetes más queridos, comprado con mi abuelo siendo yo muy niño, cuando aún quedaban pequeños negocios privados en Cuba, entre ellos aquella juguetería de La Habana Vieja donde dimos con mi añorada ballesta, una arma que había sido objeto de incontables dibujos guerreros, y por supuesto de las ilustraciones que tanto llamaban mi atención en los libros de historias que hablaban de batallas medievales, o de la superioridad técnica que permitió a los españoles convertirse en los conquistadores de América, en completar del otro lado del océano el amplio reino que ya habían creado en Europa.

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Hablo de un imperio que nuestros antepasados contribuyeron a forjar y por el que siempre he sentido suma curiosidad, sobretodo en lo que respecta a los entresijos de la cúpula del poder que supo administrar un espacio en el que nunca se ponía el sol.

Dirigida por Antonio del Real y con la Dirección artística de Koldo Vallés y la destacada Fotografía de Carlos Suaréz, la película cuenta con un reparto estelar dentro del que vale la pena destacar a Juanjo Puigcorbé interpretando a Felipe II, Jason Isaacsen el rol de Antonio Pérez, Joaquim de Almeida como Juan Escobedo, el viejo Fabio Testi como Duque de Alba y sobretodo a Julia Ormond en su papel de Ana de Mendoza y la Cerda (1540-1592).

Esta última es la misma intérprete que vimos no hace mucho dar vida la «Lisa Howard» de Che Argentino, traída como una estrella que sirviera de gancho a un género, el histórico, que por alguna razón no vende bien. Todo lo contrario de lo que ocurre en mi caso, que cuando reviso los materiales de la videoteca de la institución cervantina de Estocolmo, basta que la caja de la película muestre una escena histórica, tanto más cuanto mas antigua, para que mi mano se dirija automáticamente a ella, y la pida prestada.

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En este caso nos encontramos en la portada la imagen sugerente de un Felipe Segundo cabizbajo, flanqueado por los conjurados principales que justifican el nombre de la película, su secretario de nombre tan común que se nos escapa de la memoria: Antonio Pérez y por la célebre Ana de Mendoza, el personaje al que la actriz británica le dará vida, con toda la dignidad que merece. Es en este carácter, que sin duda lo mismo habría podido hacer alguna de las tantas excelentes actrices españolas, donde descansa para mi el peso de la película.

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Julia Ormond en su papel de Ana de Mendoza

En su vida real de Mendoza y la Cerda no deja se ser a un personaje singular e interesante. Ana fue casada de muy joven en 1552 con Rui Gómez de Silva (1516-1573), noble segundón portugués que con el tiempo llegará a convertirse en Virrey de Italia y Príncipe de Éboli.

Al morir su marido y ya titulada como Princesa de Éboli, Ana se instalará en el convento que había fundado Santa Teresa en Pastrana y mas tarde en convento a Segovia en 1574.  Las relaciones de la princesa y la santa no fueron muy buenas que digamos, a causa sobretodo de los lujos y excentricidades de la segunda, que en nada adaptaban a la vida rigurosa y frugal que predicaba la primera, un tema recurrente en las películas y series españolas que tratan de Santa Teresa.

Al final la princesa se instala en la Corte madrileña, donde según las malas lenguas fue amante de Felipe II y sin lugar de su secretario con el que se coaligó y conspiró contra el Duque de Alba y su línea de mano dura contra los rebeldes protestantes en los países bajos.

Lo que desencadena, es la realidad trascrita por el filme; los acontecimientos que llevan a la muerte de Escobedo, el hecho de que este descubriera, yaciendo juntos, a la Princesa de Èboli y Antonio Pérez, y lo que es peor que se hiciese de unos documentos que comprometían a los amantes como aliados de los rebeldes de Flandes contra la corona.

Antonio Pérez trata de salvar la situación apelando a la vieja amistad que le unió en otro tiempo a Escobedo cuando lo recomendó para ocupar el cargo de secretario personal de don Juan de Austria. Claro la intención era que Escobedo vigilara al hermano del rey, sin embargo terminó convertido en fiel partidarios del entonces gobernador de los Países Bajos. Pero ya era tarde, Pérez y la princesa de Éboli venían instigando al Rey contra su hermano Juan y su secretario desde hacía tiempo, como se ve en la película, tergiversando sus peticiones de dinero para invadir a Inglaterra como maniobras previas para conquistar al final la corona de España.

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Jason Isaacsen el rol de Antonio Pérez

Al no funcionar la apelación a los viejos lazos, solo le resta a Pérez y la Princesa ordenar el asesinato del secretario del príncipe, acto por el que dos años mas tarde los amantes serán juzgados.

En la vida real Pérez se terminó exiliado en Inglaterra país en el que se dedicó a desacreditar a su rey, amen de ofrecer la información necesaria para que la armada inglesa pudiese tomar la ciudad de Cádiz en 1596, una operación belíca que sirvió para el desquite desde las Provincias Unidas de los Países Bajos que apoyaron la gran flota inglesa, enviada a tomar la ciudad bajo el mando del almirante Charles Howard.

Recuerdo ciertamente que durante mi visita a la ciudad española en el 2001 los guías turísticos que se referían al hecho decían que los ingleses habían venido a “robarse” la riqueza que España “traía” de América; ocultando con el eufemisno de “traer” que buena parte de aquella riqueza ya venía robada a los pueblos originarios, o nacía de la explotación de los mismos, en otras palabras que ladrón que roba a ladrón merecía 100 años de perdón.

El caso es que este ataque provocó la quiebra económica española ese año, y a pesar de todo lo usurpado gracias a sus servicios, el antiguo secretario de Felipe II, terminará muriendo en la miseria, en el París en 1611.

Mejor suerte tuvo su amorosa Ana, la que acabará sus días relegada por Felipe II en el palacio Ducal de Pastrana, desde cuyas ventanas enrejadas, la Princesa de asomaba a la Plaza, que el pueblo terminó llamando “De la Puta”, ya podemos imaginar por qué.

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En la película se nos narra parte de la historia de una mujer que ya había visto representada, no sin gran curiosidad, en los cuadro de la época y otros filme, con un elegante parche en la cara que, pese a sus aires de nobleza, le daba cierto aire de pirata caribeña. Una tuerta encantadora, que según la leyenda perdió en una práctica de esgrima -aunque algunos atribuyen el parche a que fuera bizca, algo que los asesores de la película no parecen compartir. Mas ni con ese defecto, ni con los seis hijos que le parió a su marido oficial, la Princesa de Èboli perdería los encantos que le permitieron ser codiciada por dos de los hombres mas poderosos de su tiempo, según la película Felipe II y según la historia, Antonio Pérez.

Una de las sub historias, que se narran en la obra es la del alguacil de los tercios encargado de investigar el caso, un hombre demasiado bueno para aquellos tiempos y sobretodo para su cargo, que le pone empeño al hecho ya que una joven morisca, criada de Juan Escobedo había sido involucrada injustamente por los conjurados en un intento anterior de asesinar a Escobedo.

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Blanca Jara en el papel de la morisca

Bien que se introduzca la relación entre el alguacil y la criada morisca, para dar a conocer la discriminación que sufrían los moriscos en este momento, pero no que se haya hecho en con el tono rosa, que le resta absoluta credibilidad, como también se los restan los duelos de este al mas puro estilo del capitán “Alatriste”.

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También considero de más la cruda innecesaria escena de sodomización de un esclavo negro por parte de uno de los personajes implicados en los intentos de asesinatos.

En realidad son manchas innecesarias en lo que pudo haber sido una excelente película, avalada por los muros de esa construcción imponente que es la del escorial, al menos nos sirvió para conocer un momento delicado de esa historia española que también es nuestra, una historia que nunca deja de atraernos, aunque se nos sirva condimentada, como en este caso,  con esa ideología monarquía y obsoleta,  heredada por los españoles de Franco, reflejada en una moraleja trivial:  la que el buen funcionario es premiado mientras que de la deslealtad al rey se paga con un castigo.

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2 comentarios to “La conjura de El Escorial: una historia que también nos pertenece”

  1. Julian Keilen 26 enero 2011 a 3:13 AM #

    Done puedo encontrar el feed de su blog.

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