El Hombre Lobo 2010 (The Wolfman) entre psicoanálisis y el feminismo

18 Feb

En la América Precolombina se hablaba de Hombres-Tigres, Hombres-Jaguares y hasta delfines que se transformaban en hombres para seducir doncellas (hombres-delfines).

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Del mismo modo existe una antigua tradición europea que cree en los licántropos (personas que creían ser lobos y actuaban como tales)

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así como de los que la tenían aún peor, los llamados  hombres-lobos, seres humanos que a causa de algún sortilegio, maldición o mordida se transformaban en auténticos lobos.

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De ellos hablaba uno de los grandes sabios de Suecia, Olaus Magnus 1490-1557, afirmaba que para transformar a un hombre el lobo se le hacía beber cerveza con con un contenido especial mientras se recitaban fórmulas mágicas y aseguraba que los hombres lobos de Prusia, Livonia y Lituania eran seres más destructivos que los “auténticos lobos”.

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Las referencias a hombres lobos se pierden en los tiempos, icluso en la Mitología griega tenemos uno, en el personaje de Licaón condenado por Zeus a convertirse en lobo.

Entre mito y mito podría encontrarse un fundamento real para la leyenda; ya en la rabia, ya en una la enfermedad mental conocida como Licantropía clínica, en la que el enfermo se cree transformado en otro animal el cual pude ser un lobo, ya en la Hipertricosis Universal Congénita, anomalía conocida ”mediaticamente” “síndrome del hombre lobo”, que nada tiene que ver con el comportamiento, sino con ese pelaje que crece indiscriminadamente en el cuerpo de la persona, algo le ocurre a un nacido entre mil millones, y de lo  que se han registrado unos cincuenta casos desde 1638. Un fenómenos resulta, no de la mordida de lobo alguno, y menos de un embrujo, sino de la interacción de factores genéticos y endocrinos, donde el cromosoma X, juega un papel determinante.

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Los productores de cine han descubierto el hambre de mitos y leyendas que siguen teniendo los humanos a pesar de los siglos, negados a vivir en un mundo positivista, donde solo se hable de lo cierto y comprobado, por ello hay tantas películas dedicadas a satisfacer esa necesidad de la que antaño se ocuparon rapsodas y juglares.

La leyenda del hombre lobo, por supuesto no podía escapar a este proceso, y así lo hemos visto en la pantalla grande compitiendo con Zombies, vampiros, momias y por supuesto, el monstruo de Frankenstein.

El hombre lobo entra por primera vez en el séptimo arte en la película de 1935, “Werewolf of London”.

Ahí se crean sus cánones cinematográficos, sin embargo la verdadera popularización del personaje en tiempos modernos se la da en 1941 “The Wolf Man”.

Una película que recuerdo haber visto de niño en la televisión cubana, gracias a un extraño síndrome de los censores de entonces, quienes durante las primeras décadas de la revolución cubana, nadamás pasaban en la televisión, salvo raras excepciones películas y animados realizados antes de 1959, es como si quisieran rendirle un culto a su infancia y juventud, al tiempo que privaban a la nuestra de lo que se estaba produciendo en un país fundamental en la historia del cine, Estados Unidos, que no era más no menos capitalista de lo que lo había sido en la década del cuarenta o el treinta.

Para ser justos debo reconocer que la política del ICAIC, que controlaba las exibiciones de filmes en los cines era un tanto mas liberal, por lo que allí pudimos disfrutar de algunas buenas obras norteamericanas, hasta que se da una apertura en la televisión con programas como ”La tanda del domingo” surgido en 1981, un año despues del éxodo del Mariel, y con la magnifica conducción del destacado profesor, ensayista y critico Mario Rodríguez Alemán, con estos espacio comenzó abrirse los ojos del televidente cubano nuevas producciones de Estados Unidos que a diferencia de las que se pasaban en cine no eran de las mejores.

Al final, no hay mal que por bien no venga, si los cubanos nos quedamos retenidos un largo tiempo en el cine clásico norteamericano, y eso nos permitió conservar una cultura visual que muy rápidamente perdieron los no cubanos, abrumados por novedades, tecnológicas que artísticas que les hacían olvidar las obras importantísimas desde el punto de vista artístico.

Al final los especialistas del mundo y los cubanos en general parecemos compartir ese conocimiento que muchas veces sorprende a los jóvenes creadores o al público cuando se enfrentan al cine del pasado

Obras que no quisiera perder de mi memoria para tenerlas como referencias a la hora a la hora de juzgar los continuos remakes con los que la industria cinematográfica explota por un lado el olvido, por otro lado la capacidad de a base de nuevos efectos revitalizar nos viejos relatos.

Precisamente par refrescar mis recuerdos compre no hace mucho una colección de clásicos del cine de horror, entre las que se hallaba aquel hombre lobo de 1941, realizado por la compañía Universal Pictures, bajo la dirección de George Waggner, con guión de Curt Siodmak, y teniendo por actores a Lon Chaney , hijo en el papel de Larry Talbot, Claude Rains como el padre, Sir John Talbot), la rusa Maria Ouspenskaya , interpretando a la gitana Maleva y al gran Bela Lugosi (el famoso intérprete de Drácula) en el papel del gitano – hombre lobo llamado como él mismo; Bela.

Como ya no me acordaba para nada de la película volví a verla hace poco, por si al lector le ocurre otro tanto le contaré que en ella se narra el retorno a su pequeña patria, donde ha muerto su hermano, de Larry Talbot. Allí el apuesto y aristocrático joven se enamora de la hija de un joyero, a la que acompañara con una amiga a un festival gitano, una de ellas entra en la carpa del adivinador Bela quien le descubre un futuro negro, lo cual se materializa cuando unos minutos después el gitano convertido en hombre lobo le da muerte, Larry hace lo mismo con el monstruo pero antes es mordido por este.

Larry narra los hechos a la policía y esta lo que encuentra es el cadáver de Bela, no el del lobo que Larry asegura haber matado, es ahí donde su salud mental queda entre dicho, además de acusársele de asesinato.

Por otra parte las heridas hechas por el hombre lobo antes de morir sanaran prontamente y Larry terminará trasformándose en el mismo monstruo.

Mientras veía la película y luego el documental que trae el DVD sobre sus artistas y la manera en que se confeccionó la máscara, pensaba en lo poco que necesitaban nuestros abuelos para aterrorizarse, comparándolo con estos adolescentes de hoy a los que ya no sabe que, mas cierras, hachas y picos, amen de litros de sangre dárselas para impresionarlos un poco. Más si se les trata de asustar con el viejo cuento de ”Ahí viene el lobo

Un cuento que se viene repitiendo en el cine en una y mil versiones, de las cuales la que más he disfrutado es de aquella realizada en 1994 bajo el título de “Wolf”, dirigió Michael Igor Peschkowsky.

Nacido en Alemania en 1931, en el seno de una familia de emigrados rusos este director hoy se hace llamar Mike Nichols, con un apellido que parece una premonición de a quien darle el protagónico de esta obra, un por Jack Nicholson, ese actor tan bueno para darnos personajes desquiciados y que en la compañia de Michelle Pfeiffer, reactiva de manera muy peculiar, en esta película la reflexión filosófica y psicológica que sembró en la literatura Robert Louis Stevenson, con El Extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde (en inglés Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde), novela publicada 1886, y de la que tantas versiones hemos visto en el cine.

El libro y sus posteriores versiones tea trales y cinematográficas, trata de las sombras de nuestra personalidad, del desdoblamiento de la misma, así como de las fuerzas demoníacas que este proceso desata, un fenómeno representado alegóricamente tanto por la aparición de míster Hyde, como por la trasmutación de un individuo normal enhombre lobo.

Con este baggage me preparaba para enfrentarme al anunciado remake que protagonizaría este año Benicio del Toro, Se trata de un actor,que descubrí tardía mente, pues venía dando zanzara en el cine desde hacía rato, en al película de 1992, Cristóbal Colón: El descubrimiento, película dirigida por John Glen, basada en un historia de Mario Puso (el autor del Padrino), donde del Toro, en su rol de Àlvaro de Arana, tiene que estar a la altura de un grande del cine como es Marlon Brando en su papel de Tomás de Torquemada.

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Aunque siempre me alegra el éxito de un hispano en el cine anglosajón, en particular su Oscar del 2001 por mejor actor la película El tráfico,  nunca seguí cerca el trabajo de este actor, aún sin consideralo malo, y si antes no lo fue, menos es ahora santo de mi devoción, tras sus declaraciones hecha en la televisión de Miami, sobre ese personaje Che, que tanto premio le ha valido, y es que del Toro ha demostrado, sino en la pantalla grande, si ante sus entrevistadores un conocimiento muy superficial del personaje histórico en que le tocó encarnar.

Esto por no hablar del entramado ideológico no declarado para el que se ha prestado todo el equipo realizador de las dos partes de la película Che Guevara en Che y es que si hay algo detesto más que el efecto del comercialismo en el cine, es el de su manipulación propagandística, en este caso con el objetivo de rescatar, más que al Che, a su jefe Fidel.

Con tales antecedentes, ya podrá usted imaginar cual fue el espíritu que me acompañó a ver a Benicio del Toro en su segunda interpretación del Hombre Lobo, la primera fue en 1988, Big Top Pee-wee.

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Me refiero a ahora a The Wolfman,  la última película sobre la famosa bestia, dirigida en 2010 por Joe Johnston, todo un experto en el uso de efectos especiales, como lo demostró en las películas Jumanji, y en Parque Jurásico, tercera parte y cuya responsabilidad concreta es asignada en este caso a Rick Baker.

Me siento en la butaca y comienzo a pasar lista de los autores, la primera grada sorpresa en la de encontrarme de bruces con Anthony Hopkins, quien siempre resulta un sello calidad de cualquier película en la que aparezca, por lo visto no se permite a si mismo trabajar con malos directores y aún peores guiones, respiro con alivio, la segunda grata sorpresa me la da encontrarme en el papel de la gitana Maleva a esa Geraldine Chaplin , de la que tanto respeto su apellido, por no hablar de sus aportes al cine hispano, con ese castellano, que si bien con acento, domima con fluidez admirable, en este caso demuestra sus capacidades lingüísticas hablando además de su inglés materno, la lengua de los gitanos.

Desde el primer momento, y en medio de una hambientación perfecta de la Inglaterra de finales del siglo XIX se reconoce la inspiración en la obra hecha por La Universal en 1941, aquí tenemos a Benicio Del Toro encarna a Lawrence Talbot, dando muy bien el papel noble igles, cuyo tipo no germánico se explica con una supuesta madre gitana. Por si parte Anthony Hopkins, hace del padre Sir John Talbot.

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Como en la anterior versión, acaba de morir el primogénito, el novio de la chica de la película, la candorosa Gwen Conliffe, interpretada por Emily Blunt, de la que termina enamorandose el hermano vivo.

Pronto se descubre el cadáver y con este que ha sido muerto por una bestia terrible, la que azolará al poblado de Blackmoor por lo que se requieren en el lugar la presencia del típico inspector Aberline, de Scotland Yard, todo un tópico, que interpreta Hugo Weaving, con vestimentas muy similares a esas con las que el cine de todos los tiempos a vestido a Sherlock Holmes, o al su amigo el Doctor Watson.

Pronto Lawrence descubrirá que su padre, Sir John Talbot es la bestia que asolaba la comarca, un mal que padece despues de haber sido mordido en la India por una suerte de Mowgli, realmente salvaje,  pero será lo suficientemente tarde como para que el también se haya transformado en Hombre Lobo, un hombre al que la bárbara psiquiatría de aquellos tiempos intenta curar sin resultados.

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La película es algo más que buenas actuaciones, culto a un clásico del cine de horror y empleo de efectos dentro de los cuales, no solo la imagen, sino el sonido se comportan con actores especiales, como quien no quiere la cosa el filme orada en la psicología en este caso en dirección al complejo edipiano, a su vez que concede muy sutilmente al ese feminismo que parece permear cuanta obra audiovisual de produce en los países mas desarrollados del mundo.

Sin duda alguna, a través de las tormentosas relaciones entre Lawrence y Sir John Talbot. el guionista ponen en escena la ambivalencia de emociones que según Freud sienten los hijos hacia sus padres: odio hacia el progenitor del mismo sexo y atracción sexual inconsciente hacia el del sexo opuesto. Y del mismo modo en que en la tragedia de Sófocles, Edipo Rey, de donde Freud toma el nombre para su complejo, es lo que ocurrirá, hechos un par de bestias, entre Lawrence y John, como harían los hijos y el padre de esa tribu primitiva que se describe en el ensayo freudiano Tótem y tabú.

En cuanto a la concepción feminista, esta la hayamos, no solo en la bestialización del hombre como pareja, sino en la desviación que se hace de la vieja fórmula del amor como cura, puesta en boga en mas de una ”la bella y la bestia”, como son estas historias de monstruos enamorados de doncellas, aquí aunque se sugiere y casi parece que será la solución final, que no pienso contar, el rol que juega la heroína, es muy diferente al que esperaríamos de la receta universal de la vieja feminidad como redentora del hombre, de ese amor demasiado entregado y heterosexual que tan mal sabe en la boca de las feministas de nuestro tiempo, mejor es para ella que la damisela victoriana, reaccione al final como cualquier víctima de la violencia de genero, superando la compasión por el monstruo y utilizando el recuso que tiene a mano para su legitima defensa, una solución poco romántica y menos tradicional, el lobo retornado en ”hombre”, recibe con increíble gratitud.

La película como remake tiene éxito, éxito, lo cual no es poco, homenajea a un clásico lo hace entre otros prestamos evidentes y justificados, desde el telescopio al bastón de diseño idéntico, si no es el mismo,  con la cabeza de un lobo en el mango, en manos del inspector al que usara en 1941, Lon Chaney en el papel de Larry Talbot, para darle muerte al Bela-Hombre Lobo, si esto no es una clara señal de respeto a los antepasados, no sé que lo será.

Sin euforias recomiendo la película, de ellas se sacará no solo uno que otro gusto, sino también la enseñanza de que hay historias que, aunque parezca redundancia, siempre pueden exprimirse un poco más, como la del lado monstruoso de nuestra personalidad.

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