Gomorra: Drama criminal que hay que ver, aunque no sea un placer

17 Feb

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Se ha hablado tanto de Roberto Saviano, de su libro Gomorra y de la película basada en el que no he podido menos que verla, sobretodo cuando leo que ha recibido 20 premios internacionales y está nominada para otros muchos más, Nominado a los Globos de Oro. Debo devolverla a la sección internacional de la Biblioteca de Estocolmo, pero antes la comentaré.

No diré que visioné la película con placer, y esto no siempre es malo, sí lo hice con la curiosidad que despierta esa Europa del Sur, cruda y e insegura, donde el estado, con menos visos totalitarios que la del norte, para bien y para mal se le escapan tantas cosas de las manos, entre otras, para mal, el control de mafias, frente a las cuales, las de Suecia, con todo y lo violenta que se está tornando, lo cual por lo menos deja réditos en el cine y la literatura del género policíaco del país escandinavo-, resultan pandillitas infantiles.

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Cuadro de Gomorra

Yo que me conozco al dedillo los peores gettos de Suecia, jamás en sentido en ellos el peligro que se respira en los barrios napolitanos representados por el Director: Matteo Garrone, en esta, su versión de Gomorra.

Barrios cuyos gritos y miserias nos recuerdan aquellos, casi pintorescos que nos descubrió el neorrealismo italiano, pero ahora complicados, por el ingrediente delictivo, que entonces apenas se notaba y sobretodo el elemento multicultural, el enfrentamiento del chino, o del africano, en el terreno laboral o delincuencial.

Esta producción italiana, de 137 minutos, en la que se escuchan varias lenguas entre ellas el Mandarín, tiene como idioma fundamental el dialecto napolitano del que io non capisco niente, menos mal que estaba textada a ese otro dialécto nórdico, que es el sueco-considerada oficialmente como idioma y que ya comprendo mejor que el italiano.

Con un guión de Maurizio Braucci y una utilización de la cámara “deliberadamente descuidada” – por el contrario que busca concientemente los ángulos y perfiles más grotescos de los personajes, que no por gusto le ha valido a la obra el Gran Premio de Fotografía del Festival de Cannes 2008.

Con la apariencia de un reportaje de guerra, más que de una obra artística- dada la intención conseguida este es su mérito del drama- se nos descubre como viven las familias y personas mas humildes en una Italia moderna lacerada por mil formas distintas de corrupción y crimen, sobre todos las tentaciones que sufren niños y adolescentes por parte de la delincuencia para entrar en su submundo, y el rol que tienen que jugar las madres para arrancarlos de este, si no quieren ver, en el mejor de los casos en una cárcel y en el peor a sus hijos baleados en la calle.

Es lo que le ocurre a dos de los personajes protagónicos, dos jóvenes de apariencia retardad, o quizás alienados por la vida que llevan, uno de los cueles cree encarnar nada más y nada menos que a Tony Montana, el de Scarface, y no hace más que repetir amenazas contra supuestos colombianos, cuando en realidad sus victimas y victimarios, además de los inmigrantes africanos, serán sus compatriotas de Italia.

En realidad no sabemos si alegrarnos de que un personaje cubano siga siendo el héroe con el que se identifican tantos marginados de la tierra, por el contrario que esa burla de los cubanos emigrados siga tomando vida en el cine, y fuera de el, mas allá de “Cara cortada”, la obra realizada en 1983 Brian De Palma, sobre los llamados “marielitos”, con Al Pacino, Steven Bauer y la Michelle Pfeiffer entre sus protagonistas.

La historia de estos dos infelices, que es la que dramáticamente mas me atrapa, se entrelaza con cuatro relatos más que tiene como eje común la influencia de esa organización mafiosa de la que tanto partido han sacado cine y literatura, Camorra. Tratada ahora con una originalidad que no deja de rendir homenaje, lo mismo a un clásico como El Padrino, que a un trabajo mucho mas recientes y vivo en el tratamiento de la marginalidad, la brasileña Ciudad de Dios. Como se sabe no existe nada absolutamente original en esta vida y menos en el arte.

Con un reparto de actores conformado entre otros por Toni Servillo (Franco), Gianfelice Imparato (Don Ciro), Maria Nazionale (Maria), Salvatore Cantalupo (Pasquale), Gigio Morra (Iavarone), Salvatore Abruzzese (Toto), Marco Macor (Marco), Ciro Petrone ( Ciro ), Carmine Paternoster (Roberto ), la película logra el efecto deseado, la de hacernos creer que no nos encontramos ante un ejercicio de ficción, sino frente a una realidad pura y cruda, que pone en Crisis ese culto exagerado por el viejo continente, que traemos los que venimos de afuera, y que nos hace pensar en todo los males que le quedan por resolver, la llamada democracia occidental en esa Italia, que día fue pionera en la cultura y el comercio y que hoy se muestra, gracias a obras como esta, como espejo de todas las miserias del capitalismo europeo.

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