Sigamos a Umberto Eco, aunque dé “pasos de cangrejo”

13 Feb

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Umberto Eco

Soy un admirador fervoroso de Umberto Eco, desde mis tiempos de profesor de semiótica, allá por los inicios de los ya lejanos años noventas del pasado siglo. Desde entonces no he dejado de buscar sus libros y artículos en bibliotecas y librería, leyéndolos con fruición cada vez que daba con ellos.

Esta es la razón por la que me regalé no hace mucho ” A paso de cangrejo”, Random House Mondadori, Barcelona 2007, un libro que todos los cubanos deberíamos leer, no solo por lo ameno, sino por lo que pude enseñarnos de un presente italiano, que se me antoja, tiene mucho del futuro de Cuba.

Si cuando escribe de filosofía Eco no se nos hace difícil, menos lo será en esta compilación de trabajos suyos aparecidos de la prensa italiana. En ello se habla de todo lo que interesa al hombre contemporáneo; de la guerra y la paz, de la historia y el presente, de propaganda y política, del racismo, de las religiones, medios y mediums, del escritor Dan Brown y hasta de los templarios. En resumen, se trata de lo que día a día se discute en los periodicos europeos, pero servido en esa la bandeja de plata, irrechazable, que es el ingenio “econiano”.

Como en otras compilaciones de sus trabajos, se trata con esta selección de un reencuentro ese ocurrente Umberto Eco de todos los tiempos, quien como siempre nos invita a pensar críticamente la actualidad, lo hace utilizando la experiencia del pasado, enfocando los acontecimientos con esa mezcla de cultura clásica y humor tan suyos, expresandose con una certeza tal en lo que esta diciendo, que ni se nos ocurre dudar de lo que dice. Esto último es peligroso, la verdad.´

No todo es perfecto

Por eso, auque se trate de un “amigo” afino el ojo critico, y descubro en medio de las ideas que comparto, algunas que me resultan decepcionantes. En particular cuando veo al maestro, al filosofo convincente de todos los tiempos, comportarse como un activista político, como un antiberslusconiano más, que cuestiona de manera poco sólida la guerra contra Saddam, lo hace por la vía de un pacifismo que, me huelo, poco tiene de humanismo y si mucho de ese egoísmo europeo, que no quiere algazaras a las puertas de la casa, guerras con vecinos musulmanes en los momentos que toda Europa se puebla de mezquitas.

Un pacifismo más egoísta que filantrópico y por supuesto tendencioso, que arremete contra los mismos norteamericanos que un día y como menos obligación -ni Hitler,ni Stalin volaron dos torres gemelas en Nueva York- vinieron a sacarles las castañas del fuego totalitario, exactamente con los mismos medios , y con argumentos no mas convincientes con que lo hicieron en Irak. No es que pretenda pasar a Umberto Eco del lado de los alcones, sino que esperaba una defensa de la no intervención mucho mas aguda y menos lastimera, que lo superpusiera a la izquierda llorosa que sólo se moviliza cuando de ir le a la contra el imperialismo norteamericano, mientras que se pasa por el forro cuanto genocidio tenga lugar en el mundo y no sea imposible implicar a los Estados Unidos.

Para lo sí que nos sirve Eco

Echo con Eco este ajuste, tal vez despiadado por provenir de quien no quisiera ver jamas a su propia patria nunca más envuelta ni en una guerra de “liberación”, y mucho menos una resistencia de corte terrorista -dos males que que ya han sufrido los cubanos en su corta vida como nació vamos a lo que nos interesa, aquello que si debemos rescatar de esta selección de artículos, enfoques muy bien pensados de la realidad italiana que encajan como anillo al dedo en la política cubana, dentro y fuera de la isla, al los trabajos donde no existe desencanto de mi parte y en los que hallo, por el contrario bases argumentales perfectamente extrapolables a la actualidad cubana.

Así tenemos por ejemplo algo que nos suena conocido a los cubanos dentro dentro de la conferencia pronuciada por Eco en la Universidad de Bolonia el 20 de mayo de 2004 y que en el libro se recoge bajo el título de. El lobo y el cordero, retórica de la prevaricación: “En general, las dictaduras , para mantener el consenso popular en torno a sus decisiones, denuncian la existencia de un grupo, una raza o una sociedad secreta que conspiraría contra la integridad del pueblo dominado por el dictador. ..”

Y continua con una frase que parece ser un disparo a esa forma de neocastrismo que es el chavismo en Venezuela:

“….Cualquier forma de populismo, incluso contemporáneo, busca obtener el consenso hablando de una amenaza que procede del exterior o de grupos internos” (página 62)

Aún mas profunda y aplicable a la realidad cubana me parecen el tratamiento de la relación entre intelectual y partido que se nos ofrece en el trabajo Norberto Bobbio: la misión del docto revisitada, versión reducida de otra conferencia, esta vez pronuncianda en sepriembre del mismo año, en Turín, dentro de una serie dedicada Bobbio.

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Norberto Bobbio

Aquí se plantea, junto a la creatividad, otra función del intelectual que ha sido casualmente y desde sus inicios el alfa y omega de la revista cuba nuestra -si que esta fuese Bobbiana y mucho menos boba- la de la critica de su propio discurso, nuestro caso del discurso disidente en el que inévitablemente se enmarca la línea editorial de la primera revista de los cubanos en Suecia.

Siguiendo esta línea de pensamiento sería imposible considerar a Hitler un intelectual, aún cuando su mente siniestra tuviera algo de creativo el la elaboración de su Mein Kamp y es que como nos dice Eco en su inspiración bobbiana, el intelectual no puede separar el movimiento critico del autocrítico, es por eso que dada su falta de capacidad auto critica, no puede hablarse se Hitler como intelectual, sino mas bien como propagandista, lo mismo que deberíamos hacerlo del 99,9 por ciento de los intelectuales oficiales cubano y una también de una buena buena cantidad, mas difícil de determinar por lo dispersos y poco controlado que están, de los del exilio, muchos de los primeros porque el poder (o la mediocridad) no les deja otro remedio y la mayoría de los segundo por que su inteligencia o compromiso político tampoco se lo permite. Como nos dice el eco de Bobbio que es Umbero Eco , el deber de los hombres de cultura es sembrar dudas en lugar de recoger certezas y esto es lo menos que se halla dentro de uno u otro bando de los cubanos enfrentados en “la batalla de ideas” como la llama Fidel Castro.

Y es que ni de un lado ni del otro de la trincheras encontramos, como por lo visto tampoco de encontraba en la Italia de la posguerra, el intelectual tal como, en un concepto que nosotros subscribimos, lo concibió Norberto Bobbio a decir de su compatriota Eco, quien reconoce que la principal lección de Bobbio, que aprendió leleudole es la de que el intelectual: desarrolla su función critica y no propagandistica sólo (o ante todo) cuando sabe hablar contra su partido. El intelectual comprometido debe poner en dificultades ante doto a aquellos con los que se sienten comprometido.

Por supuesto la tarea no parece haber sido fácil para los italianos en los tiempos de la hegemonía de la izquierda, como tampoco lo es para los cubanos bajo la dictadura del Partido comunista y ni siquiera lo es para sus compatriotas de la diáspora bajo la hegemonía de una derecha intransigente, que afortunadamente va perdiendo fuerzas.


De lo difícil de este empeño nadie puede hacernos cuentos. Ahí tenemos los intentos de sembrar el pánico entre nuestros colaboradores por parte de auténticos propagandista, castristas o anticastrista.

Para citar un ejemplo tenemos el caso de Frank Resillez, nadamás y nada menos que “Secretario de Información” del llamado Partido Nacionalista Democrático de Cuba , quién hace algún tiempo estuvo dedicandose a enviarle a nuestros redactores mail calificando a quien escribe de Anti-Exilio y quinta columna, supongo por la manera que tenemos de llamar la atención sobre los errores que se comenten dentro de las filas opuestas al totalitarismo en Cuba.

Llama la atención que el Secretario de Información del Partido Nacionalista Democrático de Cuba , se dedique  a cazar”majases” castristas allí donde no los hay,  en la dirección de Cuba Nuestra, mientras que en su condición especialista del Medio Ambiente, profesión  para lo que parece tener el talento que le falta como analista político,   se opone a la cacería de serpientes Pitón y boas desarrollada por las autoridades de la la Florida en Everglades.

Esto le pasa al pseudoanalista cubanoamericano por no leer a Eco y seguramente tampoco a Bobbio, de lo contrario ya habría comprendido el papel de la critica, y de paso aprendido a hacer en la vida pública las cosas al estilo de Voltaire ,  y no como ese Hitler que parece querer imitar,  cuando califica de quinta columna y de enemigo del exilio a quienes ejercemos nuestra función intlectual.

Vernos en el espejo del fascismo

Los cubanos podemos reconocer nos en la vida de Eco, nuestra historia mas reciente no está muy lejos de la historia moderna de Italia. En particular me ha servido para confirmarlo el artículo: Algunos Recuerdos de mi infancia fascista, aparecido originalmente en Léspresso, en junio del 2000.

Aquí me encuentro con un Eco que tiene mucho que ver con todos los que nacimos y crecimos bajo un régimen totalitario, que reflexiona sobre la revolución fascista sobre la que le hablaban en la escuela, del miedo familiar ante las expresiones del tío disidente, que no habría tenido reparos en escribir una respetuosa carta a las autoridades si de solicitar pensiones se tratase.

Eco explica por que la gente no se marchó estando en desacuerdo con el régimen, de una manera que explica lo que ocurre con tantos cubanos:

” Se aceptaba el confinamiento no porque no se quisiera huir, sino porque una fuga era una empresa titánica. Incluso los disidentes sentían la dictadura como un destino, un ambiente en el que era inevitable pactar con las instituciones considerando que un mínimo de doblez era el tributo necesario (y lícito) que había que pagar para sobrevivir.”

Por los trabajos de este libro he podido de una vez identificar la ideología, al menos en tu etapa juvenil de Eco, algo que siempre me inquietó dado el progresismo que dejaba escapar en sus obras dedicadas a la teoría de los signos. Fue a todas luces un social cristiano o demócrata cristiano, por tanto y ya en la Italia democrática de la posguerra tan enemigo del fascismo como del estalinismo.

De ahí que no tengamos que forzar la comparación de sus vivencias con las nuestras, el mismo nos fascilita la tarea:

“Es como si hoy descubrieram que una persona que ha pasado diez años en un gulag estalinista antes de ser arrestada había presentado una solicitud al soviet local para obtener una beca. Seguro lo hizo en la Rusia de Stalin era inconcebible que se pudiera actuar de otro modo. Los comportamientos éticos también han de ser valorados en relación con el ambiente”

Cámbiese en el párrafo anterior Rusia por Cuba y Stalin por Fidel y tendremos un enunciado perfectamente aplicable a nuestra experiencia.

Pero Eco no solo nos sirve para comprender nuestro presente sino también lo que será nuestro futuro. En su artículo Las ocultaciones evidentes* habla de las manipulaciones de la historia que tuvieron lugar en la Italia pos-fascista y de las que se entera mas tarde, por ejemplo de que muchos antiguos partisanos se habían convertido en salteadores, entre los resistentes no sólo habían marxistas convencidos, sino también monárquicos y católicos. Y no dudo que lo mismo pase en una inversión de la historiografía marxista con Cuba, que tras el cambio de régimen se diga que solo la derecha fue la que se opuso a este.

Por otro lado Eco nos explica la continuidad de las ideas fascistas en su país, explica que si bien hubo depuraciones. aquel país, como Cuba en masa con el comunismo, había aceptado el régimen (de Mussolini). Así muchas personas que habían sido fascistas pero que nunca habían matado a nadie fueron reintegradas a sus puestos de trabajo, de modo tal que el esqueleto burocrático del país quedó conformado por personas que un tanto en broma decían “estábamos mejor cuando estábamos peor“. Que nadie se asombre si lo mismo ocurre en Cuba, y se cae por si solo el gobierno abatido por sus contradicciones o como resultado, Dios no lo quiera de una invasión desde el extranjero.

Ahí tenemos ante nuestros ojos el mismo ejemplo de Irak, donde no prosperó el licenciamiento de su policía y su ejercito, ya por los problemas sociales que esto desencadenó, ya porque no había mejor personal para realizar un trabajo que nadie como los militares y gendarmes de Saddam sabía hacer. Así y a pesar del inmediato alista- miento de nuevas fuerzas en su mayoría, quienes combaten -y quizás colaboren en parte- con el terrorismo desestabilizado del país medio oriental, solo los mismos que defendieron a su dictador con las armas, cumpliendo el deber que desde que el estado es estado le asigna a sus ejércitos, defender sin chistar al poder-.

Ya lo veremos en Cuba, donde muchos oficiales forjados en academias de la isla o en acciones internacionalistas velarán para bien o para mal por el régimen que se establezca tras la marcha de los Castros.

Por lo momento y en lo que eso llega vayamos preparándonos para lo que nos espera, hagámoslo sin dar marcha atrás o para el lado, aunque siguiendo a Umberto Eco con su  Paso del Cangrejo

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Una respuesta to “Sigamos a Umberto Eco, aunque dé “pasos de cangrejo””

  1. Mario Enrique La Riva Málaga 15 febrero 2010 a 2:17 PM #

    Difícil es ser tan mediático e iconoclasta a la vez. Siempre habrá preocupación por mantener algo de seguridad personal. No dudo que Eco de cuando en vez se ponga a reflexionar personalmente acerca de las maneras y formas en las cuales su genio puede hacer aportes progresistas sin afectar su aparición mediática y profesiones literarias.

    En fin.

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