La enfermedad infantil del derechismo en el anticomunismo cubano

14 Mar

La enfermedad infantil del derechismo en el anticomunismo cubano
2009-2-21
document.write(beforeAuthor) Por Carlos Manuel Estefanía.
Director de CubaNuestra

“Preparar una receta o una regla general (¡”ningún compromiso”!) para todos los casos, es absurdo. Es preciso contar con la propia cabeza para saber orientarse en cada caso particular. La importancia de poseer una organización de partido y jefes dignos de este nombre, consiste precisamente, entre otras cosas, en llegar por medio de un trabajo prolongado, tenaz, múltiple y variado, de todos los representantes de la clase capaces de pensar, a elaborar los conocimientos necesarios, la experiencia necesaria y además de los conocimientos y la experiencia, el sentido político preciso para resolver pronto y bien las cuestiones políticas complejas.”
Lenin

Desconocer la genialidad política deLenin, es olvidar que solo le basto un puñado de revolucionarios profesionales, -y cuando digo profesionales, no solo le doy el sentido leninista del término sino el menos ortodoxo de estar financiados por el estado alemán y el capitalismo norteamericano*-  para hacerse del poder en ese territorio infinito que conformaban todas las  Rusias, que desde los tiempos de su acción dentro de la socialdemocracia, pactar aquí y romper allá donde y cuando era necesario, y que una vez al mando del antiguo imperio no solo fue capaz de enfrentar y aplastar a sus antiguos compañeros de caminos, socialistas, anarquistas etcétera, sino también apaciguar a  las potencias centro europeas,  vencer la intervención de 17 naciones y por si fuera poco derrotar a la reacción blanca  tras una encarnizada Guerra civil.

De su astucia en cuanto al arte de llegar al poder se trata, no sólo dejó constancia Lenin con su acción, sinó también en su prolífica obra escrita de la cual basta citar su librito de 1920, titulado La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, una obra de la que bien podrían aprender algunos de los mas excelsos activistas del anticomunismo cubano,  esos que se consideran a si mismo de línea dura -como lo eran en sus ideas los comunistas de izquierda a los que el padre de la URSS criticaba- y que frente a estrategias realmente inteligentes como la del llamado al Diálogo Nacional, no se les ocurre – si no es que se le ha sido inducida desde la seguridad del estado cubana-  mejor idea que la de llamar a una desobediencia civil que más allá de las gradas adoloridas del exilio, no encuentra oído en ninguna parte del mundo y mucho menos en Cuba, una desobediencia, cuyos desobedientes, solo sirven para aislar al movimiento democrático de la mayor parte del pueblo cubano,  esa que está en la isla que que la final será la que haga la historia.

Volviendo al libro que mencionábamos, este apareció casi al mismo tiempo en ruso, alemán, francés e inglés. Y fue entregado a los delegados del II Congreso de la Internacional Comunista. Quien estudie su contenido comprenderá una de las claves que explica  la expansión internacional del bolchevismo primero y del comunismo después,  y por qué pudo sostenerse tanto tiempo y porqué no solo sobrevivió al desmantelamiento de la URSS, sino parece fortalecerse ahora bajo la mascarada “bolivariana” en el continente americano: se trata aqui de la ciencia del compromiso, esa misma que desconocen para su desgracia los anticomunistas cubanos, anclados en un derechismo entendido como fobia enfermiza ante a todo lo que huela a socialismo.

En el manuscrito de La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo existe un subtítulo: “Ensayo de charla popular acerca de la estrategia y la táctica marxistas” y es precisamente enseñar estrategia y táctica a sus seguidores lo que se propone el líder bolchevique, dos artes de las que, falta de escrúpulos e implacabilidad aparte, el fundador del bolchevismo era un maestro.

Y es que con esta obra, aquel hombre tan radical que fue Vladimir Ilich Lenin supo enseñarle a sus discípulos más ingenuos, es decir “izquierdistas”,  que la eliminación por principio de todo  “compromiso” se convertía en un absurdo y que la lucha contra el oportunismo no pasaba necesariamente por la incapacidad de distinguir, en medio de la justa intransigencia,  esos los límites, que en la naturaleza y en la sociedad, son variables y hasta cierto punto convencionales. Lenin le pedía pues a los mas extremistas entre sus seguidores, lo mismo de lo que carecen los extremistas del anticomunismo cubano,  un estudio prolongado, la educación, la ilustración y la experiencia política y práctica que les permitieran comprender aquellos momentos particulares o específicos de la historia cuando los compromisos eran admisibles. Vemos pues que  el golpista o revolucionario de Lenin -según como se mire-, no tenía ambages en reconocer que la historia del bolchevismo, antes y después de la Revolución de Octubre, estaba  llena de casos de maniobra, de acuerdos, de compromisos con otros partidos, ¡sin exceptuar los partidos burgueses!

Así, en su guerra para derrumbar a la  burguesía internacional, o cualquier otro contrincante que no se menciona explícitamente en la obra,  Lenin consideraba una ridiculez renunciar de antemano a toda maniobra, a toda utilización (aunque no sea más que temporal) del antagonismo de intereses existente entre los enemigos, a los acuerdos y compromisos con posibles aliados (aunque sean provisionales, inconsistentes, vacilantes, condicionales), y calificaba  poco menos que de tontos  e ingénuos a sus colegas del Partido Comunista Holandés por no entender una verdad tan trivial:

¿no es esto acaso algo infinitamente ridículo? ¿No se parece esto al caso del que en una ascensión difícil a una montaña inexplorada, en la que nadie hubiera puesto la planta todavía, renunciase de antemano a hacer zigzags, a volver a veces sobre sus pasos, a prescindir de la dirección elegida al principio y a probar diferentes direcciones? ¡¡Y gentes tan poco conscientes, tan inexperimentadas (menos mal aun si la causa de ello es la juventud, porque ésta está autorizada por la providencia a decir semejantes tonterías durante cierto tiempo) han podido ser sostenidas directa o indirectamente, franca o encubiertamente, íntegra o parcialmente, poco importa, por algunos miembros del Partido Comunista Holandés!!

Por fortuna para los comunistas de Cuba, sus enemigos más duros entre los exiliados, carecen de lo que el comunismo si tiene, un Lenin que les oriente, que les enseñe o discipline, por no hablar de una estructura estatal o un “partido de vanguardia”, y si les aparecieran, ya se encargarán sus espías de sembrar la duda, de hacerle creer a los anticastristas  de Miami que deben de sospechar, por su falta de radicalidad y dureza, de la propuesta astuta; como aquella que nace de una disidencia interna en cuya cultura politica no falta algo de formación Leninista, pésele al que le pese, y que en su lucha contra la burguesía de estado, es capaz de elaborar estrategias tan inteligentes como las de los bolcheviques antes de llegar al poder, como ocurre por ejemplo como el llamado a un diálogo que si bien significa un compromiso con la institucionalidad establecida en Cuba, es la mejor manera de ganar para la causa de la democratización a las  masas gigantes de cubanos que insatisfechos con la vida que llevan, aunque creen en la única ideología en la que beben desde niños, en la socialista, o de personas que sueñas transiciones pacificas, que temen la confrontación sangrienta o desencadenar una nueva revolución que como todas las anteriores, no será la última, ni garantizara al país contra los peligros de una nueva dictadura; los agentes del poder les hará creer a sus enemigos que quien busca el compromiso es un pusilánime, un blando o un simple un infiltrado del gobierno, ese mismo que encarcela a los disidentes dialogueros, aunque respete la ley, al tiempo que deja en la calle a los cuatro opositores que, siguiendo instrucciones de lejos -o de lo alto- aboguan por la desobediencia de esa misma ley. En resumen, la seguridad del estado, que si conoce a Lenin, hará todo lo posible por mantener vivo en las venas de su oposición el germen equivalente al mal que Lenin supo curar entre los suyos: la enfermedad infantil del derechismo, un estado que solo sirve a esa misma dictadura que el anticomunismo cubano quiere y no sabe combatir .

* Sobre el posible financiamiento recibido por Trotsky en Estados Unidos habla Jim Marrs en su revelador libro “The Rise of the Fourth Reich”, Harper Collins Publisers, NY. 2008, pag 8-10. Según este autor en enero de 1917, León Trotsky vivió sin pagar rentas en una propiedad de la  Standard Oil, en Bayonne, New Jersey., el revolucionario ruso, entonces exiliado y reportero del periódico comunista The New World descubri´que los banqueros de Wall Street estaban dispuestos a financiar la revolución, y asi lo hizo el banquero Jacob Schiff quien aportó  20 millones de dólares para el triunfo definitivo de los bolcheviques en Rusia.

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