Comentando una película muy mona: “Rise of the Planet of the Apes”,

31 ago

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Imagen publicada en el sitio oficial de la película Rise of Planet of the Apes

Supe del filme Rise of the Planet of the Apes, titulada en sueco “Apornas Planet: (R)Evolution“, gracias al artículo de Gina Montaner: Los monos ya no son lo que eran, publicado en el Miami Herald el pasado 8 de agosto, y francamente quedé seducido por el tema una nueva saga de El planeta de los simios, pero a la inversa, en dirección a los orígenes de lo que ya conocíamos, aquella película de 1968 que por alguna razón los comunistas cubanos no dejaban exhibir en la isla, que tuve que esperar a salir de allí para verla y disfrutarla, no solo por lo sorprendente de la historia, sino por el interés que siempre he tenido por los monos, mis animales favoritos cuando visitaba el Zoológico de La Habana. Seres de una conducta cercana, sobre la cual tuve que volver en mi condición de profesor de Semiótica a la hora de explicar la riqueza simbólica que caracteriza las relaciones estos primates.

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Recuerdo que un día invité al Instituto Superior de Arte, a un amigo de mi hermano, que trabajaba como encargado de atender los animales en cierto centro de investigación científica. Tras contar un sinfín de cosas curiosas sobre los monos, una estudiante le dijo que seguramente el amaba mucho a los animalitos a lo que mi invitado “confirmó” el enunciado relatando en detalle las barbaridades que se les hacía a estos “conejillos de indias” en nombre de la ciencia, contra estas barbaridades está de algún modo dirigida la película y con eso ya merece la pena.

Pero que nadie diga que la experimentación con monos “cubanos” es cosa posterior a la revolución, mucho antes de ella, un lote de esto fue destinado a los intentos soviéticos lograr híbridos entre humanos y chimpancés, y resulta curioso que ya desde entonces se intuyera que son estos, los chimpancés nuestros parientes más cercanos. He desarrollado el tema en un artículo que publique hace algún tiempo en Cuba Nuestra digital y que aparecerá en un libro aún inédito dedicado a las relaciones Cubano-Soviéticas.

Pero volviendo al cine, experto como era en el cine de ficción soviético sentí ampliamente complementada mi cultura sobre le género cuando al fin pude disfrutar de una de sus mejores alternativas norteamericanas, El planeta de los simios, dirigida para la 20th Century Foxpor Franklin J. Schaffner, sobre un Guión Pierre Boulle ( autor de la muy bien vendida novela homónima) y con Charlton Heston en el papel protagónico del coronel George Taylor , un buen ahombre al que se asocia con lo mas conservador de los Estados Unidos, quizás sea esta la causa del veto a la película en Cuba, que a veces parece demasiado encartonado, sobretodo cuando hace cine de corte bíblico, pero que en aquella ocasión se lució como actor.

La historia se desarrollaba en 3978 cuando una nave espacial que supuestamente había partido de nuestro planeta en 1973 se averiaba y se veía obligada a aterrizar en su sitio Ignorado. Los cosmonautas descubrirán que allí dominan tres clases de simios; los chimpancés que son los científicos, los gorilas que no podía ser otros que los militares, y los orangutanes como los místicos y políticos, por su parte, a los humanos, quines viven en un estado de salvajismo se les trata como animales, George Taylor terminara cazado como uno más hasta que una de las chimpancés se percata de su inteligencia estableciendo una relación con el hombre que sugiere una suerte de bestialismo platónico.

Al final Taylor descubre los restos de la famosa Estatua de la Libertad, con lo que queda claro que se trata del planeta Tierra.

Pude ver el remake de esta Distopía, cuando se estrenó en Suecia en 2001, ahora bajo la Dirección Tim Burton, trabajando también para la 20th Century Fox, ahora con un perfectamente olvidable Mark Wahlberg en el papel principal llamado ahora Leo Davidson.

Aquí se cambian un tanto las fechas y la historia la cual se inicia en el 2029, siendo en el en el año 3002, Davidson descubre el planeta gobernado por simios. Una vez mas se repetirá el platón-bestialismo, cuando la chimpancé Ari interpretada genialmente por Helena Bonham Carter, intente proteger al hombre.

Esa película no me impresionó tanto como este  Apornas planet: (R)evolution (Rise of the Planet of the Apes), que he visto hoy a la una de la tarde en el Cine Sergel, de Estocolmo,  el que más visito, no sé por que. Lo hice sentado en el centro de la tercena hilera, metido casi dentro de una historia, que si bien talvez no haga historia, al menos servirá para demostrar el oficio de su director Rupert Wyatt a la hora de convertir actores en monos y monos en actores.

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Esta película nos explica el pasado de las anteriores, lo hace a través de lo que acontece con el joven investigador Will Rodman ( interpretado decorosamente te por James Franco) quien busca una cura para el Alzheimer a través de un retrovirus que prueba en chimpancés.

Los simios no sólo alcanzan un nivel superior de inteligencia, sino que son capaces de transmitirlo a su descendencia, es el caso del mono César ( interpretado por el actor Andy Serkis) criado en casa y enviado a una suerte de reclusorio de primates cuando trata de defender al padre de Rodman, Charles, un anciano que encarna John Lithgow, de forma inmejorable sobretodo a la hora de representar su padecimiento de Alzheimer.

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El caso es que César, cuya imagen recuerda a mas a un Australopitecos que a un chimpancé desencadena la revolución que llevara a los suyos a encontrar la libertad en el bosque, mientras tanto el mismo virus que salva a los monos comienza a matar a los humanos.

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Imagen publicada en el sitio oficial de la película Rise of Planet of the Apes

La película termina con un final para mi abierto, que deja con ganas de una segunda entrega, no importa que en este caso el Oscar haya que dárselo a los monos.

En definitiva esta obra, además de entretenida y cargada de efectos muy bien explotados, por los cuales podemos ver el mundo a vuelo de mono, defiende valores  mas que arraigados en el alma humana, como el de la solidaridad con los sometidos que se sublevan,  por ejemplo. Del mismo modo  nos hace replantearnos nuestra actitud frente a los seres disminuidos, sea un mono o un anciano, y de igual modo sobre los precios  que pagamos por el avance y la comercialización de la ciencia.

Sólo un detalle me parece sospechoso, como para contentar al pobre “hombre blanco”, y es que el reverdecimiento del iris en los monos que gracias al medicamento su mente ha evolucionado. Acaso un guiño racista que se nos estaba escapando, en medio de una pelicula que  seguramente la ciencia cuestionaría, pero que  por lo demás, usted no se debe perder.

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